"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

11 de agosto de 2012

Comentario al artículo del filósofo José Pablo Feinmann “Entre san Agustín y santo Tomás” II parte



Comentario al artículo del filósofo José Pablo Feinmann “Entre san Agustín y santo Tomás” II parte

Es conveniente leer la primera parte de este humilde comentario que incluye el artículo del filósofo argentino:

Sin duda que la "reflexión" propuesta por Feinmann en "Página 12" es parte del llamado pensiero debole o pensamiento débil posmoderno (Gianni Vattimo), pero además carece de una ética de la interpretación auténtica ya que hace de las Confesiones de san Agustín una "queja" cuando en realidad son una "alabanza", con lo cual hay una enorme subestimación de la inteligencia y conocimiento de los lectores del diario.  

Para esta humilde respuesta se ha preferido no incurrir en elementos, que sin duda para muchos cristianos podrían resultan más cómodos, a partir de lo trascendente para el humano o inmanente de Dios ("Dios piensa así", "Dios se mueve así", "Dios es así", etc.). Porque no estaríamos partiendo de lo inmanente del ser humano, la realidad más evidente ante nosotros y sin pensarlo y sin querer... le damos la razón a Feinmann y lo que es peor a Nietszche: "todo es interpretación, la realidad no existe" y el cristianismo no pasa de ser más que otra ideología. Pero si el hombre es imagen y semejanza de Dios entonces lo inmanente, lo propio del hombre, dará también lugar a lo trascendente, a Dios.

 
II parte: Santo Tomás de Aquino (1221-1274)
 
Es el más grande de los escolásticos y uno de los más geniales pensadores de todos los tiempos.
 
Ahora bien, Feinmann le adjudica el título de "Padre de la Iglesia" cuando en realidad hay una lejanía de siglos entre Tomás y los Santos Padres. Es posible que se trate de una ironía pero que dentro de la Historia de la Iglesia está mal dicha, es de una factura mal elaborada. El que es un Padre de la Iglesia es san Agustín.
 
Luego sostiene que para la Iglesia la Summa Theologhiae o Suma Teológica (por favor dígase en latín o español pero no se mezcle de la manera chabacana que utiliza Feinmann) es la "verdad suprema" y esto no es otra cosa que una etiqueta ideológica ajena al sentir de la Iglesia. La Suma Teológica quedó incompleta, y con todo es una obra monumental: contiene 512 cuestiones y 2669 artículos. Se trata de un razonamiento compacto, en el que la aplicación de la inteligencia humana a los misterios de la fe procede con claridad y profundidad, entretejiendo preguntas y respuestas, en las que santo Tomás profundiza la enseñanza que viene de la Sagrada Escritura y de los Padres de la Iglesia, sobre todo de san Agustín. En esta reflexión, en el encuentro con verdaderas preguntas de su tiempo, que son a menudo también preguntas nuestras, santo Tomás, utilizando también el método y el pensamiento de los filósofos antiguos, en particular Aristóteles, llega así a formulaciones precisas, lúcidas y pertinentes de las verdades de fe, donde la verdad es don de la fe, resplandece y se nos hace accesible a nosotros, a nuestra reflexión. Este esfuerzo, sin embargo, de la mente humana – recuerda el Aquinate con su propia vida – está siempre iluminado por la oración, por la luz que viene de lo Alto. Sólo quien vive con Dios y con los misterios puede también comprender lo que dicen. (Benedicto XVI, Audiencia General, 23 de junio de 2010).
 
