"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

26 de mayo de 2012

El encuentro con Jesucristo y la renovación espiritual en la historia de Jacob - Seminario Bíblico 2011-12 por FM Parroquial 105.1

  El encuentro con Jesucristo y la renovación espiritual


Seminario Bíblico 2011-2012 “Cómo interpretar la Biblia” por FM Parroquial 105.1
Subsidio 39: Verbum Domini XI – Exégesis y Hermenéutica – Las páginas “oscuras” de la Biblia 2ª parte –Cristologización de la historia de Jacob y un mensaje actualizado.
 


La última vez vimos la historia de Jacob (Génesis 25-36), vale la pena volver a leer la Biblia y repasar todo el subsidio 38 para tener fresco nuestro breve estudio histórico-literario y proceder a actualizarlo asistidos por el Espíritu Santo.  Se trata de una larga historia bíblica que ocupa varios capítulos. Por eso, lo haremos de manera tipológica respetando lo que nos dice la Tradición activa, así podremos contemplar los textos con una profundidad cristológica gracias a la analogía de la Fe.
 
I Nuestra humilde tarea hermenéutica
 
Sería un grave error “tipologizar” cada elemento de la historia de Jacob, en ese caso estaríamos haciendo una “interpretación libre alegórica” pudiendo caer en subjetivismos y egoísmos. Es siempre fácil el camino de tomar cada elemento heroico de la Biblia como propio y cada elemento maligno como ajeno. Así Jacob sería cada uno de nosotros, transformados por el poder del Espíritu Santo, nuevos hombres que han dejado atrás el pecado, y Esaú sería todo aquel que no piense como “nosotros”, que ha quedado excluido de la unción y la bendición de Dios, un desechado por Dios. Pero esa es una típica interpretación integrista, como las que se escuchan en las sectas. El error consiste en desconocer que Esaú en el texto es Edom y que ese es un motivo nacionalista en estos relatos por las circunstancias que rodean al origen de los textos: Israel ha perdido la tierra, el templo y la monarquía, corriendo el riesgo de desaparecer en el exilio en Babilonia. El retorno a la tierra prometida a partir del siglo VI es lo que subyace en estos textos, evocando el pasado en relación a su presente.     
 
Pero sabemos que Israel es tipo de la Iglesia por ser ambas comunidades en camino, pueblo de Dios, nación santa y elegida. Pero sería equívoco tipologizar a Jacob antes de su encuentro con el “hombre” misterioso como “el grupo de los discípulos de Jesús” o “los Doce” antes de la Resurrección del Señor ya que no hay conductas análogas que den sustento a tal interpretación.
 
Si consideramos a Jacob sólo como una persona, debemos recordar que no es la intención de los autores sagrados ya que lo presentan como una persona que en realidad es un pueblo. Como vimos siempre está la cuestión de tribu, de pueblo, de nación en el fondo de los relatos. Por tanto, no es fácil la tarea de interpretar la historia de Jacob en la perspectiva cristiana, que tiene como clave hermenéutica completa «el Evangelio y el mandamiento nuevo de Jesucristo, cumplido en el misterio pascual». No es fácil hacerlo bien ya que plantea cuestiones referidas al origen mítico de Israel: El pueblo de Israel está personificado en Jacob.
 
II Veamos algunas analogías cristológicas en el texto:
 
De esta manera Jacob se hizo extremadamente rico, y llegó a tener una gran cantidad de ganado, de esclavos, esclavas, camellos y asnos. Jacob se enteró de que los hijos de Labán andaban diciendo: «Jacob se ha apoderado de todos los bienes de nuestro padre, y a expensas de él ha conseguido toda esta riqueza». Y también advirtió que la actitud de Labán para con él ya no era la misma de antes. Entonces el Señor le dijo: «Vuelve a la tierra de tus padres y de tu familia, y yo estaré contigo». (Génesis 30,43-31,1-3).
 
Este es el relato típico del enriquecimiento de los patriarcas que estando en una tierra que les es hostil la abandonan llenos de riquezas y familia. Se trata de una preparación para el relato del éxodo de Egipto. En el Pentateuco las narraciones van preparando para lo que viene. Luego, Jacob prepara su encuentro con Esaú (Gn 32,4-22) en donde ultima los detalles bajo su control pero el encuentro con el hombre misterioso no sólo cambiará las circunstancias sino su vida:
 
Aquella noche, Jacob se levantó, tomó a sus dos mujeres, a sus dos sirvientas y a sus once hijos, y cruzó el vado de Iaboc. Después que los hizo cruzar el torrente, pasó también todas sus posesiones. Entonces se quedó solo, y un hombre luchó con él hasta rayar el alba. Al ver que no podía dominar a Jacob, lo golpeó en la articulación del fémur, y el fémur de Jacob se dislocó mientras luchaban. Luego dijo: «Déjame partir, porque ya está amaneciendo: Pero Jacob replicó: «No te soltaré si antes no me bendices». El otro le preguntó: «¿Cómo te llamas?», «Jacob», respondió. El añadió: «En adelante no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido». Jacob le rogó: «Por favor, dime tu nombre». Pero él respondió: «¿Cómo te atreves a preguntar mi nombre?». Y allí mismo lo bendijo. Jacob llamó a aquel lugar con el nombre de Peniel, porque dijo: «He visto a Dios cara a cara, y he salido con vida». Mientras atravesaba Peniel, el sol comenzó a brillar, y Jacob iba rengueando del muslo. Por eso los israelitas no comen hasta el presente el nervio ciático que está en la articulación del fémur, porque Jacob fue tocado en la articulación del fémur, en el nervio ciático. (Génesis 32,23-33)
 
