"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

8 de octubre de 2010

2° Reyes 5,10.14-17. Ciclo Primera Lectura por FM Parroquial 105.1


II Reyes 5,10.14-17:

10 Eliseo mandó un mensajero para que le dijera: «Ve a bañarte siete veces en el Jordán; tu carne se restablecerá y quedarás limpio». 14 Entonces bajó y se sumergió siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del hombre de Dios; así su carne se volvió como la de un muchacho joven y quedó limpio. 15 Luego volvió con toda su comitiva adonde estaba el hombre de Dios. Al llegar, se presentó delante de él y le dijo: «Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra, a no ser en Israel. Acepta, te lo ruego, un presente de tu servidor». 16 Pero Eliseo replicó: «Por la vida del Señor, a quien sirvo, no aceptaré nada». Naamán le insistió para que aceptara, pero él se negó. 17 Naamán dijo entonces: «De acuerdo; pero permite al menos que le den a tu servidor un poco de esta tierra, la carga de dos mulas, porque tu servidor no ofrecerá holocaustos ni sacrificios a otros dioses, fuera del Señor.
                     
    
   
I Introducción (1)

Primero nos ponemos en contexto. Este relato forma parte del corpus bíblico llamado “gran historia deuteronomista” que incluye los siguientes libros:

Josué
Jueces
I Samuel
II Samuel
I Reyes
II Reyes

Estos libros, en realidad, formaban parte de un solo rollo muy largo que la Biblia en hebreo denomina: “los profetas anteriores”. El título hebreo nos permite entrever que no se trata de libros “históricos” o “historiográficos” sino de predicaciones proféticas. Estas predicaciones se escribieron desde la perspectiva del Reino del Sur o Judá en un arco que tiene como prólogo el libro del Deuteronomio y que une la dinastía de David con el reinado de Josías. Por eso, los reyes del Norte son siempre juzgados como malvados; en cambio, los del Sur tienen distintas calificaciones en comparación con David, el fundador de la dinastía. Luego de este contexto amplio podemos trazar otro más pequeño en relación a nuestro estudio:

El Ciclo de Elías (I Reyes cap. 17 - II Reyes cap. 1)
El Ciclo de Eliseo (II Reyes caps. 2-13)

Estos ciclos fueron incluidos por los hagiógrafos deuteronomistas como recuerdos de hechos portentosos, si los comparamos con la literatura cristiana están en la misma línea narrativa de “Las florecillas de san Francisco de Asís”, por citar un ejemplo.

II A propósito de la cuestión histórica

Aunque no se trata, como ya vimos, de un relato histórico, sin embargo, como en toda la Biblia podemos discernir una raigambre histórica que de existir debemos ubicar y respetar a la hora de interpretar un pasaje determinado. Por ello, es necesario ubicar la perícopa litúrgica (II R 5,10.14-17) en su contexto bíblico más amplio, II R 5,1-19:

