Es sábado a la noche. Padre e hijo cruzan la entrada que da al enorme salón repleto de máquinas tragamonedas: "Cumplió 18 -dice el padre, orgulloso, casi al borde de la emoción-. Ahora puede empezar a jugar". Sin perder la sonrisa de bienvenida, los empleados del lugar, que tienen mil y una historias como ésta, los orientan hasta las máquinas "más pagadoras" del día. En el salón, nadie puede asegurar sin mirar el reloj si afuera es de día o de noche, si hace frío o calor. Entre los más jóvenes, ése no sería el único "rito de iniciación" en el juego de apuestas. La proliferación de los bingos y los casinos proporciona un nuevo punto de encuentro para "la previa": con 20 o 30 pesos en el bolsillo, grupos de amigos o parejas apuestan antes de ir a bailar a la ilusión de multiplicar lo que llevan en la billetera.
"Lo que antes era llegar a los 18 para poder sacar el registro de conducir o ir a ver películas prohibidas, ahora es para muchos ir al casino o el bingo. De ellos, algunos vuelven solos durante la semana y así comienzan a ir cada vez más seguido. A veces, ganan 20 o 50 pesos, y con eso se mueven. Pero la mayoría de las veces pierden lo que juegan, y así empiezan", comentó la licenciada Débora Blanca, especialista en juego patológico.
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Lo que aqui se menciona no es solo, sacar el Re-
ResponderEliminargistro a los 18 anios. Hasta no hace muchos anios
los padres se sentian orgullosos por acompaniar
a sus hijos "A debutar", asi lo llamaban, hoy ya
no necesitan companiia, van solos...Lo del juego
pareceria ser de "ninios de pecho"...!
ETELVINA