"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

14 de mayo de 2011

La interpretación tipológica de la Biblia - Seminario Bíblico 2011 por FM Parroquial 105.1


Seminario Bíblico 2011 -  “Cómo interpretar la Biblia”  
Subsidio 10 de estudio – La interpretación tipológica de la Biblia


I Introducción

 Despójense de la vieja levadura, para ser una nueva masa, ya que ustedes mismos son como el pan sin levadura. Porque Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado. Celebremos, entonces, nuestra Pascua, no con la vieja levadura de la malicia y la perversidad, sino con los panes sin levadura de la pureza y la verdad. (I Corintios 5, 7-8).

La interpretación tipológica se ha practicado en la Iglesia desde los tiempos del Nuevo Testamento hasta hoy, p.e. vemos como san Pablo habla de Cristo en sentido de un cordero pascual inmolado, esta analogía da una interpretación tipológica de la muerte redentora de Jesucristo.

La tipología se relaciona íntimamente con la analogía, es decir “aquello que es en parte similar y en parte diferente”. Así, Jesucristo es presentado por san Pablo como un “cordero pascual” según la intención redentora de Dios.

El NT relaciona a Jesucristo con figuras y acontecimientos del AT porque el Evangelio lleva al cumplimiento aquello que estaba prometido en los eventos y figuras de la Antigua Alianza. Asimismo, los Padres de la Iglesia leyeron tipológicamente el AT con fines diversos: como apologética, para edificación de los fieles o para iluminar una verdad de la fe. La tipología es una manera analógica de pensar y hablar, que fija la atención en más de una realidad, p.e. Adán y Jesucristo, y descubre una conexión entre una realidad y la otra. El riquísimo lenguaje metafórico y simbólico de la Biblia establece comparaciones entre personas, p.e. Moisés y Jesús; entre instituciones, p.e. Israel y la Iglesia; leyes, p.e. “no poner bozal a un buey que trabaja” y sostener económicamente a los ministros instituidos legítimamente por la Iglesia; edificios, p.e. el tabernáculo terreno y el santuario celestial; rituales, p.e. la Pascua antigua y la nueva; la obra sacerdotal de Cristo iluminada viendo como trasfondo el sistema sacrificial y expiatorio de Israel. 

En la interpretación tipológica de la Escritura el significado de las figuras veterotestamentarias se debe considerar tanto en su significación histórica como en su prefiguración futura. Entonces, la figura en el AT es el “tipo” y el cumplimiento en el NT es el “antitipo”. Así, la tipología hoy se funda en la exégesis histórica y ve una semejanza entre dos o más realidades establecidas. Por lo tanto, la interpretación tipológica no es ahistórica ni tampoco acrítica, por lo cual se aleja de lo meramente “alegórico”. Así, no se debe buscar una correspondencia de detalles entre el “tipo” del AT y el “antitipo” del NT, porque la realidad trasciende la promesa y va más allá de sus prefiguraciones en el Primer Testamento. De hecho, los autores sagrados del AT no escribieron el Evangelio de Jesucristo, su visión era oscura.

Esta salvación ha sido objeto de la búsqueda y la investigación de los profetas que vaticinan sobre la gracia destinada a ustedes. Ellos trataban de descubrir el tiempo y las circunstancias señaladas por el Espíritu de Cristo, que estaba presente en ellos y anunciaba anticipadamente los sufrimientos reservados a Cristo y la gloria que les seguiría. A ellos les fue revelado que estaban al servicio de un mensaje destinado no a sí mismos, sino a ustedes. Y ahora ustedes han recibido el anuncio de ese mensaje por obra de quienes, bajo la acción del Espíritu Santo enviado desde el cielo, les transmitieron la Buena Noticia que los ángeles ansían contemplar. (I Pedro 1,10-12)

II Algunas consideraciones actuales acerca del uso tipológico de la Biblia

Hoy existe un renovado interés por la tipología bíblica, pero nuevamente hay que decir que no debemos confundir a la “tipología” con la “alegoría”, porque son diferentes. Para la alegoría no necesitamos prestar tanta atención ya que alcanza con tener una pródiga imaginación y una interpretación alegórica puede volverse decididamente tendenciosa.

Veamos algunas confusiones de “tipología” con “alegoría”:

1)    La comparación de los detalles en la vestidura del sumo sacerdote Aarón con Jesucristo. Es cierto que Jesucristo es el Sumo Sacerdote, tema principal de la Carta a los Hebreos, pero el Sacerdocio de Cristo es un sacerdocio nuevo y distinto al antiguo, en un orden diferente. De hecho, el antiguo estaba basado en un sistema litúrgico de separaciones: El pueblo de Israel es separado de los demás pueblos, la tribu de Leví es separada del resto de las tribus, la sub-tribu de Aarón es separada del resto de los levitas, los sacerdotes son separados de la sub tribu de Aarón, el sumo sacerdote es separado del resto de los sacerdotes, el sumo sacerdote es el único que entra al Lugar Santísimo del Templo. Al contrario de esto, Jesús derribó todas las separaciones para que todos los seres humanos puedan tener el mismo acceso a la santidad de Dios. Solidaridad y donación en contra de la  separación. Por eso, comparar cada detalle de la vestimenta de Aarón: mitra, pectoral, calzones, etc. (bastante delineada por la tradición sacerdotal a partir del siglo VI a.C.) con una determinada característica de Cristo no es “tipología” sino “alegoría”, esto se hace de manera subjetiva y podrían trazarse infinitas relaciones poéticas de acuerdo a quien las hace. Pero tipológicamente debemos buscar las continuidades redentoras verdaderas entre el sacerdocio del AT y el sacerdocio cristiano, p.e. mediación, santidad, sacrificio.