1 Naamán, general del ejército del rey de Aram, era un hombre prestigioso y altamente estimado por su señor, porque gracias a él, el Señor había dado la victoria a Aram. Pero este hombre, guerrero valeroso, padecía de una enfermedad en la piel. 2 En una de sus incursiones, los arameos se habían llevado cautiva del país de Israel a una niña, que fue puesta al servicio de la mujer de Naamán. 3 Ella dijo entonces a su patrona: «¡Ojalá mi señor se presentara ante el profeta que está en Samaría! Seguramente, él lo libraría de su enfermedad». 4 Naamán fue y le contó a su señor: «La niña del país de Israel ha dicho esto y esto». 5 El rey de Aram respondió: «Está bien, ve, y yo enviaré una carta al rey de Israel». Naamán partió llevando consigo diez talentos de plata, seis mil siclos de oro y diez trajes de gala, 6 y presentó al rey de Israel la carta que decía: «Al mismo tiempo que te llega esta carta, te envío a Naamán, mi servidor, para que lo libres de su enfermedad». 7 Apenas el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras y dijo: «¿Acaso yo soy Dios, capaz de hacer morir y vivir, para que este me mande librar a un hombre de su enfermedad? Fíjense bien y verán que él está buscando un pretexto contra mí». 8 Cuando Eliseo, el hombre de Dios, oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras, mandó a decir al rey: «¿Por qué has rasgado tus vestiduras? Que él venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel». 9 Naamán llegó entonces con sus caballos y su carruaje, y se detuvo a la puerta de la casa de Eliseo. 10 Eliseo mandó un mensajero para que le dijera: «Ve a bañarte siete veces en el Jordán; tu carne se restablecerá y quedarás limpio». 11 Pero Naamán, muy irritado, se fue diciendo: «Yo me había imaginado que saldría él personalmente, se pondría de pie e invocaría el nombre del Señor, su Dios; luego pasaría su mano sobre la parte afectada y curaría al enfermo de la piel. 12 ¿Acaso los ríos de Damasco, el Abaná y el Parpar, no valen más que todas las aguas de Israel? ¿No podía yo bañarme en ellos y quedar limpio?». Y dando media vuelta, se fue muy enojado. 13 Pero sus servidores se acercaron para decirle: «Padre, si el profeta te hubiera mandado una cosa extraordinaria ¿no la habrías dicho? ¡Cuánto más si él te dice simplemente: Báñate y quedarás limpio!». 14 Entonces bajó y se sumergió siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del hombre de Dios; así su carne se volvió como la de un muchacho joven y quedó limpio. 15 Luego volvió con toda su comitiva adonde estaba el hombre de Dios. Al llegar, se presentó delante de él y le dijo: «Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra, a no ser en Israel. Acepta, te lo ruego, un presente de tu servidor». 16 Pero Eliseo replicó: «Por la vida del Señor, a quien sirvo, no aceptaré nada». Naamán le insistió para que aceptara, pero él se negó. 17 Naamán dijo entonces: «De acuerdo; pero permite al menos que le den a tu servidor un poco de esta tierra, la carga de dos mulas, porque tu servidor no ofrecerá holocaustos ni sacrificios a otros dioses, fuera del Señor. 18 Y que el Señor perdone a tu servidor este gesto: cuando mi señor entra en el templo de Rimón para postrarse y se apoya en mi brazo, yo también me postro en el templo de Rimón. Así, cuando yo me postre en el templo de Rimón, que el Señor se digne perdonar este gesto a tu servidor». 19 Eliseo le respondió: «Vete en paz».

Los primeros 5 versículos nos ubican en un determinado contexto histórico-social y geográfico, el tiempo de la guerra entre el Reino del Norte y Aram (Siria), más concretamente los arameos del Reino de Damasco, de hecho los ríos Abana y Pharphar son ríos de Damasco (v.12). Esta parte de la Siria actual perteneció al Reino unificado de Israel pero que, según el relato bíblico, se perdió debido a las deudas contraídas por Salomón (I Reyes 9,10-14). (2)

Esto nos permite ubicar el texto de II R 5 en el contexto de la intervención aramea a favor del Reino del Sur en guerra fratricida contra el Reino del Norte en el siglo X y IX, más concretamente entre el 922 y el 883 a.C.). Muchas más precisiones históricas nos llevaría un esfuerzo demasiado grande para este estudio, ya que la tendencia actual de los estudiosos nos lleva a pensar que originalmente los relatos del sitio de Samaría, quizá duplicado (3) no contenía los nombres de los reyes que aparecen hoy en la Biblia (4). No nos olvidemos que estos relatos son, esencialmente, predicaciones proféticas y no documentos historiográficos.

Decíamos, de los primeros 5 versículos, allí se encuentra sintéticamente un bosquejo sociológico del Oriente Próximo (5) que nos presenta al rey, al hombre importante (Naamán), su esposa y su criada israelita, además el instrumento de su sanación es Eliseo, un extranjero como su criada. Eliseo es un profeta relacionado con reyes y personas eminentes, a excepción de la viuda (6).

