"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)
Mostrando entradas con la etiqueta Te Deum. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Te Deum. Mostrar todas las entradas

27 de mayo de 2013

Texto completo de la homilía de mons. Mario Poli en ocasión del Te Deum en la catedral porteña

Eclesiástico 2, 1-6; 8-9; 10-11; 16-18.
 
1 Hijo, si te decides a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba. Endereza tu corazón, sé firme, y no te inquietes en el momento de la desgracia. Únete al Señor y no te separes, para que al final de tus días seas enaltecido. Acepta de buen grado todo lo que te suceda, y sé paciente en las vicisitudes de tu humillación. Porque el oro se purifica en el fuego, y los que agradan a Dios, en el crisol de la humillación. Confía en él, y él vendrá en tu ayuda, endereza tus caminos y espera en él.  Los que temen al Señor, tengan confianza en él, y no les faltará su recompensa. Los que temen al Señor, esperen sus beneficios, el gozo duradero y la misericordia. Fíjense en las generaciones pasadas y vean: ¿Quién confió en el Señor y quedó confundido? ¿Quién perseveró en su temor y fue abandonado? ¿Quién lo invocó y no fue tenido en cuenta? Porque el Señor es misericordioso y compasivo, perdona los pecados y salva en el momento de la aflicción. Los que temen al Señor tienen el corazón bien dispuesto y se humillan delante de él: «Abandonémonos en las manos del Señor y no en las manos de los hombres, porque así como es su grandeza es también su misericordia».
 
Salmo 136
 
1 ¡Aleluya! ¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
2 ¡Den gracias al Dios de los Dioses,
porque es eterno su amor!
 
Evang. San Marcos 9, 30-37
 
Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera, porque enseñaba y les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará». Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas. Llegaron a Cafarnaúm y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: «¿De qué hablaban en el camino?». Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande. Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: «El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos». Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: «El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado».
 

24 de mayo de 2013

Solemne Te Deum en la Catedral Porteña

 
ORACIÓN POR LA PATRIA
 
Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.
Nos sentimos heridos y agobiados.
Precisamos tu alivio y fortaleza.
Queremos ser nación,
una nación cuya identidad
 sea la pasión por la verdad
y el compromiso por el bien común.
Danos la valentía de la libertad
de los hijos de Dios
para amar a todos sin excluir a nadie,
privilegiando a los pobres
y perdonando a los que nos ofenden,
aborreciendo el odio y construyendo la paz.
Concédenos la sabiduría del diálogo
y la alegría de la esperanza que no defrauda.
Tú nos convocas. Aquí estamos, Señor,
cercanos a María, que desde Luján nos dice:
¡Argentina! ¡Canta y camina!
Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.
Amén.

12 de abril de 2013

Mons. Mario Poli espera que la presidenta vuelva el Te Deum a la Catedral

Monseñor Mario Aurelio Poli, el sucesor deJorge Bergoglioal frente del arzobispado de Buenos Aires, espera que haya un cambio en la relación con el Gobierno y desea que la presidenta Cristina Kirchner vuelva a la Catedral para el tedeum del 25 de mayo próximo. "Estamos cerca de las elecciones, así que va a ser un 25 para rezar por la patria, para que nos vaya bien. Es más que probable y así lo deseo, ¡que vuelva! Es su casa. El Te Deum siempre ha sido en la Catedral. Yo creo que tenemos que rezar mucho por la patria y la oración del tedeum es eso, es rezar por la patria", dijo el designado arzobispo, que estuvo en el Vaticano y se reunió con el papa Francisco.
 

6 de julio de 2012

El 9 de julio habrá Te Deum y festejos populares en La Plata

El Día de la Independencia se celebrará con diversas actividades en la Ciudad. El lunes a las 10 se realizará la celebración del tradicional Tedéum, que presidirá el arzobispo de La Plata monseñor Héctor Aguer en la Catedral. Además, la Municipalidad organizó las siguientes actividades: ferias artesanales en Villa Elvira, un recital de El Bahiano, y en el Centro Cultural Pasaje Dardo Rocha, un festival de folclore regional. Los festejos comenzarán temprano con el izamiento de la Bandera en Plaza Moreno. Luego -como se dijo- se realizará el Te Déum en la Catedral y más tarde, a las 14, se llevará a cabo un “banderazo” en la misma plaza en el que participarán distintas escuelas de la Ciudad.

