"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)
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15 de octubre de 2010

La Misa ¿cómo puedo entenderla si nadie me la explica? (cf. Hch 8,31)


La Santa Misa es la celebración dentro de la cual se lleva a cabo el sacramento de la Eucaristía. Su origen se remonta a los primeros tiempos de la Iglesia, en donde los apóstoles y los primeros discípulos se reunían el primer día de la semana, recordando la Resurrección de Cristo, para estudiar las Escrituras y compartir el pan de la Eucaristía. La Santa Misa es una reunión del Pueblo de Dios y es el medio de santificación más perfecto, pues en él conocemos a Dios y nos unimos a Jesucristo y a toda la Iglesia en su labor santificadora.


28 de agosto de 2010

Reflejos de una imagen sacerdotal en relatos de las vocaciones

Lc. 5, 1-11. Jn. 1, 33-42

El primer texto que he escogido es Lc 5,1-11. Nos refiere el evangelista cómo la muchedumbre se agolpaba sobre Jesús para oír la palabra de Dios. El se halla junto al lago, los pescadores lavan sus redes, y Jesús sube una de las dos barcas que se encontraban al borde del agua. Es la barca de Pedro. Le ruega Jesús que se aparte un poco de tierra, se sienta en la barca y desde allí enseña. La barca de Pedro se convierte en la Cátedra de Jesucristo. Después le dice a Simón que bogue mar adentro y que eche las redes para la pesca. Los pescadores tienen tras sí una noche de fracasos; parece inútil ponerse a pescar ahora, llegada ya la mañana. Pero Jesús se ha vuelto de tal modo importante a los ojos de Pedro, es tal la influencia que sobre él ejerce, que éste no duda en decir: «¡Lo haré porque tú lo dices!» La palabra de Jesús se ha hecho más real que cuando aparece empíricamente seguro y verdadero. La mañana de Galilea, cuya frescura se respira en esta narración, se hace imagen del nuevo amanecer del Evangelio después de la noche de frustraciones con que tropieza continuamente nuestro obrar, nuestra buena voluntad.

23 de agosto de 2010

¿Qué sentido tiene el celibato?

Cuando se pregunta por las razones del celibato, hay que cuidarse de dar respuestas fáciles, pero que en el fondo no responden suficientemente o adecuadamente al tema.

Históricamente sabemos que Jesucristo no lo impuso en el Nuevo Testamento, aunque lo recomendó, tanto con su propio ejemplo (fue virgen) ya sea de modo explícito como ideal de vida cristiana por el Reino de los Cielos (cf. Mt 19,12; 19,29). Lo mismo se diga de San Pablo (cf. 1 Cor 7,7 y siguientes). En la antigüedad cristiana, los Padres y los escritores eclesiásticos dan testimonio de la difusión, tanto en Occidente como en Oriente, de la práctica libre del celibato entre los sagrados ministros por su gran conveniencia con la total dedicación al servicio de Dios y de su Iglesia.

26 de febrero de 2010

Liturgia de las Horas, Oficio de Lectura (en relación a la Biblia) - Apunte 6 del Seminario Bíblico de verano por FM Parroquial 105.1


¡Qué amable es tu Morada, Señor del universo!
Mi alma se consume de deseos por los atrios del Señor;
Mi corazón y mi carne claman ansiosos por el Dios Viviente.
Hasta el gorrión encontró una casa, y la golondrina su nido
donde poner sus pichones, junto a tus altares,
Señor del universo, mi Rey y mi Dios.
¡Felices los que habitan en tu Casa y te alaban sin cesar!
Salmo 84 (83), 2-5

I.- Introducción:

La Liturgia de las Horas es la oración oficial de la Iglesia y forma parte de su Liturgia Total.
Toma su origen en la propuesta de Jesús de oración animosa incesante (cf. Lc 18,1-8) que hace eco en san Pablo: “Oren sin cesar” (I Tesalonicenses 5,17). Pero en nuestras raíces judías encontramos los antecedentes de esta oración (cf. Daniel 6,11; Deuteronomio 6,4-7; Salmo 55 (54), 17-18). En medio de la indiferencia mundial, los fieles laicos van sumándose al rezo de la oración común de la Iglesia, siendo esto un profético “signo de los tiempos”. La LH debe ser presidida por el obispo, en su ausencia el presbítero, en su ausencia el diácono o en ausencia de la jerarquía eclesial enumerada un ministro laico de la Palabra o laico responsable.