El cruce del torrente es otro relato típico que prepara la salida de Egipto del Éxodo, con todas sus posesiones. Luego lucha con el hombre hasta rayar el alba, un hombre al que Jacob no podía dominar, no podía poner bajo su control. El hombre le cambia el nombre: «En adelante no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido». Es un texto que nos sintetiza la vida de Jacob: un luchador con Dios y con los hombres. Jacob llama al lugar “Peniel” porque dice que ha visto a Dios. (Lo del fémur en el texto es la justificación de una costumbre israelita).
 
Jacob se encuentra con este hombre en la noche y lucha con él hasta el amanecer, simbolizando todas sus luchas, pero no puede dominarlo. Análogamente, podemos descubrir aquí un bautismo en relación al cruce de aguas y por ende una pascua, un pasar de una vida de luchas personales a una nueva vida por medio de un “morir” a la vida pasada. El paso de un viejo hombre a un hombre nuevo, transformado por el encuentro con Dios que se ha presentado en forma humana.
 
Esa lucha de una noche en la vida no es sólo una noche, no es sólo un momento, está simbolizado, significa el paso de las tinieblas a la luz pero lleva un tiempo activo, a veces mucho tiempo, ser un hombre renovado a causa del encuentro con el Señor.
 
III Un mensaje actualizado a las puertas de un nuevo Pentecostés
 
Sabemos que Dios se ha presentado en forma humana en Jesucristo, el encuentro con Él es también el encuentro con el prójimo. En el Decálogo la primera parte habla de Dios y la segunda del prójimo. Por eso, el encuentro auténtico con Jesucristo es también encuentro con la Iglesia, con el prójimo y con nosotros mismos. El auténtico encuentro con Jesucristo no es sentimentalismo y fantasía para el pueblo, no es emocionalismo musical, “soñando por volar” o “volando por un sueño”, el auténtico encuentro con Jesucristo nos confronta y no podemos dominarlo. El encuentro con Jesucristo nos prepara para el encuentro definitivo ¿estamos preparados?
 
Pero sí estamos a las puertas de un nuevo Pentecostés, que la víspera nos encuentre dispuestos a recordar la llenura del Espíritu Santo que hemos recibido en la iniciación cristiana (Bautismo, Confirmación y Eucaristía) y recordemos aquel encuentro con Cristo que confrontó nuestras vidas, o realmente vivamos ¡al fin! un auténtico encuentro con Jesucristo para desbordar en evangelización con nuestras acciones, silencios, gestos y palabras.
 
Hoy vivimos en un tiempo de extremismos: relativismo y fundamentalismo. Ambos extremos, curiosamente, no aceptan al que piensa distinto, se han absolutizado en el error porque no conocen verdaderamente a Jesucristo ni han sido renovados verdaderamente por el Espíritu.
 
El amor de Dios nos abrirá las puertas de la reconciliación con el prójimo para decir como Jacob cuando vio a su hermano: ver tu rostro ha sido lo mismo que ver el rostro de Dios, ya que me has recibido tan afectuosamente (Gn 33,10). Ya no se trata de amigos o enemigos, ahora se trata de ver a Dios en el prójimo. Esta es la prueba evidente de la verdadera renovación por el poder del Espíritu: el hombre nuevo no se encierra en sí mismo, no se sectariza, no es un soberbio espiritual, no es un autoritario, sino que se abre a la comunión con los demás, al diálogo fraterno. Cuando hay más de una razón no es un monólogo sino un diálogo, sea hecho fraternalmente porque toda la Ley está resumida plenamente en este precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Gálatas 5,14)
 
Hemos pasado de “paginas oscuras” de la Biblia a comprender quién es Jacob (en el subsidio 38) por medio de un breve y sintético estudio histórico-literario, luego descubrimos algunas analogías cristológicas en el texto, y finalmente llegamos a un mensaje actualizado que está en la perspectiva cristiana, que tiene como clave hermenéutica completa «el Evangelio y el mandamiento nuevo de Jesucristo, cumplido en el misterio pascual». Pero esto no termina aquí, no se agota en este pequeño trabajo sino que hay mucho más para descubrir del Señor en la historia de Jacob.   
 
¡Feliz Pentecostés! ¡Palabra viva!       
 
Mauricio Shara 
 
Bibliografía:
Biblia versión argentina “El libro del Pueblo de Dios”
Benedicto XVI, Exhortación Apostólica postsinodal “Verbum Domini”, 42
Gabriel Mestre, “Para leer Verbum Domini”, Buenos Aires, Ágape, 2011, 48-49

1 comentario:

  1. Christian D.15.6.12

    Buenísimo, me gustó un montón y me exhorta a vivir la viada en Cristo buscando la santidad. Excelente!!!

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