25 de mayo de 2012

24 de mayo de 2012

El gobierno populista sigue huyendo del Te Deum presidido por Bergoglio

Por sexto año consecutivo, el Gobierno eligió una diócesis del interior para celebrar el Te Deum del 25 de Mayo. Esta vez, la presidenta Cristina Kirchner encabezará mañana, a las 11, la celebración de acción de gracias por la fecha patria en San Carlos de Bariloche. El Te Deum será oficiado por el obispo local, monseñor Fernando Maletti, quien confirmó a LA NACION el interés de la Presidenta por realizarlo en la Patagonia. A la misma hora, el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, celebrará mañana el Te Deum en la catedral porteña, en cumplimiento de una tradición que se remonta al 25 de mayo de 1810. "La Presidenta quería hacer el Te Deum en la Patagonia. La región, en particular nuestra provincia, pasó un año muy difícil por las cenizas volcánicas, que afectaron a las zonas urbanas y rurales", dijo monseñor Maletti, al explicar la decisión transmitida a la Iglesia por las autoridades nacionales.

22 de mayo de 2012

Invitación al Te Deum del 25 de mayo



En un nuevo aniversario de nuestra Independencia y en el marco del Bicentenario, la celebración del 25 de mayo nos convoca a unirnos como pueblo para poner nuestra Patria en las manos  de Dios y bajo la protección de la Santísima Virgen María.

2 de enero de 2012

Extractos de la homilía de Benedicto XVI en las vísperas de la solemnidad de santa María Madre de Dios

El Santo Padre presidió el sábado a las 17.00, en la Basílica Vaticana, las primeras Vísperas de la Solemnidad de Santa María Madre de Dios. Siguieron la exposición del Santísimo Sacramento, el canto del tradicional himno ‘Te Deum’ en acción de gracias por la conclusión del año civil, y la bendición eucarística. Ofrecemos a continuación algunos fragmentos de la homilía pronunciada por Benedicto XVI en el transcurso de la celebración: 


19 de noviembre de 2011

Benedicto XVI oró por los necesitados del África

El Santo Padre visitó ayer por la tarde la catedral de Cotonou, dedicada a Nuestra Señora de la Misericordia. A su llegada en papamóvil, fue acogido por numerosos fieles. Benedicto XVI se detuvo un momento en oración ante el Santísimo Sacramento, y a continuación visitó las tumbas de dos arzobispos de Cotonou, Isidore de Sousa y Christophe Adimou. Tras el “Te Deum” y el saludo del actual arzobispo, Antoine Ganyé, el Pontífice pronunció un discurso. Recordando a los dos arzobispos fallecidos, dijo que “fueron valerosos operarios de la viña del Señor; su recuerdo está aún vivo en el corazón de los católicos y de numerosos habitantes de Benín. Estos dos prelados fueron, cada uno a su modo, pastores llenos de celo y caridad. Se dedicaron, sin ahorrar esfuerzos, al servicio del Evangelio y del Pueblo de Dios, especialmente de las personas más vulnerables. Todos vosotros sabéis que Mons. de Sousa fue amigo de la verdad, y que desempeñó un papel determinante en la transición democrática de vuestro país”.


12 de julio de 2011

Mons. Aguer: "¡Con qué facilidad en la Argentina la república se convierte en una especie de monarquía criolla, en un autoritarismo de opereta!"