¿Qué no es la Liturgia de las Horas?

No es una oración más o forma de oración más o devocionario más entre tantos
No es oración espontánea, libre o intuitiva
No es oración individual que consiste en el trato personal con Dios
No es una Lectio Divina

¿Qué es la Liturgia de las Horas?

Es oración de la Iglesia con Cristo (OGLH 3-8)
Es oración de todo el Pueblo de Dios (OGLH 20-22)
Es oración de alabanza e intercesión (OGLH 15-17)
Es oración que santifica el tiempo (OGLH 10-11)
Es oración de fondo sálmico (OGLH 100-109)

II.- Los salmos y su cristologización

En la Liturgia de las Horas los salmos se ven reflejados como la misma plegaria de Jesús y también como oración dirigida a Cristo Mismo, es decir oración a Cristo y con Cristo. Este principio guió a los primeros cristianos en su devoción sálmica. Los Evangelios ponen en boca de Jesús los salmos en el momento de orar (cf. Salmo 22(21) en Mt 27,46; Salmo 31(30) en Lc 23,46; Salmo 69(68) en Jn 2,17). Todo el Salterio es para la Iglesia primitiva un libro profético que tiene su cumplimiento en Jesucristo. El Hallel, es decir los Salmos 113(112) a 118(117) más el Salmo 136(135) eran recitados en la Pascua por los judíos, también lo hace Jesús con sus discípulos (cf. Mr 14,26). Pero el Salterio también tiene la mirada personal, Dios es tanto un Dios personal como comunitario, San Atanasio dice: “el Salterio es como un espejo en quien canta un Salmo puede mirarse a sí mismo y observar los movimientos de su alma; lo percibe como si fuera él mismo a quien el salmo se aplica”. En definitiva rezar el Salterio significa entrar en la escuela y la contemplación del Misterio de Dios.
Los salmos no son lecturas ni preces compuestas en prosa sino composiciones poéticas de alabanza. Por lo tanto, aunque posiblemente hayan sido proferidos alguna vez en forma de lectura, sin embargo, atendiendo a su género literario, con acierto se les llama en hebreo: "Tehillim", es decir "cánticos de alabanza", y en griego: "psalmoi" es decir, "cánticos que han de ser entonados al son del salterio". En verdad, todos los salmos están dotados de cierto carácter musical que determina el modo adecuado de recitarlos. Por lo tanto, aunque los salmos se reciten sin canto, e incluso de modo individual y silencioso, convendrá que se atienda a su índole musical: ciertamente ofrecen un texto a la consideración de la mente, pero tienden sobre todo a remover los corazones de los que los recitan y de los que los escuchan, e incluso de los que tocan "el salterio y la cítara". (OGLH 103).

Algunas formas de recitar los salmos:

Antifónica entre dos coros
Responsorial
Sin interrupción o alternancia
Litánica
Dialogados

III.- Otros elementos bíblicos de la Liturgia de las Horas

Cánticos del Antiguo Testamento (Por ej. Daniel 3,57-88.56; I Crónicas 29,10-13, etc.)
Cánticos evangélicos (Benedictus Lc 1,68-79 en laudes; Magnificat Lc 1,46-75 en vísperas; Nunc dimittis Lc 2,29-32 en completas)
Cánticos del Nuevo Testamento (Por ej. Efesios 1,3-10; Colosenses 1,12-20, etc.)
Gran cantidad de antífonas
Oración del Padre Nuestro

