"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

16 de noviembre de 2011

El salmo 110 enseñado por Benedicto XVI

Durante la audiencia general de hoy, celebrada en la plaza de San Pedro con más de 11.000 participantes, el Santo Padre impartió la última catequesis del ciclo que ha dedicado a los Salmos. Se centró en el 110, “un salmo que citó Jesús mismo, y que los autores del Nuevo Testamento retoman y leen ampliamente refiriéndolo al Mesías. (…) Es un salmo muy amado en la Iglesia antigua y por los creyentes de todos los tiempos”, que celebra “al Mesías victorioso, glorificado a la derecha de Dios”.



  El salmo comienza con una solemne declaración: “Oráculo del Señor a mi señor: ‘Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos como estrado de tus pies’”. Benedicto XVI explicó que “es Cristo el Señor entronizado, el Hijo del hombre sentado a la derecha de Dios (…) Es Él el verdadero rey que con la resurrección ha entrado en la gloria (…), superior a los ángeles, sentado en los cielos por encima de toda potencia y potestad, y con todos los adversarios a sus pies hasta que derrote definitivamente a la última enemiga, la muerte”.

Entre el rey celebrado en el salmo y Dios existe una relación inseparable: “Los dos gobiernan juntos, hasta el punto de que el salmista afirma que Dios mismo entrega el cetro al soberano, diciéndole que domine a sus adversarios. (…) El ejercicio del poder es un encargo que el rey recibe directamente del Señor, una responsabilidad que debe vivir en la dependencia y en la obediencia, siendo así signo de la presencia potente y providente de Dios en medio del pueblo. El dominio sobre los enemigos, la gloria y la victoria son dones recibidos que hacen del soberano un mediador del triunfo divino sobre el mal”.

En el versículo 4 aparece la dimensión sacerdotal ligada a la realeza: “El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: ‘Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec’”. Este sacerdote, rey de Salem, bendijo a Abraham y ofreció pan y vino después de la victoriosa campaña militar dirigida por el patriarca para salvar a Lot de los enemigos que lo habían capturado. El rey del salmo “será sacerdote para siempre, mediador de la presencia divina en medio de su pueblo, de la bendición que viene de Dios”. Jesucristo “es el verdadero y definitivo sacerdote que cumple los rasgos sacerdotales de Melquisedec haciéndolos perfectos”. En efecto, en el pan y el vino de la Eucaristía, Cristo “se ofrece a sí mismo y, tras vencer la muerte, trae vida a todos los creyentes”.

Los versículos finales muestran “la visión del soberano triunfante que, apoyado en el Señor y habiendo recibido de Él poder y gloria, se opone a los enemigos derrotando a los adversarios y juzgando a las naciones” en una victoria definitiva.

La tradición de la Iglesia considera este salmo como uno de los textos mesiánicos más significativos: “El rey cantado por el salmista es Cristo, el Mesías que instaura el reino de Dios y vence las potencias del mundo, es el Verbo generado por el Padre antes de toda criatura; el Hijo encarnado, muerto y resucitado que ascendió a los cielos, el sacerdote eterno que, en el misterio del pan y del vino, perdona los pecados y reconcilia con Dios, el rey que levanta la cabeza triunfando sobre la muerte con su resurrección”.

El Salmo nos invita a “contemplar a Cristo para comprender el sentido de la verdadera realeza, que hay que vivir en el servicio y la entrega, en un camino de obediencia y de amor llevado ‘hasta el fin’. Rezando este salmo, pidamos al Señor que podamos avanzar nosotros también por sus caminos siguiendo a Cristo, el rey Mesías, dispuestos a subir con Él al monte de la cruz para llegar con Él a la gloria y contemplarlo sentado a la derecha del Padre, rey victorioso y sacerdote misericordioso que perdona y salva a todos los hombres”.

Por último, el Papa señaló que, en la serie de catequesis dedicadas a los salmos, ha elegido algunos “que reflejan las diversas situaciones de la vida y estados de ánimo que podemos sentir respecto a Dios. Quisiera renovar la invitación a rezar más con los salmos, quizá usando la Liturgia de las Horas, Laudes por la mañana, Vísperas por la tarde y Completas antes de dormir. Nuestra relación con Dios se enriquecerá en el camino diario hacia Él”.

Laurel académico para el Papa

Tras la catequesis y durante los saludos en diversas lenguas, Benedicto XVI se dirigió en polaco al Colegio de Rectores Magníficos de los Ateneos de Wroclaw, Opole, Częstochowa y Zielona Góra, para agradecerles el “Laurel” académico con que lo han galardonado. “En este título veo el aprecio por el compromiso de la Iglesia en el campo educativo y cultural.”, finalizó el Santo Padre.


Fuente: VIS - Vatican Information Service

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