"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

21 de enero de 2012

Interpretación de la Biblia en la vida de la Iglesia - Seminario Bíblico 2011-2012 por FM Parroquial 105.1 en el programa PALABRA VIVA


  
Seminario Bíblico 2011-2012 “Cómo interpretar la Biblia” por FM Parroquial 105.1
Subsidio 29: Verbum Domini V – Exégesis y Hermenéutica – Interpretación de la Biblia en la vida de la Iglesia
 
Comenzamos leyendo Verbum Domini 29-30:
 
29. Otro gran tema que surgió durante el Sínodo, y sobre el que ahora deseo llamar la atención, es la interpretación de la Sagrada Escritura en la Iglesia. Precisamente el vínculo intrínseco entre Palabra y fe muestra que la auténtica hermenéutica de la Biblia sólo es posible en la fe eclesial, que tiene su paradigma en el sí de María. San Buenaventura afirma en este sentido que, sin la fe, falta la clave de acceso al texto sagrado: «Éste es el conocimiento de Jesucristo del que se derivan, como de una fuente, la seguridad y la inteligencia de toda la sagrada Escritura. Por eso, es imposible adentrarse en su conocimiento sin tener antes la fe infusa de Cristo, que es faro, puerta y fundamento de toda la Escritura». E insiste con fuerza santo Tomás de Aquino, mencionando a san Agustín: «También la letra del evangelio mata si falta la gracia interior de la fe que sana». Esto nos permite llamar la atención sobre un criterio fundamental de la hermenéutica bíblica: el lugar originario de la interpretación escriturística es la vida de la Iglesia. Esta afirmación no pone la referencia eclesial como un criterio extrínseco al que los exegetas deben plegarse, sino que es requerida por la realidad misma de las Escrituras y por cómo se han ido formando con el tiempo. En efecto, «las tradiciones de fe formaban el ambiente vital en el que se insertó la actividad literaria de los autores de la sagrada Escritura. Esta inserción comprendía también la participación en la vida litúrgica y la actividad externa de las comunidades, su mundo espiritual, su cultura y las peripecias de su destino histórico. La interpretación de la sagrada Escritura exige por eso, de modo semejante, la participación de los exegetas en toda la vida y la fe de la comunidad creyente de su tiempo». Por consiguiente, ya que «la Escritura se ha de leer e interpretar con el mismo Espíritu con que fue escrita», es necesario que los exegetas, teólogos y todo el Pueblo de Dios se acerquen a ella según lo que ella realmente es, Palabra de Dios que se nos comunica a través de palabras humanas (cf. 1 Ts 2,13). Éste es un dato constante e implícito en la Biblia misma: «Ninguna predicción de la Escritura está a merced de interpretaciones personales; porque ninguna predicción antigua aconteció por designio humano; hombres como eran, hablaron de parte de Dios» (2 P 1,20-21). Por otra parte, es precisamente la fe de la Iglesia quien reconoce en la Biblia la Palabra de Dios; como dice admirablemente san Agustín: «No creería en el Evangelio si no me moviera la autoridad de la Iglesia católica». Es el Espíritu Santo, que anima la vida de la Iglesia, quien hace posible la interpretación auténtica de las Escrituras. La Biblia es el libro de la Iglesia, y su verdadera hermenéutica brota de su inmanencia en la vida eclesial.
 