IV.- El Oficio de Lectura

El Oficio de Lectura se orienta a ofrecer al pueblo de Dios y principalmente a quienes se han entregado al Señor con una consagración especial, una más abundante meditación de la Palabra de Dios y las mejores páginas de los autores espirituales. Pues si bien es verdad que en la misa de cada día es más rica la serie de lecturas bíblicas, no puede negarse que el tesoro de la revelación y de la tradición contenido en el Oficio de lectura es de grande provecho espiritual. Traten de buscar estas riquezas, ante todo, los sacerdotes, para que puedan transmitir a otros la palabra de Dios que ellos han recibido y convertir su doctrina en "alimento para el pueblo de Dios" (OGLH 55)
La variante dentro de la Liturgia de las Horas es que además de textos bíblicos incluye textos de los Santos Padres o escritores eclesiásticos. No está regida por un horario en particular pero está establecida para cada día, y la Iglesia recomienda que todos participen de su celebración en Navidad y en el Triduo Pascual.

Mauricio Shara

Bibliografía: Se agregan La Liturgia de las Horas; el Ordenamiento General de la Liturgia de las Horas (OGLH); Constitución Apostólica “Laudis Canticum” de Pablo VI; Constitución Sacrosanctum Concilium del Concilio Vaticano II.

12 de febrero de 2010

Los Leccionarios litúrgicos - Apunte 5 del Seminario Bíblico de verano por FM Parroquial 105.1


I.- Planteo histórico pre Concilio Vaticano II de la relación entre la Biblia y el Sacramento

Desde el siglo X, en que el sacerdocio deja de ubicarse en lo eclesial-misional y comienza a ubicarse en lo jerárquico-cultual se empieza a gestar un distanciamiento lamentable entre la Palabra de Dios y el Sacramento. Por ejemplo: el abandono del antiquísimo rito bíblico de la imposición de manos para la ordenación de los presbíteros con la aparición del Pontifical Romano Germánico entre el 950 y 962 d.C. que influenciará a la Iglesia, incluso en la teología monástica (cf. Phase XXI, 203-222 Centre Pastoral Litúrgica de Barcelona).

A partir del siglo XVI, con la reforma protestante, esta escisión entre la Biblia y la Liturgia tomará ribetes de ruptura, ya que la Reforma en los siglos posteriores se autoproclamará como la “Iglesia de la Palabra” e identificará a la Iglesia Católica como la “Iglesia de los Sacramentos”, pretendiendo apropiarse de la Biblia como patrimonio exclusivo. Por desgracia, esta mentira provocó un lastre de siglos para los católicos en detrimento del uso de la Sagrada Escritura en la Iglesia hasta llegar a los Movimientos Litúrgico y Bíblico, con sus enseñanzas que desemboca en el Concilio Vaticano II, el cual ha sido el gran instrumento del vínculo eficaz de la Sagrada Escritura y los Sacramentos para la acción litúrgica por el poder del Espíritu Santo en beneficio de los hijos de Dios.

II.- La integración de la Palabra de Dios en la Liturgia desde el Concilio Vaticano II

La doctrina bíblica del Concilio Vaticano II ha revalorizado a la Palabra de Dios en toda celebración litúrgica (cf. Sacrosanctum Concilium 24 y 35). Actualmente, esto no se limita a una cuestión teórica sino que resulta totalmente normal observar el lugar destacado, honroso y distinguido que ocupa la Sagrada Escritura en el conjunto de los ritos litúrgicos. La doctrina conciliar es precisa al señalarse el propio Concilio Vaticano bajo la escucha de la Palabra de Dios ante la Iglesia y el mundo, proclamándola con valentía (Dei Verbum 1) y establece el principio doctrinal que por medio de la Palabra de Dios proclamada en la Iglesia es Jesucristo Mismo quien actúa sobre los fieles (cf. Sacrosanctum Concilium 7). Sin confundir la Presencia real y substancial de Cristo en la Eucaristía con la Presencia real operativa de Cristo en la Sagrada Escritura el Concilio no tuvo inconvenientes de realizar un parangón entre la Escritura y el Cuerpo de Cristo (cf. Dei Verbum 21).

