"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

28 de enero de 2012

Interpretación no sólo intelectual sino también vital - Seminario Bíblico 2011-2012 por FM Parroquial 105.1 en el programa "Palabra viva"



Seminario Bíblico 2011-2012 “Cómo interpretar la Biblia” por FM Parroquial 105.1
Subsidio 30: Verbum Domini VI – Exégesis y Hermenéutica – Interpretación no sólo intelectual sino también vital
 
Empezamos leyendo Verbum Domini 38:
 
Para restablecer la articulación entre los diferentes sentidos escriturísticos es decisivo comprender el paso de la letra al espíritu. No se trata de un paso automático y espontáneo; se necesita más bien trascender la letra: «De hecho, la Palabra de Dios nunca está presente en la simple literalidad del texto. Para alcanzarla hace falta trascender y un proceso de comprensión que se deja guiar por el movimiento interior del conjunto y por ello debe convertirse también en un proceso vital». Descubrimos así la razón por la que un proceso de interpretación auténtico no es sólo intelectual sino también vital, que reclama una total implicación en la vida eclesial, en cuanto vida «según el Espíritu» (Ga 5,16). De ese modo resultan más claros los criterios expuestos en el número 12 de la Constitución dogmática Dei Verbum: este trascender no puede hacerse en un solo fragmento literario, sino en relación con la Escritura en su totalidad. En efecto, la Palabra hacia la que estamos llamados a trascender es única. Ese proceso tiene un aspecto íntimamente dramático, puesto que en el trascender, el paso que tiene lugar por la fuerza del Espíritu está inevitablemente relacionado con la libertad de cada uno. San Pablo vivió plenamente en su propia existencia este paso. Con la frase: «la pura letra mata y, en cambio, el Espíritu da vida» (2 Co 3,6), ha expresado de modo radical lo que significa trascender la letra y su comprensión a partir de la totalidad. San Pablo descubre que «el Espíritu liberador tiene un nombre y que la libertad tiene por tanto una medida interior: “El Señor es el Espíritu, y donde hay el Espíritu del Señor hay libertad” (2 Co 3,17). El Espíritu liberador no es simplemente la propia idea, la visión personal de quien interpreta. El Espíritu es Cristo, y Cristo es el Señor que nos indica el camino». Sabemos también que este paso fue para san Agustín dramático y al mismo tiempo liberador; él, gracias a ese trascender propio de la interpretación tipológica que aprendió de san Ambrosio, según la cual todo el Antiguo Testamento es un camino hacia Jesucristo, creyó en las Escrituras, que se le presentaban en un primer momento tan diferentes entre sí y, a veces, llenas de vulgaridades. Para san Agustín, el trascender la letra le ha hecho creíble la letra misma y le ha permitido encontrar finalmente la respuesta a las profundas inquietudes de su espíritu, sediento de verdad.
 
En primer lugar, debemos señalar que este paso “de la letra al espíritu” no es automático, ni espontáneo. No se trata de decir “esto es del Espíritu Santo” para que lo sea, no es cuestión de improvisación. Para trascender la letra es necesario conocer la letra, ya que no se puede trascender lo que no se conoce.
 
Ejemplos de errores comunes:
 
I Samuel cap. 17, el combate entre David y Goliat. Luego tomó en la mano su bastón, eligió en el torrente cinco piedras bien lisas, las puso en su bolsa de pastor, en la mochila, y con la honda en la mano avanzó hacia el filisteo (I Samuel 17,40). Suele decirse en algunas interpretaciones de tipo gnósticas que las cinco piedras representan “la gracia” ¿De dónde surge esto? De tomar como base la gematría de la palabra “jaris” en griego (725 = 5 al cuadrado x 29) pero este es un análisis muy forzado basado en una palabra griega que representa algo mucho más grande que un mero análisis de tipo aritmético. Luego se sostiene que hay 5 grandes misterios: Padre, Hijo. Espíritu, Creación y Redención para explicar lo mismo, pero es absurdo ya que p.e. no habría Redención sin Encarnación, con sólo eso se tira abajo esta temeraria teoría ideológica del “5” como "gracia".
 
La verdad es que para los judíos fue importante el número “5” luego de la proclamación del Pentateuco (5 rollos) y más aún después de la destrucción del Templo de Jerusalén (70 d.C.) cuando tuvieron que desarrollar teologías que se basaran en la Escritura y no en los sacrificios. Pero, por no comprender esto se trazan interpretaciones donde se dice que las cinco piedras de David son p.e. la oración, la alabanza, la lectura de la Biblia interpretada por un “instrumento”, el diezmo y el ayuno (y podrían decirse tantas cosas como sumen “5”). Este tipo de interpretaciones son meramente ideológicas, sólo existen en la mente de quienes las creen porque nada tienen que ver con la letra, por lo tanto no han trascendido la letra sino que la han imaginado de una forma conveniente y emocionante. Un “instrumento” que interpreta los textos de esta manera muestra una desafinación espantosa con respecto a la revelación de la Palabra de Dios. En tal caso, se puede hablar de aplicaciones del texto bíblico a una determinada realidad, pero esto se debe aclarar ciertísimamente para no caer en interpretaciones absurdas.
 
Lo mismo se suele escuchar con respecto al Tabernáculo de Moisés y sus medidas en hebreo, los ingredientes del santo aceite de la unción (mirra, canela, cálamo, casia y aceite de oliva)  y cuántas cosas sumen “5” en alguno de sus términos en la Sagrada Escritura. Debemos tratar con amor a la Biblia para no caer en interpretaciones puramente intramentales (que sólo existen en la mente).  Además, David, en el texto de I Samuel cap. 17, arrojó sólo una piedra contra Goliat. Entonces, ¿por qué semejante desparpajo interpretativo? Hasta un niño descubre la exageración.
 
