"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

17 de octubre de 2011

Mons. Arancedo: "Se recurre a lo religioso para obtener beneficios, hay en ello como un retroceso al mundo de lo mágico"



Homilía de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz,
en la misa de desagravio a la Virgen de Guadalupe (16 de octubre de 2011)
 

Queridos hermanos:
 
Nos ha convocado en este día de la Madre y en este lugar tan nuestro, un acontecimiento que hace a nuestra fe en Dios, el Padre de Nuestro Señor Jesucristo. En ese camino de Dios hacia el hombre la figura de la Virgen María ocupa un lugar único, ella fue la mujer elegida para ser la Madre de Jesucristo. La riqueza y el significado de su vida los conocemos por los evangelios que nos dan pequeñas señales de una presencia silenciosa, que nos enseña a escuchar y contemplar a Jesucristo. Será el mismo Jesucristo quién nos la deja como Madre, cuando estando al pie de la cruz le dice: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”, refiriéndose a nosotros en la persona del discípulo amado; y luego a nosotros, contemplando a María: “Ahí tienes a tu Madre” (Jn. 19, 26). Hemos sido dados a ella como hijos y encomendados a su cuidado maternal. Esta conciencia cristiana, que tiene su raíz en la misma Palabra de Dios, es el fundamento de nuestra devoción a la Virgen María.
 
Desde los primeros siglos y en las diversas culturas en las que se propagó el cristianismo, la figura de María fue despertando en el pueblo la certeza de una cercanía que marcó profundamente su vida y devoción. Las diversas advocaciones a lo largo de la historia son testimonio de esta fe del pueblo cristiano. Entre nosotros, aquí en Santa Fe, fuimos descubriendo esta misión que Jesucristo le había encomendado en aquella simple imagen que fuera venerada por el amor y el testimonio del recordado ermitaño Javier de la Rosa. En este lugar fue proclamada Madre y Patrona de Santa Fe. La devoción a la Virgen que tiene su raíz en la Biblia tuvo un anclaje histórico entre nosotros bajo la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe. Ella no ocupa el lugar de Jesucristo, pero en El la reconocemos nuestra Madre.
 
Este hecho se hizo devoción y cultura en la comunidad santafesina. Una presencia, por otra parte, que nunca fue causa de distancia hacia quién no manifestaba su devoción. Es más, era reconocida con ese noble sentido de respeto que ha caracterizado a nuestra gente. Por ello, con sentimientos de dolor, desconcierto y repudio asistimos al retiro y posible destrucción de la venerada Imagen, que fuera bendecida y entronizada en el Estadio Brigadier López de nuestra ciudad. No dudamos, dijimos en esa ocasión, que Ella como Madre de todos sabrá perdonar el error (o agravio) de quienes lo hayan cometido o permitido. A nosotros, concluíamos, la gravedad objetiva de este hecho nos obliga a reparar el debido respeto que merece su presencia, su historia y devoción. No pretendo juzgar intenciones, pero ante este hecho he sentido el deber como hijo y la responsabilidad como obispo de asumir el deseo de muchos fieles que han vivido con desolación este acontecimiento, ello me lleva a presidir este acto religioso como homenaje y desagravio a su persona.
 
Creo oportuno en este contexto reflexionar sobre algunos aspectos que hacen a nuestra vida religiosa. En el mundo actual es común confundir lo auténticamente religioso, que es una relación libre y confiada del hombre en Dios, con una serie de formas con las que se pretende manejar lo que se nos presenta como incierto. Parecería que lo religioso se identifica con lo irracional y con ese mundo de fuerzas que no manejamos. Se recurre a lo religioso para obtener beneficios, hay en ello como un retroceso al mundo de lo mágico. La verdadera fe en Dios no es garantía de un éxito inmediato, sino una presencia que ilumina y da sentido a la vida del hombre, incluso en lo adverso incluida la misma muerte, porque ella, la fe, nos introduce en la verdad profunda de nuestra condición de criaturas. La fe sabe aceptar, además, la autonomía de lo humano con sus propias leyes; ella no suple lo humano. La fe no vive buscando milagros, tampoco es un recetario de respuestas, sino el encuentro con un Dios que nos abre el camino a un horizonte más amplio que lo inmediato. La auténtica fe purifica lo religioso. Ella nos habla de la grandeza y de los límites del hombre como ser creado, pero nos dice que vivimos bajo la mirada de un Dios providente y con vocación de eternidad, con un destino trascendente. La fe da sentido y esperanza a nuestra vida y peregrinar por el mundo.
 
Queridos hermanos, pido al Señor que esta celebración que ha nacido de nuestra fe en Dios y de nuestro amor a la Santísima Virgen María, al tiempo que es un justo acto de reparación y testimonio de nuestra devoción, sea también un camino de encuentro que nos permita crecer como hermanos en el respeto y el amor, que son frutos del Evangelio de la verdad y la misericordia que hemos recibido y predicamos. Considero que este es el mejor testimonio de hijos agradecidos a la Santísima Virgen María en esta triste circunstancia que nos ha tocado vivir. Estos son los sentimientos que hoy, en el Día de la Madre, hemos querido venir a expresarle a la Madre de Jesucristo que la veneramos en Santa Fe bajo la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe.
 
Amén.
 
Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz
 
Fuente: AICA

1 comentario:

  1. Anónimo17.10.11

    Hermoso acto de reparacion a Nstra. Madre Ssma.
    Realmente se procede como en el mundo de lo magico y no, en el de la Fe. Me confieso anti-pro-mesas lo que hace el comun de las gente: "Si
    me das tal cosa, te prometo......etc." Lo que hay que hacer es Pedir lo que quisieramos obtener y si es para nuestro bien, seguro que lo lograremos.
    Pero no "canjear" ni con Cristo, ni con su Madre.
    ETELVINA

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