"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

18 de julio de 2012

Mons. Héctor Aguer: "hoy los delitos que se cometen son atroces, repetidos y cometidos a la luz del día. La crónica diaria registra lo que sucede: vemos que para robar se mata a mansalva y que muchas veces se mata y no se roba"


   
Reflexión de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa "Claves para un Mundo Mejor" (14 de julio del 2012)


Hace un tiempo se entabló una discusión en la opinión pública, en la que intervinieron también algunos funcionarios, acerca de si la inseguridad es una sensación o una realidad. Si nos fijamos bien en los términos, se llama sensación a la impresión que causan en nosotros, a través de los sentidos, las cosas, los acontecimientos. Puede llamarse sensación a la conmoción que nos producen noticias de especial entidad o particularmente graves o sorpresivas. No necesariamente la sensación es algo subjetivo, no tiene por qué ser una impresión inventada. Normalmente nuestra sensación se pliega a la realidad de las cosas y la refleja. Esa discusión, hoy día, está más que superada, es ociosa. Es evidente que existe una sensación de inseguridad y que ella corresponde a la realidad.

A esta realidad yo la llamo “proliferación del delito” y causa cada día una impresión mucho mayor porque hoy los delitos que se cometen son atroces, repetidos y cometidos a la luz del día. La crónica diaria registra lo que sucede: vemos que para robar se mata a mansalva y que muchas veces se mata y no se roba.

Hay muchas causas detrás de este fenómeno y no existe, me parece, una solución mágica. Como la causa no es unívoca tampoco los remedios lo son.

Pero ¿qué hay detrás de este hecho que nos sorprende a todos y que causa una razonable sensación de inseguridad? Yo creo que hay una creciente decadencia del sentido moral.

Se insiste mucho en que esos delitos atroces, causados impunemente cada día, esas muertes tienen que ver con la difusión de la droga, que las personas que los cometen están prácticamente enajenadas. Causa muchísimo dolor advertir que son, muchas veces, personas jóvenes, muchachos, adolescentes los victimarios y también las víctimas.

No se puede desconocer en el trasfondo un problema educativo, cultural, una especie de descenso cultural del sentido moral y sobre todo del valor de la vida, de la propia y de la del prójimo.

Si nos fijamos en la historia de la humanidad veremos que se ha verificado un desarrollo que nos ha llevado a tener una percepción más clara acerca del valor de la vida. Sin embargo, pesa enormemente un hecho ancestral. Si uno se fija, por ejemplo, en las primeras páginas de La Biblia, en el capítulo 4 del Libro del Génesis, la historia de Caín y Abel muestra cómo a consecuencia del pecado, del pecado original, se desencadena en la humanidad una dialéctica de enfrentamiento fratricida.

¿Y cuáles son sus fuentes? Y son la envidia, la codicia, la ira. Eso ha jugado y juega todavía en la historia de la humanidad.

Podemos advertir, como causa profunda de tanta crueldad, que se ha borroneado el sentido absoluto del mandamiento que dice “no matarás”. Por eso es preciso recrear, desde las jóvenes generaciones, el sentido del valor de la vida, el valor absoluto del sentido de ese mandamiento que prohíbe atentar contra la vida del prójimo. Esta es una tarea de reeducación; si no se realiza no podrá resolverse un problema que requiere además muchas otras respuestas. Por empezar, el deber indelegable del Estado de asegurar la vida y los bienes de la población.

Lo que ocurre tiene que ver con una cierta miseria material y moral. Tiene que ver también con un fenómeno de violencia instalado en las relaciones de personas y de grupos. En sus raíces existe una especie de eclipse del sentido auténtico de la existencia y de la referencia trascendente de la vida humana.

¿Qué podemos hacer nosotros además de lamentarnos, además de rezar, además de quejarnos, además de reclamar las medidas que pueden ir paliando este fenómeno? Creo que tenemos que difundir permanentemente estas verdades fundamentales acerca del hombre y su destino, del valor de la vida, sin las cuales todas las demás soluciones no serán tales.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata

Fuente: AICA

1 comentario:

  1. Ludovico18.7.12

    Este gobierno es una basura, los discursos de la presidenta se parecen a los de un señor de secta puro verso para los ignorantes y fanaticos

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