"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

29 de abril de 2012

Mons. Domingo Castagna: "Hoy es el día para orar 'para que el Dueño de la mies envíe operarios a su mies' y para que los jóvenes cristianos examinen su relación con Cristo"


 Juan 10,11-18
 


Conocimiento y amor. Sólo el amor es conocimiento verdadero. ¡Qué claro es el concepto sobre el amor que Jesús emplea para identificarse e identificar a su Padre!: “Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí - como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre - y doy mi vida por mis ovejas” (Juan 10, 14-15). Es la lección más importante. Sin amor no hay conocimiento. Dar la vida es la expresión del amor perfecto y, por lo tanto, del conocimiento perfecto. La ausencia de amor es el vacío y la muerte. Acabamos de celebrar la crucifixión como expresión perfecta e indecible del amor que Dios nos tiene. Da su vida para que el hombre recupere la suya, perdida por causa del pecado. El amor de Dios, expresado en el don que hace Cristo de su vida, constituye la victoria sobre el pecado y la muerte y, en consecuencia, la recuperación - para todos los hombres - de la condición filial que Adán había perdido. Su amor-conocimiento de las ovejas es una participación del amor-conocimiento que el Padre y él se profesan en la intimidad del Misterio Trinitario. Cuando, gracias a su amor, nos amamos mutuamente, participamos de esa Vida divina.
 
Cristo vence el pecado, el antiamor. No es fácil, para una sociedad dominada por un ancestral egoísmo, superar la falaz práctica de un amor que no es amor. “Dios es amor” y, por lo tanto, es Quien puede enseñarnos qué es el amor. Lo hace por Jesucristo crucificado. No existe otra forma humana que lo exprese mejor que la dádiva de la propia vida en la cruz injusta y humillante. Así lo entendió San Pablo, lo vivió heroicamente y lo enseñó. Pero ¿cómo lograrlo? Mediante la gracia que dispensa el mismo Señor, desde el Misterio que acabamos de celebrar: la Resurrección. Jesucristo, ya resucitado, constituye la gracia que hace posible lo humanamente imposible. Vencer el pecado - el antiamor - es obra exclusiva del Dios encarnado. Con Él se encarna y revela el amor de Dios, que constituye la Vida a la que estamos llamados. La gracia de Cristo glorioso, otorgada como posibilidad real, a todos los hombres que consientan en su acción, es el Espíritu Santo. El saludo de la paz, característica de los diversos encuentros con el Señor resucitado, es don del Espíritu - “reciban el Espíritu Santo” - que eliminará el pecado y causará la santidad. Por ello el mundo, nuestro mundo, necesita a Jesucristo vivo que le ofrezca la paz y el Espíritu Santo.
 
El amor, para que sea verdadero. El Buen Pastor, dando su vida por las ovejas, revela al mundo las dimensiones del amor de Dios. Es un amor exento de todo egoísmo. Será, por lo mismo, paradigma y causante del amor, tal como debe darse entre las personas, para que sea verdadero. Aunque requiera de un esfuerzo ascético generoso, no se logrará sin el auxilio necesario de la gracia de Cristo. De allí la urgencia de una vigorosa acción evangelizadora por parte de la Iglesia. Aunque la gracia del Señor actúa aprovechando los mínimos gestos de buena voluntad de las diversas personas, movimientos e instituciones, el anuncio explícito de la salvación mantiene su necesidad. Los Apóstoles, en los primeros tiempos, y hoy la Iglesia que heredó su misión, experimentan la urgencia de transmitir la Buena Nueva para la conversión.
 
Que envíe operarios a su mies. Hoy es el día para orar “para que el Dueño de la mies envíe operarios a su mies” y para que los jóvenes cristianos examinen su relación con Cristo. Aunque la vocación de todos los bautizados es la santidad, será el momento de indagar, en esa relación personal, cuál sea el camino a la santidad indicado por Dios para cada uno. Sería deshonesto, para un joven cristiano, descartar apriorísticamente el ministerio sacerdotal y la vida consagrada, aunque, después de un responsable examen, deba descartarlo. Entre las posibilidades de hacer la historia “en la fe”, puede el Señor inspirar al creyente la opción por el sacerdocio ministerial o la vida consagrada. El anuncio evangélico y su celebración, como Misterio de salvación, necesita el concurso del ministro sagrado que haga presente a Jesucristo en su acción como cabeza del Pueblo de Dios o Cuerpo Místico.
 
Fuente:

2 comentarios:

  1. Anónimo29.4.12

    En el "Dia del Buen Pastor", entiendo que la mayo
    ria de los miembros de la Iglesia, hemos elevado
    nuestras suplicas para que el Senior suscite mas
    Vocaciones. "La mies es mucha y los operarios po-
    cos". Necesitamos sacerdotes santos.!!!

    ETELVINA

    ResponderEliminar
  2. Anónimo29.4.12

    Por favor...... santos!!!!!!!

    ResponderEliminar

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