"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

14 de abril de 2012

Mons. Pedro Daniel Martínez: "Los Apóstoles no inventaron, desde su subjetividad, la Resurrección de Cristo. Tanto es verdad, que ni si quiera se dieron cuenta que el Maestro resucitado caminaba con ellos. Sólo lo reconocieron cuando Él mismo se les reveló, iluminando sus inteligencias para que entendieran las Sagradas Escrituras"


 Mensaje de monseñor Pedro Daniel Martínez, obispo de San Luis, para la Pascua 2012
 

El Misterio de la Resurrección de Cristo lo profesamos en el credo, pues después de su crucifixión, muerte y sepultura, confesamos que “resucitó al tercer día”. Misterio que nos llena de paz y de alegría.
 
¡Aleluya! ¡Cristo ha Resucitado! De este modo los cristianos expresamos la realidad que celebramos. Por ello exultamos de alegría, como así lo hemos cantado y rezado en el Himno de la Vigilia Pascual, madre de todas las vigilias. El exultet (se llama exultet por la palabra latina del inicio del Pregón Pascual que, en español, se lee como exulte / alégrese) hace referencia a como una ‘explosión’ de alegría por la grandeza del Misterio, por las consecuencias de la Resurrección en toda la creación.
 
Así se ha cantado el Sábado Santo: “Exulten por fin los coros de los ángeles, exulten las jerarquías del cielo, y por la victoria de rey tan poderoso que las trompetas anuncien la salvación. / Alégrese también la tierra, inundada de tanta claridad, y que, radiante con el fulgor del Rey eterno, se sienta libre de la tiniebla que cubría el orbe entero. / Alégrese también nuestra madre la Iglesia, revestida de luz tan brillante [...] ¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros! ¡Qué incomparable ternura y caridad! Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo! / Necesario fue el pecado de Adán, que ha sido borrado por la muerte de Cristo. ¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor! / ¡Qué noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino!”.
 
Motivo de alegría y de paz, pues “si Cristo no resucitó vana es nuestra fe” (1 Cor 15, 14). Ahora bien Cristo resucitó por lo tanto nuestra fe es segura. Y nosotros resucitaremos con El. La fe cristiana es fe en vida y en la vida eterna, porque Jesucristo está vivo. Lo creemos como nuestro Redentor. “Creemos en la resurrección de los muertos y en la vida eterna”. Por ello, creer en la Resurrección es caminar teniendo como horizonte la vida y no la muerte. Favorecer la vida desde su inicio. Defenderla, darle sentido, ya que en Cristo tenemos la Vida verdadera: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en Mí, aunque muera, vivirá” (Jn 11,25).
 
La Pascua, solicita de nosotros un acto de fe. No es algo subjetivo, como inventado por nosotros. Los Apóstoles no inventaron, desde su subjetividad, la Resurrección de Cristo. Tanto es verdad, que ni si quiera se dieron cuenta que el Maestro resucitado caminaba con ellos. Sólo lo reconocieron cuando Él mismo se les reveló, iluminando sus inteligencias para que entendieran las Sagradas Escrituras. Lo mismo les había sucedido a las piadosas mujeres al escuchar de voz del ángel “¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado” (Lc 24). Que Él mismo nos revele el alcance profundo de los Misterios pascuales.
 
El misterio de la Resurrección de Cristo debe transformar nuestra vida. Como no es vana nuestra fe, entonces todo adquiere un sentido nuevo. Tenemos que vivir en este mundo, como realmente vivimos: de paso, no tenemos una morada permanente aquí en ésta vida. Si estamos de paso, vivamos como quien camina hacia la patria definitiva. “Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra (Col 3, 1-2). Vivimos sí en este mundo, pero no según los criterios de este mundo. Mi trabajo, las ocupaciones del hogar, los estudios, mis relaciones con los amigos, mi oración, etc... ¿las realizo como quien está de paso y buscando los bienes del cielo?
 
Por otra parte, el misterio de la Resurrección de Cristo también significa un compromiso de testimonio cristiano. Los Apóstoles una vez fortalecidos por la Resurrección del Señor predicaron con su ejemplo (hasta dar la vida) la nueva vida cristiana entre los suyos. Así nosotros, viviendo este Misterio demos testimonio cristiano, de padres, hermanos, amigos, compañeros.
 
Que la Solemnidad de la Resurrección de Cristo nos fortalezca, consuele y llene de alegría en nuestro cotidiano testimonio cristianos. Que Dios me los bendiga a todos.
 
¡Feliz Pascua!
 
Mons. Pedro Daniel Martínez, obispo de San Luis
 
Fuente: AICA

1 comentario:

  1. Anónimo5.10.12

    Estimados, el de la foto es Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas...

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