"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

20 de agosto de 2012

Mons. Frassia: "Que el Señor purifique nuestra fe para reconocerlo a Él como verdadero Pan, como verdadera Agua"



Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: "Yo soy el pan bajado del cielo". Y decían: "¿Acaso este no es Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo puede decir ahora: 'Yo he bajado del cielo'?" Jesús tomó la palabra y les dijo: "No murmuren entre ustedes. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre. Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna. Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo". (San Juan 6,41-51)



Es interesante destacar aquí, la presencia de Dios siempre al lado de su pueblo en el camino del desierto. Es decir que todos nosotros estamos caminando por un desierto. Un desierto que a veces es ausencia de personas; o un desierto que está colmado de personas pero en el que, también a veces, el ser humano se encuentra solo y con angustia.


Hay un “pan venido del cielo” y el agua que “surgirá de la roca”; dos signos vitales, el pan y el agua que necesitamos para vivir. No son sólo signos indicativos sino también eficaces; signos del Señor que nos va comunicando el alimento vital para nuestra propia vida.

La fe en Jesús es en primer plano, siempre; pero esta fe tiene que estar unida a los sacramentos de la fe. Son inseparables, tanto la fe como los sacramentos. Vemos que la fe exige el sacramento y el sacramento es incomprensible sin la fuerza de la fe. De allí la importancia que nuestro trato, nuestra relación y vinculación con Cristo y con la Iglesia sea a través del ámbito de la fe.


El Santo Padre, Benedicto XVI, nos invita para el próximo mes de octubre a iniciar el Año de la Fe para revitalizarla, fortalecerla, purificarla, tomando más conciencia de aquello que nos une y saber que Jesucristo no es una ideología sino que es la Persona Viva, en Él y en la Iglesia. Porque en la Iglesia encontramos a Cristo y Cristo se nos da a través de la Iglesia. Es el único que sacia plenamente y “quien lo come no muere y tiene la vida.”

Pidamos al Señor que fortalezca nuestra fe; que sepamos que ha sido querido por le Padre y el Padre envió a Cristo, y por medio de Cristo nosotros conocemos al Padre. Por eso “el que cree tiene vida eterna”, el que cree en Jesús es lo máximo, es el mejor conocimiento. Así como nosotros tenemos que conocer muchísimas cosas, sería incompleto si no nos abrimos a la trascendencia. Y la fe es un verdadero conocimiento que no puede faltar al hombre, porque si le falta fe, es incompleto; si le falta fe, está mutilado; si le falta fe, no tiene plenitud de vida.

Que el Señor purifique nuestra fe para reconocerlo a Él como verdadero Pan, como verdadera Agua; dos signos vitales que el ser humano no puede prescindir de ellos porque se muere. Como no podemos prescindir de Cristo porque si prescindimos de Cristo, también nosotros nos agotamos y nos morimos. Porque quien lo come no muere.

Les dejo mi bendición en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén


Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús

Fuente: AICA

1 comentario:

  1. Anónimo22.8.12

    Alimentemonos con el Pan del cielo y el Agua de
    vida, repara nuestras fuerzas y nos da felici-
    dad...!!!

    ETELVINA

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