"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

13 de mayo de 2012

Domingo VI de Pascua


 Juan 15, 9 - 17
 


El arte divino del amor. Dios, desde su identidad definida por el evangelista Juan (“Dios es amor”), enseña a los hombres a ser personas. Amándolos, como los ama, les enseña el auténtico arte del amor. Arte que es preciso aprender de Quien es el Modelo que los hombres necesitan conocer e imitar. Para llegar a él se requiere hallar el Camino y transitarlo humildemente. Cristo es el Camino que conduce al Padre y que desempeña la misión, anunciada proféticamente, de mostrar a Dios entre los hombres. Quien lo ve, ve al Padre, y lo ama como Él lo ama y conoce. La Buena Nueva que les comunica se refiere al amor que Dios profesa a todos los hombres, aunque le hayan dado la espalda, señalando la exigencia de amarse entre ellos, como Él - en Cristo - los ama: “Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado” (Juan 15, 12). Jesús es el Dios que se cruza en el camino de la historia para reconducir al hombre que - por causa del pecado - vagabundea hambriento y desorientado.
 
El único Redentor. La centralidad de Cristo en la predicación de la Iglesia - como lo fue en la de los Apóstoles - responde a la urgencia de hacerlo conocer. El mensaje de Cristo está destinado a todos los hombres; debe ser expuesto a todos, lo quieran aceptar o no. Pero, en realidad, más allá de un mensaje ordenador de la vida moral, el Evangelio es el anuncio de la presencia viva de Jesucristo, causa de transformación personal y de adopción de un estilo nuevo de vida. No tenemos otro a quien acudir para redimir nuestra pobre existencia e iniciar una vida nueva. Es el único Redentor. Es de lamentar la búsqueda desorientada del Redentor entre las falsificaciones que las vidrieras de la sociedad pretenden vender a un número creciente de incautos. En la propagandística contemporánea gozan de mayor espacio las falsificaciones que la imagen y palabras del auténtico Redentor de los hombres. Basta hojear las principales publicaciones gráficas y echar una mirada rápida sobre las exhibiciones del cine y de la televisión. ¡Admirables medios de comunicación, mal usados, en una escandalosa proporción, como el don mismo de la libertad!
 
La esencia recuperada. Cristo es Dios que, por su encarnación, enseña a los hombres a ser “hombres”. Él revela, en la ejemplaridad de su “forma de vida”, la original identidad del ser auténticamente humano en aquello que lo asemeja a Dios y lo diferencia de los otros seres de la Creación visible. Cristo recupera esa esencia, destruida irresponsablemente; me refiero al amor. Su amor, llevado al extremo - a la perfección - por la cruentísima cruz, muestra su personal semejanza con el Padre y torna a Dios visible a los hombres: “Felipe le dijo: ‘Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta’. Jesús le respondió: ‘Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre’” (Juan 14, 8-9). Gracias a la transparencia de vida, que la fidelidad-obediencia ha producido en Jesús, Dios, que ama a los hombres hasta ese extremo, se hace visible a toda mirada honesta.
 
El amor como dádiva de la vida. Para ello, Jesús declara a sus discípulos en qué consiste la auténtica felicidad y cuál es el sendero que conduce a lograrla. La declaración aparece con la modalidad de un precepto nuevo - así lo denomina el Señor - que lleva aparejado su personal testimonio: “Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros como yo los he amado” (Juan 15, 12). Es modelo del amor humano al ser la fiel transparencia del amor divino. La perfección del Padre, que en otra oportunidad presenta como meta de la perfección humana, - “sean perfecto como el Padre celestial es perfecto”- consiste en el amor revelado por Jesús en la conmovedora dádiva de su propia vida. Es preciso que los hombres aprendan de Cristo a ser los hombres que deben ser. Me refiero a todos y a cada uno: varón, mujer, niño, joven; edad adulta y ancianidad; esposo, esposa, consagrado, consagrada, profesional y operario, político y educador… Cristo, transparencia humana del amor divino, es causa y modelo para todos. De allí la necesidad y urgencia de que sea anunciado, para ser conocido y amado por un mundo que, ciertamente, no puede nada sin Él.
 
Fuente:

2 comentarios:

  1. Anónimo13.5.12

    La ilustracion no puede ser mas significativa.!
    En lo unico que seremos juzgados es en el
    AMOR...!

    ETELVINA

    ResponderEliminar
  2. Anónimo13.5.12

    El amor que es santidad porque a titulo de amor se dice y se hace cualquier cosilla por ahi

    ResponderEliminar

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