Era importante hacer este pequeño análisis previo ya que nos previene de caer en el extremismo de supersimbolizar toda la Biblia (fundamentalismo fanático) y también de desimbolizar toda la Biblia (racionalismo cientificista). Curiosamente, ambos extremismos nos llevan a deshistorizar toda la Palabra de Dios. No es lo mismo actualizar que deshistorizar. Actualizar responsablemente no implica deshistorizar sino, al contrario, movernos en el sano equilibrio de fe y razón. Es tan importante el símbolo poético como el conocimiento demostrativo.      

III El mensaje de la Liturgia

La Lectura del domingo nos invita a reflexionar acerca de una curación sin espectacularidades que conduce a Naamán a la fe al Dios único y universal. Esto une a la sanidad con la conversión.

La lepra era una enfermedad infecciosa terminal en la Antigüedad ya que no disponían del remedio para curarse. La lepra afecta tanto a la piel como a las membranas mucosas, nervios y vísceras. De esta enfermedad se hablaba ya en el Antiguo Egipto y fue llevada a Europa por las legiones romanas. Cabe acotar, que los antiguos no disponían de los conocimientos actuales y clasificaban las enfermedades de manera mucho menos específica. Por eso, dentro de lo que denominaban lepra entraban otras enfermedades de la piel. De hecho, actualmente, existen muchas lesiones de piel que pueden ser confundidas con la lepra en una observación superficial. A partir de su descubrimiento en el siglo XIX d.C. por Hansen se la relaciona con la pobreza, la promiscuidad, la falta de servicios sanitarios y la desnutrición. Hoy, hay todavía aproximadamente 15 millones de leprosos en el mundo.

Algunas analogías (7), actualización y aplicación:

Es muy importante la participación de la criada, podemos compararla con cualquiera de nosotros testificando a Jesucristo, el verdadero sanador y el verdadero Salvador. Asimismo, en la imagen de Naamán sumergido en el Jordán siete veces podemos compararla con la plenitud recibida en el Bautismo, cabe recordar que el sacramento de la confesión bien vivido nos devuelve a la plenitud de la Presencia de Cristo en nuestras vidas.

Naamán tuvo que sumergir en el Jordán su soberbia y pensamientos fantásticos. La sanidad divina no llegó con una banda de músicos tocando de fondo, ni con una suerte de “Eliseo mago” al estilo de Simón y su falso “ministerio el gran Poder de Dios” (8) o de mago Elimas falso profeta y taumaturgo presentándose como heredero espiritual directo de Jesucristo: Barjesús (9).  “Porque necesitan ver y apreciar las cosas de una manera sensible los que sólo tienen disposiciones vulgares” (10).

La invitación es a recibir la Eucaristía con la disposición de unir conversión y sanidad. No necesitamos más que el encuentro con Jesucristo en la Santa Misa, los Sacramentos, la Palabra de Dios y nuestro prójimo (cercano y lejano), Él es el verdadero sanador y el verdadero Salvador. ¡Gloria a Dios!       

Mauricio Shara

(1) Mons. Luis H. Rivas, Los libros y la historia de la Biblia, San Benito, Buenos Aires, 4ta. Reimpresión 2005, pp. 66 y 81
(2) aunque II Crónicas 8,1-6 lo relata al revés (Imperio Salomónico) es más una exaltación legendaria del rey que un suceso con raíz histórica.
(3) cf. I Reyes 20,1-34 y II Reyes 6, 24-33  
(4) cf. Alberto Soggin, Nueva Historia de Israel, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2ª edición 1999, p. 271
(5) cf. Mark O’Brien y Anthony Campbell en Comentario Bíblico Internacional, Verbo Divino, Navarra, 4ta. Edición 2005, p. 579
(6) II Reyes 4,1-7
(7) analogía es algo que es en parte similar y en parte diferente
(8) cf. Hechos 8,10
(9) Bar Jeshua quiere decir en arameo “hijo de Jesús”; cf. Hechos 13,6
(10) Catena Aurea ES 3918; comentario de san Juan Crisóstomo acerca de la curación de Naamán.     

Se puede escuchar el programa en directo haciendo click aquí 
La enseñanza comienza aproximadamente a las 23 hs. de Argentina

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