La verdad
 
Entonces, no es cuestión de "verdades supremas" sino de la verdad, que no es como dice equivocado Umberto Eco: "la única verdad es aprender a liberarse de la pasión enfermiza por la verdad" en El nombre de la rosa, porque si existe una pasión por la verdad es porque se ha recibido algo que nos apasiona y nos impulsa a buscarla, por tanto ese "algo" es real, aunque se diga que es "enfermizo" sin comprobarlo. Así vemos que aún partiendo de la equivocada frase de Umberto Eco, si la pensamos, encontramos lugar para la trascendencia, que al final resulta inexcusable. La Biblia dice que la verdad es Jesucristo (Jn 14,6). Tomás en De Veritate nos dará nueve definiciones acerca de la verdad que circulaban en su tiempo:
 
·         Siguiendo una perspectiva real (el ente, precede a la razón de la verdad) p.e. Agustín nos dirá en Soliloquios que "la verdad es aquello que es".
·         Una perspectiva interpretativa (conocimiento del ente) p.e. "lo verdadero es lo declarativo y manifestativo del ser" (san Agustín).
·         Y en medio la concordia o adecuación del entendimiento a la cosa p.e. "la verdad es cuando se dice que es lo que es y que no es lo que no es" (Aristóteles, Metafísica IV,16).

Como vemos todas estas definiciones guardan estrecha relación con la realidad. Podemos decir entonces que la verdad es la perfecta interpretación de la realidad, por eso a la verdad hay que buscarla y no es fácil encontrarla. De tal modo, que al tachar, ideológicamente, a la realidad de la realidad (como ha hecho el posmodernismo) se ha perdido la verdad y no hay camino para hallarla. Pero si nos aproximamos a ella con sabiduría y respeto, entonces somos bienaventurados en la verdad, aunque ella nos señale lo que, muchas veces, no queremos ver ni oír. La verdad es la fuerza del ser humano.
 
Analogía entre san Agustín y santo Tomás
 
Luego, existe una diferencia de estilo y contexto vital entre san Agustín y santo Tomás, los separan unos 800 años y los une su consagración a Dios y fidelidad. Mientras Agustín es retórico, Tomás es escolástico, y esto hay que tomarlo en cuenta ya que no hablamos de personajes atemporales. En cuanto a sus escritos la comparación cruda, primitiva, atemporal y superficial que hace Feinmann sería como comparar a Aristóteles con Hidegger, o a Platón con Sartre, o a Ricoeur con Spinoza, viéndolos a todos como contemporáneos entre ellos y también con nosotros. Es ridículo hacer una comparación atemporal porque nos lleva inexorablemente a errores infantiles de apreciación e interpretación. Por tanto, muy lejos de la verdad.
 
Sobre esto también es necesario advertir que muchas veces en la Iglesia se evoca a san Agustín y a santo Tomás de manera irresponsable, reduciendo a los santos a un par de anécdotas legendarias, sin entender quienes realmente son. Así, se presenta a la fe enfrentándola con la razón como si éstas fueran enemigas, en un mensaje fundamentalista, fideista, demagógico y por ende irracional. Resulta curioso que muchos católicos crean cuánta leyenda popular anda suelta y no crean lo que confesamos en el Credo ¡Bienvenido sea el Año de la Fe!
 
La escolástica
 
Volviendo a Feinmann, se ve que se fijó en el tratado de la templanza (q.140-170 II-II ST) y critica el método escolástico del Aquinate pero se olvida p.e. que Maimónides, una de las figuras más importantes del judaísmo de todos los tiempos (filósofo, médico y rabino), realizó una auténtica suma teológica judía con su Guía de perplejos que sirvió a la documentación previa del genio Tomás y ejerció una notable influencia en su intuición de armonía entre fe y razón. Se olvida que santo Tomás realizó una sólida síntesis de aristotelismo y neoplatonismo en la Suma Teológica como un gran teólogo y un gran filósofo.
 
La escolástica tiene 3 características fundamentales:
1.    Relación entre Filosofía y Teología
2.    Considera a Aristóteles
3.    Método lógico-deductivo y dialéctico

La libertad y la responsabilidad
 
Luego, todo lo que insinúa Feinmann con respecto a la inmoralidad sexual se puede contestar con el Catecismo de la Iglesia Católica, especialmente con la III parte: La vida en Cristo. Para ser concretos con respecto a la imputabilidad y responsabilidad de una acción determinada no hay una solución única porque en la Iglesia hay diversas personas con diversas problemáticas. El error fundamental de Feinmann en este punto consiste en decir que para la Iglesia todo se resuelve de una manera "mecánica" y esto es falso.
 
