"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

14 de noviembre de 2011

Mons. Aguer: "Libros para ser libres"


Reflexión semanal de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa «Claves para un mundo mejor» (22 de de octubre de 2011)
 

¿Qué relación podría establecerse entre los libros y la libertad? Más allá del juego de palabras es importante advertir que la libertad no es una fuerza ciega, no es una elección indeterminada de la voluntad abierta a posibilidades infinitas, pero sin orientación.
 
La libertad es orientada por la inteligencia, por la razón. Entonces, en la estructura del acto libre hay un juego muy delicado, muy bello, entre la razón y la voluntad.
 
De modo que es importante saber qué ideas se ha forjado la razón acerca de la realidad, qué sentido ha adquirido de la vida, qué horizonte propone para las elecciones que una persona tiene que hacer. Es la inteligencia la que ofrece el contenido objetivo a la libertad: lo que hay que elegir, y las razones por las cuales hay que elegir o no, hay que elegir esto o aquello.
 
Una concepción correcta de la libertad valoriza aquellos medios o instrumentos que le permiten a la inteligencia humana conocer mejor la realidad del hombre y la realidad de las circunstancias en las cuales el hombre tiene que obrar.
 
Tradicionalmente, en occidente, y sobre todo en los siglos modernos, se ha pensado mucho en esto. Se ha advertido que es importante, por ejemplo, una cultura, una concepción del mundo para poder obrar con sentido, para poder ser más libre.
 
Hoy día, por ejemplo, los expertos en las cuestiones cognitivas y en la pedagogía suelen observar que los chicos, actualmente, utilizan un bagaje muy restringido de palabras. Usan pocas palabras. No saben cómo expresarse. Si tienen pocas palabras para emplear o para designar las cosas quiere decir que tienen pocas ideas en su cabeza y quiere decir que también se basan en una relación también restringida con la realidad. Sólo abarcan un sector muy restringido de la realidad, y eso significa también una limitación de la propia libertad.
 
Como decía, la tradición moderna de occidente insiste mucho en la necesidad de la instrucción, del conocimiento. ¿Para qué? Para ser libres. De allí vamos a la cuestión de los libros. Es fundamental leer.
 
¿Por qué los chicos usan pocas palabras? Lo hacen porque leen poco. Entonces no saben cómo nombrar las cosas.
 
Por lo tanto, el conocimiento que proporcionan los libros es importante para el crecimiento personal y para el horizonte que puede abrirse al ejercicio de la propia libertad.
 
Podríamos reducir esta reflexión a una especie de slogan: “Libros para ser libres”. Estoy obviamente refiriéndome a los buenos libros, a los libros que tienen un contenido edificante, a aquellos que representan para el hombre un verdadero crecimiento espiritual y pienso, desde la perspectiva cristiana, a libros de formación en la vida cristiana. Por empezar pienso en la Sagrada Escritura y toda la tradición literaria que constituye un “corpus” sapiencial iluminado por la fe cristiana.
 
Valga esto para animar a la lectura y para la elección de buenos libros. Esa elección de los buenos libros está íntimamente, aunque de un modo un poco secreto y misterioso, vinculada a la buena elección de las cosas que debemos decidir en la vida.
 
Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata
 
Fuente: AICA

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