Además, de otras importantes referencias en los decretos Perfectae Caritatis sobre la renovación de la vida religiosa y Presbyterorum ordinis sobre el ministerio y la vida de los presbíteros. El Concilio Vaticano II deja claro que la Sagrada Escritura es fundamental en la vida de la Iglesia.

Luego del Concilio Vaticano II, el Papa Paulo VI en su constitución apostólica Missale Romanum del 3 de abril de 1969 determina que todo esto ha sido ordenado para estimular en los fieles el hambre por la Palabra de Dios y que bajo la acción del Espíritu Santo se oriente a la unidad de la Iglesia.

El Misal Romano recapitula lo formalizado en el Concilio y nos ofrece que las en lecturas bíblicas Dios habla a Su Pueblo, lo alimenta y Cristo se hace Presente por medio de Su Palabra (cf. Ordenación General del Misal Romano 33).

En resumen, en la doctrina de las dos Mesas (la de la Palabra de Dios y la de la Eucaristía) el Concilio Vaticano II ha descubierto a los ojos del mundo la revelación de unidad de la Palabra y el Sacramento en pos de la salvación humana.

III.- Los Leccionarios - el incalculable valor de la Palabra de Dios

El reconocimiento de la palabra como el cauce de la Presencia operativa de Dios es tan antiguo como la Sagrada Escritura. El relato de la creación del mundo se describe en el libro del Génesis con un mandato verbal: “dijo Dios”, así también era la Palabra de Dios la que venía sobre los profetas, la que dirigía los destinos de Israel. El Nuevo Testamento nos aporta los milagros operados por Jesucristo siempre precedidos por la palabra como expresión del poder restaurador de Dios. El propio Jesús anuncia la Palabra de Dios (cf. Mc 2,2). Escuchar y practicar el Evangelio es condición para ser discípulo de Cristo (cf. Jn 8,31). El que guarda la Palabra recibe el amor de Dios que viene a morar en él (cf. Jn 14,21). Asimismo, la Iglesia tomó como propio el anuncio de la Palabra de Dios (cf. Hch 6,4). Esta Palabra es de una eficacia precisa (cf. Hb 4,12). Es Palabra de verdad (cf. Col 1,5; Sant 1,18). Es Palabra de vida (cf. Flp 2,16). San Pedro en su discurso de Pentecostés exhorta a convertirse, bautizarse para recibir el don del Espíritu Santo (cf. Hch 2,37-41).

La Palabra de Dios fundamenta los Sacramentos y en los Sacramentos el ser humano recibe la gracia santificante, encontrando su cumplimiento profético la Palabra y los acontecimientos descritos por la Escritura.

Hoy en día, todo sacramento tiene su Leccionario propio, incluso el sacramento de la penitencia porque antes de la confesión de los pecados el confesor o el penitente deben leer alguno de los textos de la Sagrada Escritura presentados en el Ritual de los Sacramentos para que los fieles sean iluminados en el reconocimiento de sus pecados, llamados a la conversión y estimulados por la misericordia de Dios (cf. Ordo Paenitentiae. Praenotanda 17).

Mauricio Shara

Bibliografía: Se agrega el Tratado General de los Sacramentos de Ramón Arnau (BAC)

30 de diciembre de 2009

¿Cuál es el origen de los sacramentales? – Estudio Litúrgico

La palabra “sacramental” no aparece en la Biblia ni en los primitivos escritos patrísticos. Por otra parte, santo Tomás de Aquino los trata de manera tangencial. Recién en el siglo XII Pedro Lombardo llama a la catequesis y los exorcismos de catecúmenos (litúrgicos) como “sacramentales”, diferenciándolos de los “sacramentos” (cf. Patrología Latina 192, 855). Su contemporáneo, Hugo de San Victor, diferenciaría entre sacramentos “mayores” y “menores”, sin mencionar la expresión: “sacramental” elaboraría un verdadero tratado de los sacramentales en “De Sacramentis”.