La imputabilidad y la responsabilidad de una acción pueden quedar disminuidas e incluso suprimidas a causa de la ignorancia, la inadvertencia, la violencia, el temor, los hábitos, los afectos desordenados y otros factores psíquicos o sociales. (CEC 1735)
 
Con respecto al placer sexual dice santo Tomás: No se comete pecado cuando el hombre hace uso de algunas cosas conforme al fin al que están destinadas, de un modo conveniente, siempre que tal fin sea realmente bueno (q.153 a.2 ST). Con sólo esto alcanza para contestar la tendenciosidad ideológica y falaz del filósofo argentino en su artículo emocional.
 
Conclusión
 
Ni san Agustín tiene un corazón desgarrado ni santo Tomás tiene leyes inquisitoriales. Ni san Agustín es un angustiado. Pero la Iglesia sí tiene una opción preferencial por los pobres, que en la Argentina actual cada día son más por una soberbia que niega la realidad. Además, Feinmann ignora el período de mil años de la historia humana llamado peyorativamente "Edad Media", sólo tiene de ella un concepto ideológico.
 
La Iglesia además lucha contra las injusticias como p.e. la injusticia del autoritarismo, del totalitarismo:
 
«El totalitarismo nace de la negación de la verdad en sentido objetivo. Si no existe una verdad trascendente, con cuya obediencia el hombre conquista su plena identidad, tampoco existe ningún principio seguro que garantice relaciones justas entre los hombres: los intereses de clase, grupo o nación, los contraponen inevitablemente unos a otros. Si no se reconoce la verdad trascendente, triunfa la fuerza del poder, y cada uno tiende a utilizar hasta el extremo los medios de que dispone para imponer su propio interés o la propia opinión, sin respetar los derechos de los demás... La raíz del totalitarismo moderno hay que verla, por tanto, en la negación de la dignidad trascendente de la persona humana, imagen visible de Dios invisible y, precisamente por esto, sujeto natural de derechos que nadie puede violar: ni el individuo, ni el grupo, ni la clase social, ni la nación, ni el Estado. No puede hacerlo tampoco la mayoría de un cuerpo social, poniéndose en contra de la minoría, marginándola, oprimiéndola, explotándola o incluso intentando destruirla». (Juan Pablo II, Veritatis Splendor, 99 citando a León XIII).
 
Por último, con respecto a la pervivencia de la Iglesia hay que decir que no depende de nuestros errores o aciertos humanos sino de su Fundador: Jesucristo, a quien José Pablo Feinmann debería tratar de conocer por propia experiencia religiosa, espiritual y mística.
 
Oremos porque así sea y que Dios nos bendiga... a todos.
 
Mauricio Shara
 
Bibliografía:
Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica
Santo Tomás de Aquino, La Verdad
Jesús Álvarez Gómez, Manual de Historia de la Iglesia, Claretiana, Buenos Aires, 1979, 163-165
Juan Pablo II, Encíclica Veritatis Splendor
Catecismo de la Iglesia Católica

2 comentarios:

  1. Carlos C.12.8.12

    Esta muy bueno el comentario y dice gran verdad donde primero se tergiversa a San Agustin y a Santo Tomas es en la Iglesia porque lo unico que hay es carne de gallina hoy y es verdad que lo unico que andan diciendo son leyendas. Mucha pelotudez muchachos miren que no somos pelotudos un dia los laicos vamos a saber y ya no nos seguiran dando pescado podrido. Yo voy a Misa por la Eucaristia porque las homilias son cualquier cosa cada uno dice su propio yo y apestan de ego.

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  2. Anónimo13.8.12

    Lei la 1era. y 2da. parte y sigo gracias al Senior,
    con mi Fe intacta. Ojala pudieramos imitar a ambos
    santos...!

    Etelvina

    ResponderEliminar

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