30. San Jerónimo recuerda que nunca podemos leer solos la Escritura. Encontramos demasiadas puertas cerradas y caemos fácilmente en el error. La Biblia ha sido escrita por el Pueblo de Dios y para el Pueblo de Dios, bajo la inspiración del Espíritu Santo. Sólo en esta comunión con el Pueblo de Dios podemos entrar realmente, con el «nosotros», en el núcleo de la verdad que Dios mismo quiere comunicarnos. El gran estudioso, para el cual «quien no conoce las Escrituras no conoce a Cristo», sostiene que la eclesialidad de la interpretación bíblica no es una exigencia impuesta desde el exterior; el Libro es precisamente la voz del Pueblo de Dios peregrino, y sólo en la fe de este Pueblo estamos, por decirlo así, en la tonalidad adecuada para entender la Escritura. Una auténtica interpretación de la Biblia ha de concordar siempre armónicamente con la fe de la Iglesia católica. San Jerónimo se dirigía a un sacerdote de la siguiente manera: «Permanece firmemente unido a la doctrina tradicional que se te ha enseñado, para que puedas exhortar de acuerdo con la sana doctrina y rebatir a aquellos que la contradicen». Aproximaciones al texto sagrado que prescindan de la fe pueden sugerir elementos interesantes, deteniéndose en la estructura del texto y sus formas; sin embargo, dichos intentos serían inevitablemente sólo preliminares y estructuralmente incompletos. En efecto, como ha afirmado la Pontificia Comisión Bíblica, haciéndose eco de un principio compartido en la hermenéutica moderna, el «adecuado conocimiento del texto bíblico es accesible sólo a quien tiene una afinidad viva con lo que dice el texto». Todo esto pone de relieve la relación entre vida espiritual y hermenéutica de la Escritura. Efectivamente, «con el crecimiento de la vida en el Espíritu crece también, en el lector, la comprensión de las realidades de las que habla el texto bíblico». La intensidad de una auténtica experiencia eclesial acrecienta sin duda la inteligencia de la fe verdadera respecto a la Palabra de Dios; recíprocamente, se debe decir que leer en la fe las Escrituras aumenta la vida eclesial misma. De aquí se percibe de modo nuevo la conocida frase de san Gregorio Magno: «Las palabras divinas crecen con quien las lee». De este modo, la escucha de la Palabra de Dios introduce y aumenta la comunión eclesial de los que caminan en la fe.
 
Recordemos que estamos tratando los 12 aspectos importantes sobre exégesis y hermenéutica en Verbum Domini, comenzamos con la “inspiración” y este es el segundo:
 
2. La interpretación de la Biblia tiene su lugar originario en la vida de la Iglesia
 
El Papa lo cita a san Buenaventura (1221-1274): «Éste es el conocimiento de Jesucristo del que se derivan, como de una fuente, la seguridad y la inteligencia de toda la sagrada Escritura. Por eso, es imposible adentrarse en su conocimiento sin tener antes la fe infusa de Cristo, que es faro, puerta y fundamento de toda la Escritura». La cita corresponde a la edición crítica de los franciscanos de Quaracchi (ver nota al pie de página en VD), se trata de un tesoro genuino y bastante completo de los textos del seráfico doctor (se lo llama “seráfico doctor” por su pertenencia a los franciscanos y por sus escritos llenos de fe y amor a Jesucristo). Entonces, no se accede a la Palabra de Dios en la Biblia con una cierta “espiritualidad” confusa basada en abstractos (p.e. “paz y amor”), ni con confusos sincretismos de pensamiento mágico y comodidad, sino a través de la concreta fe de Jesucristo (de la que luego se derivan p.e. la paz y el amor). 
 
Luego, cita a santo Tomás (1225-1274) que en la Suma Teológica (Parte I-II, cuestión 106, artículo 2) lo cita también a san Agustín (354-430): Por esto dice el Apóstol en 2 Co 3,6: “La letra mata, el espíritu es el que da vida”. Y san Agustín, exponiendo esta sentencia en la misma obra, dice que por letra se entiende cualquiera escritura que está fuera del hombre, aunque sea de preceptos morales, cuales se contienen en el Evangelio, por donde también la letra del Evangelio mataría si no tuviera la gracia interior de la fe, que sana. Esta frase agustiniana está tomada de “De spiritu et littera”, obra escrita contra el pelagianismo, donde Agustín sostiene que la ley nos fue dada para buscar la gracia y la gracia para observar la ley. Cabe señalar que el pelagianismo era una tendencia a un moralismo con la libertad del ser humano que despreciaba la redención de Jesucristo. Esto lo hemos señalado con anterioridad: extremismos de “sólo gracia” (“todo se recibe”, “yo sólo soy un instrumento de los dioses, o una marioneta de Dios”, trágico); y extremismos de “sólo libertad” (“todo lo hago yo con mis propias fuerzas porque Dios me dio libertad”, pelagiano). Agustín escribió contra unos y otros como verdadero profeta, no fue un demagogo “endulzador de oídos” para ganarse a la tribuna. ¡No es “gracia o libertad” sino “gracia y libertad”!
 