Homilía de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en la misa de conmemoración de la independencia nacional (Basílica de San Ponciano, 9 de julio de 2011)
 

11 de julio de 2011

Mons. Villalba: "debemos tener memoria histórica sin distorcionarla y sin ideologizarla"


Lo hizo en su homilía durante el tradicional Tedeum del 9 de Julio en la Catedral, el que también es su último mensaje. Instó a no quedarse en el pasado, sino a "valorar el presente y construir el futuro". El arzobispo de Tucumán, Luis Villalba, instó ayer a "mejorar el sistema político y la calidad de la democracia", en su homilía durante el tradicional Tedeum del 9 de Julio en la Catedral, del que participaron el gobernador José Alperovich, su esposa, la senadora nacional kirchnerista, Beatriz Rojkés, y autoridades locales. "No se trata de quedarnos aferrados al pasado, sino de valorar el presente y construir el futuro.

26 de mayo de 2011

Card. Bergoglio: "la Patria no se cimentó en delirios de grandeza desafiantes y poco creíbles, sino en el cotidiano construir, luchar, equivocarse, y rectificarse"

(foto: AICA)


HOMILÍA  del Sr. ARZOBISPO en el TEDEUM del 25 de MAYO


En aquel tiempo, Jesús dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños.  Sí, Padre, porque así lo has querido.  Todo me ha sido dado por mi Padre, ynadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí todos los que estánafligidos y agobiados, y yo los aliviaré.  Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porquesoy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana. (Mat. 11: 25-30)

27 de mayo de 2010

Mons. Héctor Aguer en el Te Deum platense: "El sentido de pertenencia a una comunidad es algo más profundo y permanente que el entusiasmo futbolístico"


En la proclama emitida el 26 de mayo, la Primera Junta –nosotros la llamamos así aunque fue, en realidad, la segunda- exponía por orden de dignidad sus compromisos. Encabezaba la serie de propósitos una declaración que en aquellos días no podría sorprender a nadie; manifestaba un deseo eficaz, un celo activo y una contracción viva y asidua a proveer por todos los medios posibles la conservación de nuestra Religión Santa. El miércoles 30 se celebró en la catedral la instalación del nuevo gobierno. Como es sabido, todo aquello sucedió en Buenos Aires; la conmemoración religiosa tuvo lugar, por lo tanto, en la catedral de Buenos Aires, iniciándose así una costumbre oficial localizada allí que se observó invariablemente hasta hace pocos años. En aquella primera oportunidad hubo misa solemne y tedéum, con un elocuente sermón del deán del cabildo eclesiástico, Diego Estanislao de Zabaleta.
 
El tedéum ha sido siempre la oración por excelencia empleada en nuestras fiestas patrias para dar gracias a Dios. El origen de este himno litúrgico se sitúa en los primeros años del siglo V; en sus 29 versos se suceden una alabanza a la Santísima Trinidad, la glorificación de Cristo y de su obra redentora y la súplica que resulta de la compilación de varios salmos bíblicos. Es un poema compuesto para ser cantado, que atrajo la atención de compositores de todos los tiempos. Disponemos desde los varios tonos del canto llano, aptísimos para el uso litúrgico, hasta las obras más complejas y espectaculares de diversos estilos, que se escuchan muchas veces en salas de concierto. Mozart, Berlioz, Haydn, Liszt, Verdi y Bruckner –para citar sólo algunos nombres- nos legaron versiones admirables del tedéum y numerosos músicos argentinos aportaron también a esta tradición, entre ellos Pablo Beruti, Gilardo Gilardi, Enrique Albano, Elsa Calcagno, Angel Lasala, Julio Perceval y Roberto Caamaño. Nosotros también, en el centro de esta celebración de hoy, nos uniremos silenciosamente al canto de una versión breve de este himno que será proclamado en nombre de todos, en representación de la comunidad platense.
 
