"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

18 de agosto de 2013

Card. Norberto Rivera Carrera: "En una sociedad libre, plural y respetuosa a nadie, por ningún motivo, le podemos imponer nuestras convicciones, pero nadie tampoco tiene derecho a ignorar y mucho menos a burlarse de nuestros principios"

 
18 de Agosto de 2013, XX Domingo del Tiempo Ordinario.
Emmo. Sr. Cardenal Dn. Norberto Rivera Carrera
Ciudad de México          


El evangelio de hoy es uno de esos evangelios incómodos y difíciles de explicar, pero es tan buena noticia, como los evangelios cómodos y fáciles de explicar.  ¿De qué fuego habla Jesús?  ¿No la paz sino la guerra y la división es lo que Jesús vino a traer?
 

En primer lugar, Jesús se proclama un incendiario: “He venido a traer fuego a la tierra ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!”. El fuego que Cristo vino a inyectar en nuestra historia son los valores del Reino de Dios.  A esto dedicó toda su vida, para evidenciarlos hizo signos y prodigios, por el Reino de Dios se desvivió y murió.  Toda la vida pública de Jesús fue ir incendiando los corazones de sus discípulos, y de todos los que lo quisieran oír, con las nuevas realidades que anunciaban que el Reino de Dios ya estaba presente en su persona y en los nuevos valores que anunciaba en contraposición a los valores vigentes hasta ese momento.
 
Alguien podría pensar que ese fuego ya está en nosotros desde el día de nuestro bautismo, y en parte es cierto, porque desde ese día pertenecemos a Cristo, hemos recibido el Espíritu Santo, se nos regalaron las virtudes de la fe, la esperanza y el amor. Pero todos sabemos que el fuego se puede apagar o al menos cubrir de cenizas y dejar de calentar e iluminar. Esta puede ser la situación de muchos de nosotros en donde el fuego del Espíritu y del amor no alimenta un verdadero testimonio de los valores evangélicos, no ilumina una vida de esperanza, no produce la verdadera alegría de vivir. Son muchos los creyentes que en el momento menos esperado de su vida se dan cuenta que su vida cristiana no es como debiera ser;  de pronto se sienten vacíos, con una vida árida y sin sentido, invadidos de una tristeza y de una gran desesperanza y sienten inmensos deseos de cambiar, de recibir un fuego que los transforme y les de vida verdadera.
 
Hoy se están dando en nuestra Iglesia muchos signos de cambio y de renovación profunda: un primer signo, negativo, es la desilusión que va invadiendo a muchos, especialmente jóvenes, en relación a las ideologías, a las estructuras, a los sistemas, a los proyectos, que en un determinado momento de la historia fascinaron y entusiasmaron y que en estos últimos años han mostrado su fracaso y su incapacidad de transformar al hombre y a la sociedad.  Un segundo signo, positivo, es el nacimiento dentro de la Iglesia, de experiencias y movimientos, que no se entretienen en cosas secundarias, sino que van directamente a aquello que llena el corazón del hombre: hacen una profunda experiencia viva de Jesucristo, a través de su palabra, de su Espíritu, de los carismas que Él les quiera regalar, de la comunión fraterna. Con cuánto entusiasmo vimos que miles y miles de jóvenes se reunieron en torno al Papa Francisco en la JMJ, para testimoniar la renovación que se está dando en todos los rincones de la tierra.
 
Ser cristiano es mantener el fuego lanzado por Jesús hace dos mil años.  Ser cristiano es ser necesariamente positivo y vivir de la esperanza.  Ser cristiano es atizar el mandamiento del amor a todos los niveles dentro y fuera de la Iglesia.  En una época de libertad de opinión y de acción, en una sociedad plural, los cristianos no podemos y no debemos avergonzarnos de proclamar los valores del Reino de Dios como fórmula que hace posible la convivencia humana, el progreso y la dignificación de la sociedad.  En una sociedad libre, plural y respetuosa a nadie, por ningún motivo, le podemos imponer nuestras convicciones, pero nadie tampoco tiene derecho a ignorar y mucho menos a burlarse de nuestros principios.
 
Son muchos los signos de descomposición que estamos presenciando, pero ya vemos que algo nuevo va brotando, hay signos de esperanza que nos anuncian que ese fuego anunciado por Cristo está llegando y que la reconstrucción es posible ya que son muchos los que desean ese “corazón nuevo”, ese “espíritu nuevo”, que puede cambiar todas las cosas. Pero todo esto no se realiza por la llegada de una fecha histórica, ni se da por arte de magia, ni mucho menos por la conjunción de unos astros, esto es posible sólo por decisiones libres y comprometidas de hombres y mujeres con sensibilidad histórica y con la valentía necesaria para sacrificar su vida en favor de los demás. Este es el fuego que Cristo vino a traer y está ansiando que este fuego arda.
 
Y ya que estamos hablando de decisiones libres y comprometidas no podemos silenciar lo que Jesús añade: “¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra?  De ningún modo.  No he venido a traer la paz, sino la división". Estas palabras nos recuerdan que así como hubo división en torno a Jesús cuando Él predicaba los nuevos valores del Reino de Dios, así tiene que seguir habiendo división cada vez que su palabra es proclamada con “espíritu y poder”. Y la razón es muy sencilla ya que delante de Jesús no podemos permanecer neutrales, o estamos con Él o estamos contra Él, o recogemos o desparramamos, no se puede servir a dos señores, el que es de la verdad escucha su voz y el que no lo es no escucha su voz.
 