Interpretación no sólo intelectual sino también vital
 
Es importante señalar en primer lugar que una cosa no prescinde de la otra y en segundo lugar que más bien se trata de lo racional en lugar de lo intelectual. La racionalidad consiste en lógicos procesos mediatos de comprensión, en cambio la intectualidad es intuitiva y consiste en comprender de manera inmediata. Por tanto, la fe se relaciona directamente con la intelectualidad e indirectamente con la racionalidad. Lo que ocurre es que popularmente confundimos una cosa con la otra, pero nuestra inteligencia está asistida por el Espíritu Santo lo que nos permite, a los cristianos, comprender la verdad a través de los siglos en cada época, y explicarla racionalmente para aquellos que no la comprenden de manera intuitiva.
 
Precisamente, esta facultad de explicar la fe en términos comprensibles para los actuales auditorios del mundo es racional y se debe hacer porque nuestra fe puede ser explicada racionalmente, lo cual le da confiabilidad. Como cuando depositamos dinero en un determinado banco y no en otro porque tenemos confianza en él o como cuando invertimos en un determinado negocio, o alquilamos o compramos una determinada casa, o un auto, porque tenemos confianza, etc.
 
Luego, una interpretación vital no quiere decir “existencialista”. Lamentablemente desde el Renacimiento a esta parte la Iglesia ha estado “llegando tarde” en cuanto a la filosofía y el pensamiento en el mundo. Ya no son los tiempos de los santos padres o de la Iglesia medieval en que los grandes cerebros cristianos leían correctamente la realidad y así estaban adelantados con respecto a su tiempo y por tanto podían influir en él (p.e. los padres capadocios, san Agustín, san Jerónimo, san Buenaventura, santo Tomás de Aquino, etc.)
 
Recordemos que el todavía muy aplaudido filósofo protestante Paul Ricoeur p.e. “encarceló” a la metáfora en su libro “La metáfora viva”, vive la metáfora pero presa a la sombra de Kant, o mejor dicho sobrevive encerrada en una serie de condicionamientos racionalistas kantianos superados por el posmodernismo, hoy se advierte que no es necesario “encarcelar” a la metáfora porque no se busca tanto la perfección racional como la complejidad vital (que no es sinónimo de complicación).
 
Por otro lado, se advierte en muchas predicaciones cristianas una marcadísima y decadente tendencia hideggeriana destinada a responder a los existencismos humanos a como dé lugar y olvidando la esencia del ser cristiano. Así, tenemos muchos “hijos de Kant” en lo académico y racional; y muchos “hijos de Hidegger” en lo emocional y pastoral. Cuando hoy el mundo está volviendo a hablar de esencia y se requieren filosofías y teologías que den respuesta a esta nueva realidad, es una oportunidad para integrar esencia y existencia, una gran oportunidad para evangelizar en unidad y diversidad.
 
La vida en el Espíritu no es complicada pero es compleja
 
Es imprescindible el alimento de la Palabra de Dios para una interpretación vital de la Biblia. El ejemplo de los santos padres que hicieron una hermenéutica tipológica del Antiguo Testamento basada en Jesucristo. De esto hemos hablado con anterioridad (ver http://mielylangostas.blogspot.com/2011/05/la-interpretacion-tipologica-de-la.html). San Agustín se convirtió a la vida de Cristo, al camino de Cristo, escuchando las predicaciones tipológicas de san Ambrosio, luego él mismo desarrollaría esta lectura bíblica en sus escritos y homilías.
 
Nuestro Dios no es sólo Padre, ni sólo Hijo, ni sólo Espíritu Santo sino Uno y Trino, así como nosotros somos carne y espíritu, así como Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Entonces, la sana vida en el Espíritu requiere la integración de lo material y lo espiritual, no seamos alienados, divididos, ni “carnales” ni “espiritualistas” (que al final son también carnales, divididos), seamos humanos, seamos cristianos, seamos hijos de Dios (no hijos de Kant ni de Hidegger) porque Dios no se divide a sí mismo sino que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.
 
Con respecto a la hermenéutica: ni “metáfora presa”, ni “metáfora existencial”, sino interpretación que armonice lo intelectual con lo racional y con lo vital, en la diversidad, porque la Biblia también es un libro complejo: Antiguo y Nuevo Testamento, escrito por diversos autores humanos en diversos contextos vitales, con diversas tradiciones e inspirados por el Espíritu Santo.
 
Una hermenéutica viva respeta la unidad y diversidad del Cuerpo de Cristo: Pero Dios ha dispuesto a cada uno de los miembros en el cuerpo, según un plan establecido. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? De hecho, hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo. El ojo no puede decir a la mano: «No te necesito», ni la cabeza, a los pies: «No tengo necesidad de ustedes». (I Corintios 12, 18-21)
 
¡Vivamos la hermosa complejidad de la creación de Dios con la simplicidad de aprender a contemplarla tal y como es!
 
Mauricio Shara
 
Bibliografía:
Texto bíblico de la versión “El libro del Pueblo de Dios”
Benedicto XVI, Exhortación Apostólica postsinodal “Verbum Domini”, 38
Gabriel Mestre, “Para leer Verbum Domini”, Buenos Aires, Ágape, 2011, 43
Paul Ricoeur, “La metáfora viva”, 8vo. Estudio, La metáfora y la “analogía entis”: la ontoteología, La Aurora, Buenos Aires, 1977, 407-421

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