Ahora bien, debemos saber que: “los sacramentales son signos sagrados, por los que, a imitación en cierto modo de los sacramentos, se significan y se obtienen por intercesión de la Iglesia unos efectos principalmente espirituales” (Canon 1166 del Código de Derecho Canónico). Para saber qué son los sacramentales remitirse al Catecismo de la Iglesia Católica 1667-1679, no es mi propósito en este estudio tratar eso sino su origen. Pero es importante la cuestión de “la imitación en cierto modo de los sacramentos” porque si para profundizar un poco vamos por Hugo de San Victor nos encontraremos con la dificultad que para él los sacramentos más que tener un comienzo institucional son la medicina a la enfermedad del pecado desde la caída de Adán, así el ser humano recibe la entrega de la Ley y finalmente la Gracia por medio de Jesucristo para ser sanado del pecado, agrupando a los sacramentos en: naturales, según la Ley y según la Gracia. Esto nos haría considerar algunos gestos del profeta Eliseo en la Biblia como “sacramentales” en lugar de considerar al profeta Eliseo como ante tipo taumatúrgico de Jesús en el Antiguo Testamento y nos llevaría a elaborar una hipótesis bíblica de “sacramentales” en la cual éstos se fueron dando en forma gradual hasta llegar a Jesucristo. Por eso, es mejor ir por Pedro Lombardo hacia atrás, el cual considera que los sacramentos tienen su origen en Jesucristo porque lo que otorgan es, precisamente, la Gracia de Cristo. En este caso, la cena pascual judía o “seder” es un antecedente de la Eucaristía pero la misma es instituida por Jesús en la Última Cena y no pueden tomarse las demás comidas rituales judías como graduaciones menores de la Cena del Señor hasta llegar a la misma.

Ahora sí, estamos en condiciones de afirmar que: si los sacramentos tienen su origen en Cristo Jesús, los sacramentales también. Aunque la Sagrada Escritura no utiliza la palabra “sacramentales” el fundamento de los mismos está en el Fundador de la Iglesia, el cual, por ejemplo: empleará el barro para sanar a un ciego (Jn 9,6); bendecirá a los niños imponiéndoles las manos (Mc 10,16); bendecirá a los apóstoles con sus manos extendidas (Lc 24,50); lavará con agua los pies de sus discípulos (Jn 13,6-12). Así Jesús recurrió a las cosas materiales para significar las espirituales. Siguiendo el ejemplo evangélico de Cristo los Santos Padres darán lugar a una serie de bendiciones de elementos materiales. Hipólito de Roma expondrá la ofrenda del aceite, del queso y de las aceitunas; la bendición episcopal de la lámpara traída por el diácono; la norma para la bendición de las frutas y la ofrenda de las flores (cf. Tradición Apostólica de Hipólito de Roma). Tertuliano hablará de la costumbre cristiana de la “señal de la cruz” (cf. “De Corona” de Tertuliano).

La práctica eclesial de bendecir, ofreciendo a Dios diferentes elementos y haciendo invocaciones que no llegan a la categoría de “sacramentos” son los “sacramentales”, que a pesar de no ser descriptos explícitamente por la Biblia ni por los Santos Padres de acuerdo a la reflexión teológica de 20 siglos hasta hoy (lo cual es comprensible). Sin embargo, encontramos en Jesucristo las huellas de su origen y en la Patrística las huellas de su captación como tales y su continuidad eclesial.