Luego viene el párrafo clave en VD: Esto nos permite llamar la atención sobre un criterio fundamental de la hermenéutica bíblica: el lugar originario de la interpretación escriturística es la vida de la Iglesia. Esta afirmación no pone la referencia eclesial como un criterio extrínseco al que los exegetas deben plegarse, sino que es requerida por la realidad misma de las Escrituras y por cómo se han ido formando con el tiempo. En efecto, «las tradiciones de fe formaban el ambiente vital en el que se insertó la actividad literaria de los autores de la sagrada Escritura. Esta inserción comprendía también la participación en la vida litúrgica y la actividad externa de las comunidades, su mundo espiritual, su cultura y las peripecias de su destino histórico. De esto hemos hablado bastante en este Seminario Bíblico 2011-2012 por FM Parroquial 105.1. Las Escrituras se fueron formando en el tiempo en el seno del pueblo creyente, no es que Dios “dictara al oído palabra por palabra” a los autores sagrados, es Palabra de Dios que se nos comunica a través de palabras humanas. Por otra parte, es precisamente la fe de la Iglesia quien reconoce en la Biblia la Palabra de Dios; como dice admirablemente san Agustín: «No creería en el Evangelio si no me moviera la autoridad de la Iglesia católica». Aquí hay un detalle muy importante: la fe de la Iglesia quien reconoce en la Biblia la Palabra de Dios. No nos confundamos, no dice “es” sino “en”, la Biblia contiene la Palabra de Dios de manera singular. La Biblia ha sido escrita por el Pueblo de Dios y para el Pueblo de Dios, bajo la inspiración del Espíritu Santo.
 
Después el documento lo cita a san Jerónimo (343-429): «quien no conoce las Escrituras no conoce a Cristo», así tenemos en estos puntos de VD dos grandes puertas: 1) Por Cristo a las Escrituras (VD 29) y 2) Por las Escrituras a Cristo (VD 30). Resulta interesante recordar lo que escribe san Jerónimo a los luciferianos: “La Biblia no consiste en textos que se citan, sino que se comprenden”. Así, tenemos referencias a 4 doctores de la Iglesia, además de “Dei Verbum” y “La interpretación de la Biblia en la Iglesia” en esta parte de VD.

 
Pero nos falta uno más: «Las palabras divinas crecen con quien las lee» san Gregorio Magno (540-604), uno de los grandes padres latinos junto a san Jerónimo, san Agustín y san Ambrosio. Pero recordemos que La intensidad de una auténtica experiencia eclesial acrecienta sin duda la inteligencia de la fe verdadera respecto a la Palabra de Dios. No se trata de cualquier experiencia eclesial, no se trata de “reinos personales” animados por juglares, comediantes y saltimbanquis que “pasan la gorra” en un domicilio privado o en un teatro; sino al contrario, se trata de una experiencia eclesial auténtica, es decir, acreditada, que es lo que dice ser, esto es la Casa de la Palabra de Dios, la Casa de Cristo, la Casa de Dios, que somos nosotros, la Iglesia.
 
Porque toda casa tiene su constructor, y el constructor de todas las cosas es Dios. Moisés fue fiel en toda su casa, en calidad de servidor, para dar testimonio de lo que debía anunciarse, mientras que Cristo fue fiel en calidad de Hijo, como jefe de la casa de Dios. Y esa casa somos nosotros, con tal que conservemos la seguridad y la esperanza de la que nos gloriamos. (Hebreos 3, 4-6).

 
¡Palabra viva!

Mauricio Shara
 
Bibliografía:
Texto bíblico de la versión argentina “El Libro del Pueblo de Dios”
Benedicto XVI, Exhortación Apostólica postsinodal “Verbum Domini”, 29-30
Gabriel Mestre, “Para leer Verbum Domini”, Buenos Aires, Ágape, 2011, 43
Ramón Trevijano, Patrología, BAC, Sapientia Fidei, Madrid, 2009, 292-309
Ibíd., 323-332
Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I-II, q. 106, a. 1
Fernando Figueiredo, “Vida y pensamiento de los Padres. Introducción a la patrología”, Tomo III, Buenos Aires, Lumen, 2007, 119-135

1 comentario:

  1. Anónimo22.1.12

    No puedo calificar este Art., ya que pecaria de soberbia...En lo que a mi respecta es excelente.
    Habria que ver que piensan los lectores del
    blog...Solo intensifico que las Sagradas Escritu-
    ras, deben leerse no solo con Fe, sino que pidien
    do luces al Esp. Sto., de manera de poder discer-
    nir que nos quiere decir el Senior, a cada uno de
    manera personal...!
    ETELVINA

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