¿Qué sentimientos, qué actitudes deben inspirar la recordación bicentenaria de aquellos acontecimientos que iniciaron el proceso de nuestra emancipación? Una mirada dirigida hacia el pasado, abarcadora y objetiva, debe movernos a la acción de gracias; si intentamos, en cambio, avizorar el futuro, la posible cautela tiene que ceder su lugar a la esperanza. Dos disposiciones de ánimo, la gratitud y la esperanza, que se fundan en otra, raigal, imprescindible: el amor a la patria. Las tres implican la memoria del don, de los dones recibidos de Dios y de las generaciones que nos precedieron, pero también el reconocimiento de nuestras deficiencias y del estado actual de la sociedad argentina.
 
El amor a la patria se llama patriotismo. Pero esta palabra parece haber caído en desuso; un manto de sospecha la desprestigia, como si el sentimiento que designa pudiera confundirse fácilmente con el alarde excesivo e inoportuno del patriotero. Creo que se conserva todavía en el juramento de los funcionarios públicos, que se comprometen a desempeñar su cargo con lealtad y patriotismo. Amar a la patria significa para sus hijos querer efectivamente su bien y estar dispuestos al sacrificio por ella. ¡Parece demasiado para los tiempos que corren! Los antiguos romanos habían acuñado un término que pasó a la tradición cristiana: pietas, piedad; así se llama el vínculo que religa a los hijos con sus padres y con la tierra de sus padres y que se expresa en el respeto, la veneración, el amor entrañable, sentimientos y actitudes que intentan saldar una deuda estrictamente impagable. Es ésta un área espiritual problemática para nosotros, argentinos. En el carácter nacional se insinúa una tendencia a prescindir de la referencia fundante a las raíces, como si fuéramos seres sin herencia; existe, por consiguiente, una falla, una carencia del sentido de lo comunitario. El sentido de pertenencia a una comunidad es algo más profundo y permanente que el entusiasmo futbolístico por el triunfo en “el mundial” y que la ocasional masificación inducida por consignas ideológicas o el clientelismo político. La referencia a las raíces –habría que decir a la tradición, en su significado más noble y esencial– hace posible cultivar el sentimiento y afianzar la conciencia de un destino común. Entre nosotros predomina el individualismo de personas o de grupos, la conciencia y el apetito del bien propio sobre la búsqueda del bien común. De allí la fractura, la estratificación de la sociedad argentina con sus secuelas de injusticia y nuestra inclinación atávica a la discordia. Tenemos que recuperar la pietas para con nuestra patria, el amor a ella: patria, no “este país”, como dicen muchos. Sólo así podremos reconocer gozosamente su belleza, porque el amor nos abre los ojos y nos pone en contacto directo con la realidad, alimenta el coraje y si es preciso el sacrificio, o el llanto.
 
La exhortación del Apóstol: vivan en la acción de gracias (Col. 3, 15) señala el clima espiritual apropiado a esta celebración. Hoy damos gracias a Dios por los doscientos años transcurridos desde aquellos días de mayo y por el tiempo anterior, que no podemos sustraer a nuestra historia, pero sobre todo por el don que es la patria misma. El agradecimiento es siempre la respuesta que corresponde a un regalo, a una dádiva de suyo inmerecida. Otros han sido los instrumentos de la Providencia para darnos una patria, una nación independiente; nosotros asumimos esa herencia para transmitirla si es posible enriquecida a las generaciones venideras. La gratitud por el pasado no es un sentimiento indefinido, supone un discernimiento operado con objetividad y realismo. Existe un drama secular en la Argentina, que es la tergiversación de la historia, en la que se han filtrado imposturas manifiestas canonizadas como dogmas. Así ha ocurrido con sucesos clave del siglo XIX, y ocurre nuevamente con hechos más o menos recientes, observados con mirada tuerta, cuya interpretación sesgada mantiene abiertas heridas dolorosas, incentiva la división, perturba los ánimos y extravía el juicio de los jóvenes y de los desprevenidos. La memoria debe ser integral, la verdad completa; las medias verdades ofrecen mordiente al resentimiento, atizan los rencores, perpetúan el desencuentro. La aspiración ardiente a la justicia no debe servir de disfraz al odio y a la sed de venganza. Todos tenemos que empeñarnos, según la función de cada uno y los medios de que dispone, en procurar la reconciliación y en favorecer la unidad nacional; pero este es un deber sagrado para quienes presiden la comunidad: de su prudencia y magnanimidad depende, ciertamente, la armonía del todo social y la promoción de la paz interior.
 
