"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

16 de agosto de 2012

Benedicto XVI: “Jesús, en el manifestarse como el pan del cielo, testimonia ser la Palabra de Dios encarnada, a través de la cual el hombre puede hacer de la voluntad de Dios su comida, que orienta y sostiene su existencia"


En su reflexión previa a la oración mariana dominical del Ángelus, que rezó junto a peregrinos llegados de todo al mundo al palacio apostólico en Castelgandolfo, Benedicto XVI se refirió al Evangelio de san Juan que nos acompaña en la liturgia de estos domingos, donde Jesús, saciando milagrosamente el hambre con la multiplicación de los panes, “los dispone a recibir el anuncio de que Él es el pan que desciende del cielo, que sacia de modo definitivo”.
 

“La lectura del capítulo sexto del Evangelio de Juan -comenzó el Santo Padre su reflexión-, que nos acompaña en la Liturgia estos domingos, nos lleva a reflexionar sobre la multiplicación milagrosa, en la que cinco panes y dos pescados fueron suficientes para saciar una multitud de cinco mil hombres, y sobre la invitación que Jesús dirige a cuantos había saciado de empeñarse por un alimento que permanece para la vida eterna”

"El pueblo judío -añadió el Papa-, tenía claro que el pan del cielo que nutría Israel era la palabra de Dios, durante el largo camino del desierto había experimentado el pan bajado del cielo, el maná, que lo había mantenido con vida hasta la llegada a la tierra prometida” profundizó el Papa. Ahora Jesús habla de sí mismo como el verdadero pan del cielo capaz de mantenernos en vida para siempre.

“Él es el alimento que da la vida eterna, porque es el Hijo unigénito de Dios, que está en el seno del Padre, venido para donar al hombre la vida en plenitud, para introducir al hombre en la vida misma de Dios.

“Jesús, en el manifestarse como el pan del cielo, testimonia ser la Palabra de Dios encarnada, a través de la cual el hombre puede hacer de la voluntad de Dios su comida, que orienta y sostiene su existencia. Dudar entonces de la divinidad de Jesús, como hacen los judíos del relato evangélico de hoy, significa oponerse a la obra de Dios. Ellos afirman de hecho: ¡es el hijo de José! ¡Nosotros conocemos a su padre y a su madre!. Ellos no van más allá de sus orígenes terrenales, y por esto se niegan a recibirlo como la Palabra de Dios hecha carne”.

Sólo quien es atraído por Dios Padre, quien lo escucha y se deja instruir por Él puede creer en Jesús, encontrarlo y nutrirse de Él para tener la vida en plenitud, la vida eterna.

Invocando a María Santísima, pidámosle guiarnos al encuentro con Jesús para que nuestra amistad con Él sea cada vez más intensa; pidámosle introducirnos en la plena comunión de amor con su Hijo, el pan vivo bajado del cielo, para ser por Él renovados en lo intimo de nosotros mismos. 

Fuente: AICA

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