"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

21 de diciembre de 2011

El divorcio es factor de indigencia, el matrimonio perenne es factor de bendición



Reflexión semanal de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa
«Claves para un mundo mejor» (17 de diciembre de 2011)
 


Hace unos días he leído una noticia que me ha dejado perplejo y quería compartirla con ustedes: se refiere a la situación de los papás separados en Italia. Está encabezada así: “No son mendigos que han robado la ropa que visten. Son exactamente ellos, en saco y corbata, pero en la fila por una comida en la mesa de Caritas. Los papás separados, los pobres del tercer milenio, invisibles para las estadísticas, impotentes delante de la ley, un nivel de indigencia que en los últimos años ha alcanzado cifras difíciles de creer”.
 
Efectivamente, las cifras parecen difíciles de creer. Son proporcionadas por una Asociación de Abogados Italianos que se dedica a atender cuestiones matrimoniales.
 
Según esta estadística, hay en Italia dos millones doscientos mil papás separados. Estoy hablando de varones. De ellos, ochocientos mil viven bajo el nivel de pobreza y doscientos cincuenta mil disponen de menos de trescientos euros por mes para mantenerse”.
 
Siguen las cifras: en Roma hay noventa mil de estos papás que buscan asistencia. Es decir que hablamos del 25%. O sea uno sobre cuatro. Y, en Milán, cincuenta mil que buscan asistencia porque no tienen suficiente para vivir.
 
Otro dato explica que novecientos cincuenta mil padres separados pueden ver a sus hijos solo una tarde por semana. Y esto ocurre porque alquilan un cuarto y el chico no puede pasar la noche con ellos, no pueden estar juntos varios días. Y ciento cincuenta mil son padres que han perdido todo contacto con los hijos.
 
Esto representa una situación, muy grave. No sé cuáles son las cifras en la Argentina y si alguien se ha ocupado de buscar estadísticamente qué pasa.
 
¿Qué nos sugiere todo esto? En primer lugar, que aquí se destaca cómo el matrimonio y la familia, fundada sobre el matrimonio, tiene un valor económico. Importa muchísimo no solo para la estabilidad económica de los contrayentes o de los miembros de una familia, sino yo también para la sociedad entera. Tiene que ver con el desarrollo de una sociedad, con la situación mejor de una sociedad.
 
Podemos decir entonces que existe un valor económico en el matrimonio y en la familia.

Otro comentario que se me ocurre: estas cifras altísimas de separaciones implican que hay una precariedad creciente en los vínculos, dificultades enormes para conservar vínculos estables.
 
La estadística publicada se refiere a varones, pero también habría que apuntar cuántas mamás separadas están en situación de pobreza, además de pasar otra serie de situaciones conflictivas o de gravísima necesidad.
 
Esto nos remite a la precariedad de los vínculos. Podríamos decir que, hoy día, como consecuencia de la legalización del divorcio, la perennidad del vínculo matrimonial ha perdido importancia, ha perdido relieve, consistencia. Se contrae un matrimonio que se puede deshacer y hay plena conciencia de esta situación. En Italia, esta misma Asociación de Abogados apunta que dura 27 minutos el trámite para obtener una separación, todo se puede hacer y deshacer muy rápidamente.
 
¿Qué remedio hay? ¿El remedio sería no casarse? Esto es lo que me parece que está ocurriendo en muchas partes del mundo y concretamente en Argentina. Ya que no va a durar, para qué casarse. Lo sabemos por lo que se constata en el ámbito religioso, pero es sabido también que en el ámbito civil hay mucha gente que prefiere convivir y no casarse.
 
Cuando el Papa Benedicto XVI, hace un tiempo, refiriéndose al problema del divorcio dijo que era una plaga, surgieron una serie de impugnaciones y protestas, como si hubiera pronunciado un insulto. En realidad no estaba acusando a las personas que se separan o que se divorcian, que después de todo son víctimas de una situación, la hayan provocado o no, sino que estaba señalando una realidad social y cultural negativa. Se trata de algo que es deseable que no existiera.
 
Conclusión: es necesario una preparación para el matrimonio y la familia, una educación específica. Pensamos en el futuro de la sociedad, de la sociedad argentina y en el futuro del mundo, en el futuro de la humanidad.
 
Ahora tenemos en nuestras escuelas educación sexual. Pero ¿la educación sexual prepara para evitar aquellos fracasos? ¿Prepara para evitar situaciones como esta? Todo lo contrario: la educación sexual, tal como aparece en los planes oficiales, supone información parcializada y cuidarse de las consecuencias naturales de una sexualidad irresponsablemente ejercida. Ya sabemos que se entiende por eso.
 
Nosotros postulamos una educación para el amor, la castidad, el matrimonio y la familia. Allí se ubica entonces correctamente la dimensión sexual de la persona humana.
 
Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata
 
Fuente: AICA

1 comentario:

  1. Anónimo21.12.11

    Que mas agregar a las palabras de Mons. Aguer.
    El divorcio no es solo factor de indigencia sino
    de "Paciencia"...!

    ETELVINA

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