Mauricio Shara
Bibliografía: La Biblia, el Catecismo de la Iglesia Católica, el Código de Derecho Canónico y el Tratado General de los Sacramentos de Ramón Arnau (BAC).

4 de diciembre de 2009

Los nombres de la Eucaristía en el Nuevo Testamento – Estudio Litúrgico


El Catecismo de la Iglesia Católica nos da diversos nombres del Sacramento (cf. 1328-1332): Eucaristía, Banquete del Señor, Fracción del Pan, Asamblea Eucarística, Memorial de la Pasión y Resurrección del Señor, Santo Sacrificio, Santa y Divina Liturgia, Santísimo Sacramento, Comunión y Santa Misa.

El Nuevo Testamento nos presenta los siguientes nombres cuando habla del Sacramento:

1) Mesa del Señor y Cena del Señor (Copa del Señor). “Ustedes no pueden beber de la Copa del Señor y de la copa de los demonios; tampoco pueden sentarse a la Mesa del Señor y a la mesa de los demonios” (I Co 10,21); “Cuando se reúnen, lo que menos hacen es comer la Cena del Señor ” (I Co 11,20). El Apóstol san Pablo se refiere a la reunión de los cristianos en un ambiente fraterno y doméstico que comenzaba con un ágape y concluía con la Bendición del pan y el vino (Schürmann señala que en el mundo helénico se desplaza la costumbre inicial de comenzar con la bendición y fracción del pan, luego el ágape y finalmente la bendición y distribución del vino, probablemente por influencia del “symposion” griego). Estos nombres nos muestran que la Eucaristía está en conexión con la cena de las vísperas de la pasión de Jesús y anticipa el banquete del Cordero (cf. Ap 19,9).

2) Fracción del Pan. “Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. Íntimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan en sus casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón” (Hechos 2,42.46). Este nombre viene de la costumbre de los israelitas de bendecir y partir el pan (cf. Mt 14,19; 15,36; 26,26; Mc 8,6.19; Lc 24,13-35) y que la cristiandad adoptará para designar a todo el Rito Eucarístico y sus connotaciones vivenciales (unidad y solidaridad).

3) Eucaristía. (cf. Lc 22,19: I Co 11,24 eucharistia y eucharistein / Mt 26,26; Mc 14,22 eulogein). Acción de gracias, bendiciones judías (berakhot) y alabanza a Dios son el preludio a la fórmula usada por Jesucristo en la última cena pascual. Con el tiempo la expresión “eulogein” fue desplazada por “eucharistein” ya que la primera es una bendición dirigida a Dios por los dones y la segunda es una bendición sobre los dones en referencia a la Cena del Señor. Con el tiempo también se amplía el uso de la palabra “Eucaristía” para designar a todo el Rito.

4) Asamblea (ekklesia). “Y ya que les hago esta advertencia, no puedo felicitarlos por sus reuniones, que en lugar de beneficiarlos, los perjudican. Ante todo, porque he oído decir que cuando celebran sus asambleas, hay divisiones entre ustedes, y en parte lo creo.” (I Co 11,17-18). Término menos frecuente.

5) Sacrificio. Sacrificio de alabanza (cf. Hb 13,15); Sacrificio espiritual (cf. I P 2,5). Actualización del memorial del único Sacrificio de Cristo (cf. Hb 10,5.10.14 y Didaché cap. 14).

Después de la Revelación Bíblica aparecerán otros nombres como Comunión (Didaché), Sacramento del Altar (san Agustín), Santa y Divina Liturgia, Sagrados Misterios (orientales), Viático (Concilio de Nicea) y Misa (desde el siglo IV).

Mauricio Shara
Bibliografía: “Eucaristía” de Dionisio Borobio (Serie Manuales de Teología de BAC), Texto griego del Nuevo Testamento de Nestlé, Biblia Pueblo de Dios (argentina), enlaces de “miel y langostas”, apuntes de clase de Liturgia General (CEA-ISMA).

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