"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

13 de febrero de 2012

Benedicto XVI: "La victoria de Cristo es nuestra curación profunda y nuestra resurrección a una vida nueva"

Como cada domingo, el Santo Padre se asomó hoy a la ventana de su estudio, en el Palacio Apostólico, para rezar el Ángelus con los fieles reunidos en la plaza de San Pedro. Benedicto XVI introdujo la oración mariana recordando que “Jesús, en su vida pública, curó muchos enfermos, revelando que Dios quiere para el hombre la vida, la vida en plenitud”.
 

El Evangelio de hoy muestra a Jesús “en contacto con la enfermedad considerada como la más grave en aquellos tiempos”, la lepra, que hacía a la persona “impura” y la excluía de las relaciones sociales. Mientras Jesús predicaba en Galilea, un leproso se le acercó pidiéndole la curación. “Jesús no rehúsa el contacto con ese hombre -señaló el Papa-; por el contrario, impulsado por una profunda participación en su condición, extiende la mano y lo toca, superando la prohibición legal, y le dice: 'Lo quiero, sé purificado'. En este gesto y en estas palabras de Cristo está toda la historia de la salvación, está encarnada la voluntad de Dios de curarnos, de purificarnos del mal que nos desfigura y estropea nuestras relaciones”.
“En ese contacto entre la mano de Jesús y el leproso -continuó el Pontífice-, se abate toda barrera entre Dios y la impureza humana, entre lo sagrado y su opuesto, no para negar el mal y su fuerza negativa, sino para demostrar que el amor de Dios es más fuerte que cualquier mal, incluso el más contagioso y horrible. Jesús ha tomado sobre Sí nuestras enfermedades, se ha hecho 'leproso' para que nosotros fuéramos purificados. (…) La victoria de Cristo es nuestra curación profunda y nuestra resurrección a una vida nueva”.
Finalmente, Benedicto XVI animó a los fieles a rezar a la Virgen María: “A través de su madre, Jesús viene a nuestro encuentro para librarnos de toda enfermedad del cuerpo y del alma. Dejémonos tocar y purificar por Él, y seamos misericordiosos con nuestros hermanos”.
 
 
Fuente: VIS - Vatican Information Service

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