"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

3 de septiembre de 2012

La falsa religiosidad es cuando se comercializa con la Palabra de Dios y todo se reduce al poder y la prosperidad

La Ley de Dios que encuentra su cumplimento pleno en el amor fue el tema de la meditación de Benedicto XVI antes de rezar el ángelus con los fieles reunidos en el patio del palacio apostólico de Castel Gandolfo. Comentando el Evangelio de san Marcos en que los fariseos reprochan a los discípulos de Jesús que no siguen los preceptos higiénicos de la ley mosaica, el Papa explicó que la Ley de Dios “es su Palabra que guía al ser humano por el camino de la vida, lo aleja de la esclavitud del egoísmo y lo lleva a la 'tierra' de la libertad y de la vida verdaderas. Por eso, en la Biblia, la Ley no se considera ni un peso ni una limitación opresora, sino el don más precioso del Señor (...) de su voluntad de estar cerca de su pueblo, de ser su aliado”.


Pero el problema, cuando el pueblo se establece en la tierra prometida y es depositario de la ley, es la tentación de “poner su seguridad y su alegría en algo que ya no es la Palabra del Señor: son los bienes, el poder, otras 'divinidades' que en realidad son vanas, son ídolos. Sí, sigue habiendo una Ley de Dios, pero ya no es lo más importante, ya no es la regla de vida; se convierte más bien en un envoltorio, en una cobertura, mientras que la vida sigue otros caminos, otras reglas, otros intereses, a menudo egoístas. De ese modo, la religión pierde su sentido auténtico (...) y se reduce a la práctica de usanzas secundarias, que satisfacen, más bien, el deseo humano de 'cumplir' con Dios”.
 

“Este- advirtió el Santo Padre- es un grave peligro de todas las religiones, y con el que Jesús se encontró en su tiempo, pero que puede ocurrir, desgraciadamente, también en la cristiandad. Por eso, las palabras que Jesús dirige en el Evangelio de hoy a los escribas y fariseos también deben hacer que reflexionemos nosotros. Jesús hace suyas las palabras del profeta Isaías: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, enseñando doctrinas que son preceptos de los hombres. (...) También el apóstol Santiago, en su carta, alerta del peligro de una religiosidad falsa”.
 
Después de rezar el Ángelus, Benedicto XVI, saludó entre otros a un grupo de peregrinos del Líbano y manifestó su alegría de visitar dentro de poco ese país.
 
Fuente: VIS - Vatican Information Service

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