Sólo Jesús tiene derecho a decirnos: “Quien no está conmigo, está contra mí”.  Sólo Él es el único valor absoluto digno de ser amado hasta la adhesión incondicional, aunque comporte el rechazo de los familiares y amigos, que no quieren aceptarlo.  Hay que anteponer la persona de Jesús, y los valores que vino a proclamar, a los seres más queridos según la carne, la raza, la nación, el partido, la clase social.  “Quien quiere venir en pos de mí y no pospone a sus padres, hijos, hermanos, esposo, no es digno de mí”.
 
Al acercarnos a la Eucaristía pidamos al Señor que podamos experimentar ese fuego que vino a traer, que hagamos una experiencia profunda de su amor y de su poder, que anhelemos esa renovación total que necesitamos.  Al comulgar a Cristo pidámosle que realmente Él sea el valor supremo en nuestra vida, que todo lo demás lo consideremos secundario si lo tenemos a Él.
 
 
Fuente: SIAME
 
 

7 comentarios:

  1. Mauricio Shara19.8.13

    Me pareció excelente la homilía del cardenal Rivera Carrera y muy apropiada para este tiempo de la Iglesia. Tiene un gran equilibrio, que creo con modestia debería ser una meta a alcanzar por la Iglesia luego de tanta espectacularidad y confusión como se ha tenido que soportar este año.
    La homilía tiene excelentes definiciones pastorales como p.e. que sólo Jesús debe ser seguido con adhesión incondicional, sólo Él, cualquier otro seguimiento de esa naturaleza, entiendo, cae en la idolatría hacia liderazgos de tipo políticos populistas.
    Asimismo, ubica correctamente el movimiento que intenta hacer el papa Francisco: renovación en lugar de la desmesurada expresión "revolución", que daría cuenta de un total y absoluto cambio de estructuras eclesiales, algo que no sucedió jamás en la Iglesia, ni siquiera con el Concilio Vaticano II y que no va a acontecer sino hasta la parusía o retorno de Jesucristo.
    Es saludable ubicar la dinámica del papa Francisco en una renovación, sin tanta publicidad de posibles reformas de aquí y de allá, las cuales, sinceramente, luego de tanta publicidad mediática sería mejor no producir ninguna.
    Cuando se habla de reforma se habla de "llevar a Dios hacia la gente", esto es coherente con aquello de "salir al encuentro del otro como un alter Cristo"; cuando se habla de renovación se habla de "llevar a la gente hacia Dios" y la reforma de estructuras no es determinante, siempre puede haber renovación sin necesitar reformas.
    Enfin, una gran homilía pastoral con sutileza profética y "el que tenga oídos para oír que oiga". Los grandes tesoros en la vida acontecen sobre aguas mansas ¡Alabado sea el Señor Jesucristo!

    Mauricio Shara

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  2. Anónimo19.8.13

    Realmente esta muy muy buena la homilía del Pastor

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  3. Anónimo20.8.13

    Muy buena la homilia de Mons.Rivera, al igual Mauricio
    tu reflexion.! Me abstengo de comentar, no quiero ser
    "barrilete de plomo", que si no soplan buenos vientos,
    se hace muy dificil de remontar.!

    Etelvina

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    Respuestas
    1. Mauricio Shara20.8.13

      La reforma que hará el papa Francisco es sobre aspectos organizativos internos de la Ciudad del Vaticano, es decir, de carácter puramente administrativo.
      La reforma que realizó Benedicto XVI respecto a subir las penalidades de los curas pedófilos tiene un alcance mucho mayor a nivel real de la Iglesia.
      Esa es la verdad, quizá pesa mucho cuando se la compara con lo que se promociona a los mass media, la diferencia es abismal. Eso es todo respecto a reformas, se trata de estructuras menores de carácter puramente administrativo.

      Dios te siga bendiciendo

      Mauricio Shara

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  4. Christian B.20.8.13

    Che y el lobby gay y la revolución??? y el hombre que va a cambiar la Iglesia??? y para que la va a cambiar??? y las reformas con la fuerza de la popularidad??? ja ja como se ha vendido humo!!! como nunca en la historia de la Iglesia. Lo que resulta insoportable es la injusta demonización de Benedicto, las terribles estupideces que se han dicho. Mucha tele y poca Biblia!!!

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  5. Anónimo21.8.13

    En la Historia Papal, nunca hubo un Latinoamericano y
    menos aun, un Jesuita, de ahi que todo en Francisco es
    novedad y al igual que el de Asis, mostro su pobreza y
    humildad de siempre.! Lo que es mas importante: Por al
    guna razon lo eligio el Senior y eso es indiscuti-
    ble...!!!
    Etelvina

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  6. Matías22.8.13

    Ojalá que después de este quemazo hallan otros Papas latinoamericanos, de Argentina podemos postular a Tinelli y al Tula ¿Qué tul?

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