La memoria agradecida del pasado supone que nos hacemos cargo de los males que se han acumulado en nuestra historia y que pedimos perdón por ellos para quedar efectivamente liberados y ser capaces de perdonar. Podemos asumir, en nombre de nuestros antepasados, los acentos conmovedores de la oración de Daniel: ¡A ti, Señor, la Justicia!; a nosotros, en cambio, la vergüenza reflejada en el rostro. Hemos pecado, hemos faltado, hemos hecho el mal, nos hemos rebelado y nos hemos apartado de tus mandamientos y tus preceptos (Dan. 9, 7.5). Entonces la acción de gracias se prolongará en un canto de esperanza.
 
Una actitud de esperanza es, precisamente, la que corresponde esbozar en una ocasión solemne como ésta de nuestro bicentenario. El objeto de la esperanza es un bien futuro y posible, aunque arduo de alcanzar; en nuestro caso es la plena realización de la nación argentina. La esperanza de personas de fe, de un pueblo mayoritariamente religioso como éste al cual pertenecemos, se apoya en Dios, que en los salmos bíblicos y en los escritos de los profetas aparece designado como roca, escudo, baluarte inexpugnable, peñasco que sirve al creyente de refugio. En el preámbulo de nuestra Constitución se lo invoca como fuente de toda razón y justicia y se apela a su protección. Contamos, por tanto, con la ayuda de Dios; sin embargo, la esperanza requiere nuestra fortaleza, el esfuerzo de realización, la grandeza del alma de quienes se arriesgan en el cumplimiento de un destino apetecible, de quienes asumen la vida como una vocación. La esperanza es un valor íntimamente personal, pero se verifica también en un sujeto colectivo en la medida en que éste constituye una auténtica comunidad, cohesionada por la amistad social.
 
El horizonte de la esperanza ha sido trazado en la primera página de la Torá, cuando el Creador bendijo al hombre y a la mujer, plasmados a su imagen, y les encomendó llenen la tierra y sométanla (Gén. 1, 28). Este mandato vale singularmente para el pueblo argentino, que ha recibido el don de una tierra ancha y espaciosa, que mana leche y miel (Ex. 3, 8). La meta de poblar armoniosamente con hijos de esta patria nuestro territorio casi deshabitado es, probablemente, una condición para afrontar la cuestión inaplazable de un desarrollo integral de la nación. El bien común es la perfecta realización de la Argentina, de tal modo que cada uno de los habitantes de esta tierra bendita del pan pueda procurarse todo lo que le baste para vivir y para vivir bien; la totalidad incluye los bienes superiores del espíritu, la educación, la cultura, la libertad. No debe haber hijos y entenados, sino ciudadanos que gocen de plenos derechos y cumplan los correspondientes deberes, no meros habitantes ni clientes del poder de turno. El bien precioso de un recto ordenamiento jurídico de la sociedad es una condición principal de esa totalidad de realización; debe ser tutelado por los tres poderes del Estado y no deturpado por leyes inicuas que alteren la esencia natural del matrimonio, que minen la solidez de la familia y entreguen al estrago la vida de los niños por nacer. No son éstas utopías. El bien que es objeto de la esperanza no se encuentra al alcance de la mano, pero puede ser conquistado si no cedemos a la comodidad y al facilismo; sobre todo si no se ofusca en nuestro espíritu la contemplación de la verdad, si no se apaga en nuestro corazón el amor a la vez racional y apasionado del bien.
 