2)    La comparación de cada detalle de la Tienda de Moisés (también delineada por la tradición sacerdotal a partir del siglo VI a.C. evocando el Templo que fuera destruido por Nabucodonosor) con Jesucristo. La comparación global es verdadera por su significado redentor (cf. Juan 1,14), pero la comparación de cada detalle: los materiales, las medidas, los colores, muebles, etc. Muchas veces se vuelve fantasiosa. Lo cual no es tipología ni “sentido pleno” sino una alegoría hecha de una manera ahistórica-acrítica, y vale lo expuesto anteriormente. En realidad, se deberían buscar las simbologías propiamente israelitas primero, en el contexto histórico del autor sagrado, y luego su continuidad cristiana. Jesucristo no es una tienda para que entren unos pocos sino la Morada de Dios para que entren los muchos, Jesús derribó el velo de separación con su muerte sacrificial y redentora. Esto está presentado con excelencia en Hebreos cap. 9. Y vale observar que el autor de Hebreos utiliza con excelencia la tipología en su tiempo. 

La atención que hemos querido prestar hasta ahora al tema de la hermenéutica bíblica en sus diferentes aspectos nos permite abordar la cuestión, surgida más de una vez en los debates del Sínodo, de la interpretación fundamentalista de la Sagrada Escritura. Sobre este argumento, la Pontificia Comisión Bíblica, en el documento La interpretación de la Biblia en la Iglesia, ha formulado directrices importantes. En este contexto, quisiera llamar la atención particularmente sobre aquellas lecturas que no respetan el texto sagrado en su verdadera naturaleza, promoviendo interpretaciones subjetivas y arbitrarias. En efecto, el «literalismo» propugnado por la lectura fundamentalista, representa en realidad una traición, tanto del sentido literal como espiritual, abriendo el camino a instrumentalizaciones de diversa índole, como, por ejemplo, la difusión de interpretaciones antieclesiales de las mismas Escrituras. El aspecto problemático de esta lectura es que, «rechazando tener en cuenta el carácter histórico de la revelación bíblica, se vuelve incapaz de aceptar plenamente la verdad de la Encarnación misma. El fundamentalismo rehúye la estrecha relación de lo divino y de lo humano en las relaciones con Dios... Por esta razón, tiende a tratar el texto bíblico como si hubiera sido dictado palabra por palabra por el Espíritu, y no llega a reconocer que la Palabra de Dios ha sido formulada en un lenguaje y en una fraseología condicionadas por una u otra época determinada». El cristianismo, por el contrario, percibe en las palabras, la Palabra, el Logos mismo, que extiende su misterio a través de dicha multiplicidad y de la realidad de una historia humana. La verdadera respuesta a una lectura fundamentalista es la «lectura creyente de la Sagrada Escritura». Esta lectura, «practicada desde la antigüedad en la Tradición de la Iglesia, busca la verdad que salva para la vida de todo fiel y para la Iglesia. Esta lectura reconoce el valor histórico de la tradición bíblica. Y es justamente por este valor de testimonio histórico por lo que quiere redescubrir el significado vivo de las Sagradas Escrituras destinadas también a la vida del creyente de hoy», sin ignorar por tanto, la mediación humana del texto inspirado y sus géneros literarios. (Verbum Domini, 44)

Otro tema del que se hacen malas interpretaciones es “el diezmo”. Que en realidad, lo tomó Israel de los templos paganos y lo puso en práctica después del exilio en Babilonia para reconstruir el Templo y porque Israel ya no tenía monarquía sino que los sacerdotes serían los gobernantes y por tanto quienes recibirían los tributos del pueblo. Por tanto, el diezmo está ligado íntimamente a la institucionalidad del Pueblo de Dios y no a negocios privados. Cuando el profeta Malaquías hace un llamado a pagar el diezmo no lo hace a favor de su propio bolsillo sino para el Templo, la Institución (Mal 3, 6-12).

III Conclusión

Resumiendo, no debemos confundir a la tipología con la alegoría porque la exégesis histórico-crítica precede y sirve de base  para la interpretación tipológica, que no puede caer en la subjetividad arbitraria. El alegorismo, por el contrario busca un sentido “oculto” tras el significado obvio de los textos pero este sentido no siempre está relacionado con el marco histórico de los textos y puede prestarse a malas interpretaciones en donde se confunde lo subjetivo con lo objetivo, tal como hemos visto.

Pero podemos encontrar relaciones tipológicas en la Sagrada Escritura. Melquisedec p.e. es tomado como figura (tipo) a la cual sale al encuentro Cristo (antitipo, Hb 7,3), aunque no sabemos mucho de él,  más que el parecido con el mito de Sargón de Acad, pero sabemos que los hagiógrafos del Antiguo Testamento lo tomaron (Sal 110, de entronización real) para explicar teológicamente el sacerdocio real. Ahí está la relación de continuidad histórica en una interpretación tipológica dada por el autor de Hebreos. Por eso, podemos decir con gozo que Jesucristo es Rey y Sumo Sacerdote, y por medio de Él recibimos el sacerdocio-real los cristianos, superior al sacerdocio real anterior, un sacerdocio-real de solidaridad, de donación. 

¡Gloria a Jesucristo!

Preparado por Mauricio Shara en base a la siguiente bibliografía:

Texto bíblico de la traducción argentina “El Libro del Pueblo de Dios”
Armando J. Levoratti, “Cómo interpretar la Biblia”, Comentario Bíblico Internacional católico y ecuménico para el siglo XXI, Navarra, Verbo Divino, 2005, 24-25
Benedicto XVI, Exhortación Apostólica Postsinodal “Verbum Domini”, 44  

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