"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

30 de mayo de 2012

Pentecostés. El don y la misión del Espíritu Santo



Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse. Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo. Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Con gran admiración y estupor decían: «¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor, en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios». (Hechos 2,1-11)
 

Según el Evangelio de Juan el don del Espíritu se presenta como resultado de la glorificación de Jesucristo. Es Él quien lo promete: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes (Juan 14,17); y es Él quien lo entrega: Jesús les dijo de nuevo: ”¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes”. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió “Reciban al Espíritu Santo” (Juan 20,21-22). El Espíritu Santo es el Espíritu de la Verdad.
 
En cambio, Lucas ubica el don en un acontecimiento teofánico y para eso propone la fiesta de las Semanas o Shavuoth, siete semanas después de la Pascua. La fiesta de las Semanas era originalmente un tiempo de ofrenda de primeras espigas, que luego fue resignificado, releído como el recuerdo de la Alianza en el Sinaí en el consagrado y promulgado Pentateuco, después del exilio en Babilonia.
 
Así, el don del Espíritu Santo queda unido al don de la alianza en el Sinaí en una “Nueva Alianza” consagrada y promulgada en la Pascua de Jesús el Cristo, que es nuestra Pascua. La fiesta de las Semanas aparece en la renovación de la alianza en el Sinaí, después del relato del “becerro de oro” (Ex 32) y de las piezas literarias sobre la “presencia de YHWH” como respuesta al pueblo (Ex 33), luego de la infidelidad de Israel y la intercesión de Moisés. De este modo se presenta la renovación de la alianza sinaítica en el Éxodo (cap. 34) como un código cultual en que no sólo está en juego el culto religioso sino toda la concepción de la vida, de la naturaleza y de la historia. Esta renovación de la alianza se presenta precedida por una teofanía (Ex 34,5-9) y seguida por el símbolo teológico de la faz radiante de Moisés (Ex 34,29-35). Dentro de ese marco está la fiesta de las Semanas en Ex 34,22.
 
La teofanía de Pentecostés en Hechos está compuesta por elementos preciosos: como el viento, la ruaj de Dios, el viento recio estrepitoso que se hace presente pero de manera acotada, armoniosa, resonando en toda la casa; y como el fuego en una metáfora visual de valor simbólico. El Espíritu Santo se presenta de “arriba hacia abajo”, los llena y los presentes manifiestan la llenura del don hasta desbordar en lenguas distintas, según el Espíritu les permitía expresarse.
 
Al oír el ruido la multitud se congregó, tal multitud que es representante de todo el ecúmene romano (todas las naciones del mundo). Las lenguas espirituales padecen una milagrosa “traducción” fenomenal de manera tal que todos los que contemplan la manifestación oyen hablar en su propia lengua humana las maravillas de Dios. Así, el lenguaje espiritual se hace humano en la Iglesia por medio del Espíritu Santo.
 
La Nueva Alianza no es condicional como la renovación de la Alianza en el Sinaí, sino que es perenne, asegurada en la Pascua del Señor. Por eso, cuando hablamos de un Pentecostés perenne, en verdad no estamos hablamos de una suerte de “sacramentos alternativos”, como si la iniciación cristiana (Bautismo, Confirmación y Eucaristía) no fuera suficiente. Sino que hablamos de una fuerza evangelizadora que nos motiva a hablar las maravillas de Dios al mundo, como Iglesia, en una comunión, porque estamos llenos del don del Espíritu Santo, hasta desbordar preciosamente a otros con nuestro testimonio vital en Cristo. Esta es la misión del Espíritu Santo, esta es nuestra misión. (PCD).


Editorial de Prensa Cristiana Digital 46 (2012) 2

1 comentario:

  1. Joe Charismata31.5.12

    Lindo!!! Muy buena la reflexión sobre los símbolos bíblicos que la Iglesia vivió en el pasado y sigue viviendo hoy. Escrito de manera inteligente que no subestima al pueblo de Dios, no es un "cuentito" infantil, lechita, sino que es alimento sólido pero digerible para todos íncluidos los que recién nacieron en Cristo, lo que recién fueron predicados y bautizados y por eso son bebés (nadie es bebé a los 30 años de Iglesia, es anormal). El don y la misión del Espíritu Santo es fuerza evangelizadora para el mundo y eso es amor de Dios!!!

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