"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

5 de diciembre de 2010

Casa de Pan, Casa de Carne



“Y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue” (Lc 2,7).

Según la Escritura, Jesús nació en Belén de Judea, “Casa de Pan” para los judíos, “Casa de Carne” para los árabes. Es curioso, pero la gran tendencia humana es la de marcar las diferencias en lugar de buscar aquello que nos une. En este caso, el significado de voces lingüísticas tan similares como “Bet Lehem” en hebreo y “Beit Lahem” en árabe, que si “hilamos finito” o exquisitamente, en realidad tanto en hebreo arcaico como en árabe clásico se dice igual: “Bait Lahm”, sin diferencias notorias o evidentes. La diferencia está en el significado que uno y otro pueblo le ha dado: “Casa de Pan” y “Casa de Carne”.

Pero subsiste una unidad muy fuerte: “la casa”, tan importante para todos los orientales. La casa es la familia, el linaje, la historia, la pertenencia, etc. no es meramente un lugar físico, una construcción material !qué importante es nuestra pertenencia! La casa es la familia, la parroquia (que en griego significa, curiosamente, “cerca, al lado de la casa”), la comunidad de compañeros de oración, también nuestra Iglesia Católica en su conjunto, pero también podríamos extender el significado al trabajo, a los compañeros de empresa, etc. Y también podría ser esta una buena reflexión ecuménica, enriqueciendo y no renunciando, con la riqueza de cada Iglesia o comunidad eclesial cristiana.

La Sagrada Escritura dice que Dios tiene una Casa, de la que Moisés fue servidor y Jesús es el Jefe Patriarcal (el Sheij): “Porque toda casa tiene su constructor, y el constructor de todas las cosas es Dios. Moisés fue fiel en toda su casa en calidad de servidor, para dar testimonio de lo que debía anunciarse, mientras que Cristo fue fiel en calidad de Hijo, como Jefe de la Casa de Dios. Y esa casa somos nosotros con tal que conservemos la seguridad y la esperanza de la que nos gloriamos” (Hebreos 3,4-6). !y esa casa somos nosotros! Es interesante que S.S. Benedicto XVI, un doctor de nuestra Iglesia además de Papa, muchas veces llama a Jesús: el “Nuevo Moisés”, por ejemplo en su libro “Jesús de Nazaret”. El, Jesús, el “Nuevo Moisés”, el Cristo, el Salvador !Él es nuestra "prenda en la fe" y nuestra esperanza!

Ahora bien, volvamos “al pan y la carne”, o sea, lo diferente, lo variado, lo diverso. Más aun, cuando hablamos de israelitas y árabes, hijos del mismo padre Abraham, según la tradición de los musulmanes, ciertamente aceptada, al menos popularmente, por judíos y cristianos (me refiero a Abraham). Entonces, ¿dónde podemos hallar el punto de encuentro?; ¿será, precisamente, en Abraham por esta cuestión patriarcal?; Pero ¿cómo relacionamos a Abraham con “el pan y la carne”?. La Biblia dice que Jesús es el Pan de Vida, el Pan bajado del Cielo (cf. Jn 6,29-51) así se lo plantea Él mismo a los judíos. Entonces, esa catequesis eucarística dada por Cristo da un giro violento, terrible, pero inevitable, los judíos se plantean ¿cómo este hombre puede darnos a comer su carne? !del pan a la carne! “ Yo Soy el Pan Vivo bajado del Cielo. El que coma de este Pan vivirá eternamente, y el Pan que Yo daré es mi Carne para la Vida del Mundo” (Jn 6,51) !Aleluya!

Jesucristo es la Respuesta al gran problema del ser humano, a sus interrogantes y disputas, a sus dudas y planteamientos, pero no es la solución fácil sino la difícil, de hecho, muchos de sus propios discípulos dijeron: “¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?” (Jn 6,60). Pero Él es la descendencia de Abraham (cf. Galatas 3,16), el Pan y la Carne de la cual nos alimentamos espiritualmente en los Sagrados Misterios, y nosotros somos la Casa de Dios. !Jesús nació, según la Escritura, en Belén de Judea, “Casa de Pan…Casa de Carne”! (PCD).

Basado en “Casa de Pan, Casa de Carne”, Prensa Cristiana Digital 9 (2009) 5

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