Queridos Hermanos en el Episcopado y en el sacerdocio de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote,
¡La Paz este con vosotros!
La celebración del Año Sacerdotal recientemente concluido me lleva a enviaros un saludo fraterno y cordial y unas palabras de aliento en el arduo empeño pastoral que lleváis a cabo como guías del rebaño que el Señor os ha confiado en esta noble nación. Desearía tanto deciros estas cosas personalmente, y escuchar también vuestras alegrías y vuestros dolores, además de las esperanzas que nutrís y los desafíos que afrontáis cada día. Vuestros testimonios y mensajes que llegan a esta Congregación Misionera, nos consuelan y nos empujan a rezar con fervor para que el Señor os fortalezca cada vez más en la fe y os sostenga en vuestro esfuerzo para propagar la Buena Nueva de Jesucristo en ese amado país.