¿Qué podemos aportar los cristianos al futuro de la Argentina? Ante todo, el espíritu de las bienaventuranzas del Evangelio, y un compromiso coherente y activo por el bien de nuestra patria temporal. El Santo Padre Benedicto XVI ha recordado hace pocos días que corresponde a los fieles laicos mostrar concretamente en la vida personal y familiar, en la vida social, cultural y política, que la fe permite leer de modo nuevo y profundo la realidad y transformarla. Indicaba también el Papa que es preciso buscar, en la dialéctica democrática un amplio consenso con todos aquellos que se toman a pecho la defensa de la vida y de la libertad, la custodia de la verdad y del bien de la familia, la solidaridad con los necesitados y la necesaria búsqueda del bien común. Estos bienes han de ser objetos privilegiados de nuestra esperanza y nuestra lucha; son irrenunciables, como es irrenunciable el futuro de otra Argentina posible, de una Argentina mejor.
 
Un fino poeta nuestro, José María Castiñeira de Dios, en su Discurso sobre la Patria se encaraba afectuosamente con ella y le decía:
 
¡Yo te incito a romper las cadenas ocultas
y a exorcizar el maleficio
y a soltar las maneas,
para que sean eternos los laureles de gloria
que otros hombres mejores
nos legaron un día!
 
Incitación y a la vez noble presagio, contenido legítimo, altísimo, oportuno, para nuestra esperanza y nuestra oración.
 
Mons. Héctor Aguer, arzobispo de la Plata

Fuente: AICA - Agencia Informativa Católica Argentina

25 de mayo de 2010

Card. Bergoglio en el sobrio Te Deum en la Catedral: "la que sufre es la Nación toda"


1. La celebración del Bicentenario merece un clima social y espiritual distinto al que estamos viviendo. Urge recrear las condiciones políticas e institucionales que nos permitan superar el estado de confrontación permanente que profundiza nuestros males. La situación actual requiere una actitud de grandeza de parte de todos los argentinos, en particular de sus dirigentes. También nosotros, como pastores, nos sentimos interpelados por esta situación y no nos excluimos del examen de conciencia que se debe hacer. 

2. La que sufre es la Nación toda; no es momento para victimizarnos ni para procurar ventajas sectoriales. “Aunque a veces lo perdamos de vista, la calidad de vida de las personas está fuertemente vinculada a la salud de las instituciones de la Constitución cuyo deficiente funcionamiento produce un alto costo social” . La calidad institucional es el camino más seguro para lograr la inclusión de todos en la comunidad nacional. Por eso, es necesario que los poderes del Estado, de acuerdo a su naturaleza, actúen respetando su legítima autonomía y complementándose en el servicio al bien común. 

3. Si toda la Nación sufre, más duramente sufren los pobres. Este es un reclamo del cual nos volvemos a hacer eco, porque se trata de una deuda que sigue vigente, y que se lee “en los rostros de miles de hermanos que no llegan a vivir conforme a su dignidad de hijos de Dios” . Por ello, es el momento de privilegiar la sanción de leyes que respondan a las necesidades reales de nuestro pueblo, y no de detenerse en opciones fijadas por intereses que no tienen en cuenta la naturaleza de la persona humana, de la familia y de la sociedad. 

4. La Patria es un don que hemos recibido, la Nación una tarea que nos convoca y compromete nuestro esfuerzo. Asumir esta misión con espíritu fraterno y solidario es el mejor modo de celebrar el Bicentenario de nuestra Patria. 

5. Los cristianos invitamos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a unirse a nosotros en la oración para invocar al Señor, que es la fuerza de su pueblo, y a pedirle por nuestra querida Patria argentina: “Salva a tu pueblo y bendice a tu herencia; apaciéntalos y sé su guía para siempre” . Una vez más ponemos estos deseos y esperanzas en las manos de Nuestra Madre de Luján.
 
Fuente: AICA - Agencia Informativa Católica Argentina

 

Visita el Blog desarrollo biblico

Blog desarrollo bíblico


Llamá al (011) 4956-2399 y comunicate con nosotros

"Cómo interpretar la Biblia"

Auspiciado por el Departamento de Pastoral Bíblica Junta Catequística Arquidiocesana de Buenos Aires.