"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

24 de septiembre de 2011

Benedicto XVI: "Una fe auto-construida no tiene valor. La fe no es algo que excogitamos o concordamos. Es el fundamento sobre el cual vivimos. La unidad no crece mediante el sopesar ventajas y desventajas, sino profundizando cada vez más en la fe mediante el pensamiento y la vida"

A las 12,00 Benedicto XVI participó en la celebración ecuménica en la iglesia del antiguo Convento de los Agustinos de Erfurt. Alrededor de 300 personas asistieron a la ceremonia durante la cual el obispo evangélico Friedrich Weber leyó el Salmo 146 en la traducción alemana de Martin Lutero y la presidenta del Sínodo de la Iglesia Evangélica Alemana, Katrin G. Eickhardt, pronunció un breve saludo. El Papa rezó la Oración por la Unidad de los Cristianos y el cardenal Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos leyó la Oración Sacerdotal de Jesús, del Evangelio de san Juan. A continuación el Santo Padre pronunció la homilía de la que ofrecemos amplios extractos:



 “No ruego sólo por éstos sino por los que van a creer en mí por su palabra”. Fueron las palabras que, según el Evangelio de san Juan, Jesús dirigió Padre en el Cenáculo (...) En esa oración está el corazón más profundo de nuestra unidad. Seremos, pues una sola cosa, si nos dejamos llevar por ella”.

“La oración de Jesús ¿ha quedado desoída? La historia del cristianismo es, por así decirlo, la parte visible de este drama, en que Cristo lucha y sufre con nosotros, los seres humanos. Una y otra vez debe soportar el contraste con la unidad, y aun así, siempre de nuevo en Él se cumple la unidad, lo mismo que con el Dios Trinitario. (...) Por eso, en un encuentro ecuménico, no debemos lamentar solo las divisiones y las separaciones, sino agradecer a Dios todos los elementos de unidad que ha conservado para nosotros y que continuamente nos da. Y esta gratitud debe ser, al mismo tiempo, disponibilidad para no perder la unidad alcanzada en un tiempo de tentación y de peligros”.

“La unidad fundamental consiste en el hecho de que creemos en Dios (...) Que lo profesamos como Dios Trinitario (...) La unidad suprema no es la soledad (...) sino la unidad a través del amor. Creemos en Dios, en el Dios concreto. Creemos que Dios nos ha hablado y se ha hecho uno de nosotros. Dar testimonio de este Dios vivo es la tarea común que ahora nos incumbe”.

“La sed de infinito del ser humano no se puede extirpar (...) Ha sido creado para relacionarse con Dios y lo necesita. Nuestro primer servicio ecuménico, en este tiempo, debe ser testimoniar juntos la presencia del Dios vivo y dar así al mundo la respuesta que necesita. Naturalmente, de este testimonio fundamental (...) forma parte de modo absolutamente central, el testimonio de Jesucristo, verdadero hombre y verdadero Dios, que vivió entre nosotros, padeció y murió por nosotros, y en su resurrección abrió de par en par las puertas de la muerte. (...) ¡Fortifiquémonos en está fe! ¡Ayudémonos recíprocamente a vivirla! Esta es una gran tarea ecuménica que nos introduce en el corazón de la oración de Jesús”.

“La seriedad de la fe en Dios se manifiesta en vivir su palabra. En nuestro tiempo, se manifiesta de una forma muy concreta, en el compromiso (...) por el ser humano, que Él quiso a su imagen. Vivimos en un tiempo en que los criterios de la humanidad se han hecho inciertos. La ética se sustituye con el cálculo de las consecuencias. Frente a esto, como cristianos, debemos defender la dignidad inviolable del ser humano, desde la concepción hasta la muerte, desde las cuestiones de la diagnosis previa a su implantación hasta la eutanasia.(...) La fe en Dios debe concretarse en nuestro común trabajo por el hombre. Forman parte de esta tarea no sólo estos criterios fundamentales de humanidad sino, sobre todo y de modo concreto, el amor que Jesús nos ha enseñado en la descripción del Juicio Final: el Dios juez nos juzgará según nos hayamos comportado con nuestro prójimo, con los más pequeños de sus hermanos. La disponibilidad para ayudar en las necesidades actuales, más allá del propio ambiente de vida es una tarea esencial del cristiano”.

“Esto vale sobre todo en el ámbito de la vida personal de cada uno. Vale también en la comunidad de un pueblo o de un Estado, en la que todos deben hacerse cargo unos de otros. Vale para nuestro continente, en el que estamos llamados a la solidaridad europea. Y, en fin, vale más allá de todas las fronteras: la caridad cristiana exige hoy también nuestro compromiso por la justicia en el mundo entero”

“En vísperas de la visita del Papa se ha hablado varias veces de que se esperaba del huésped un don ecuménico. No es necesario que yo especifique los dones mencionados en tal contexto. A este respecto, quisiera decir que este hecho constituye un malentendido político de la fe y del ecumenismo. Generalmente antes de que un Jefe de Estado visite un país amigo hay contactos entre las instancias que preparan la estipulación de uno o más acuerdos entre los dos estados: se sopesan los pros y los contras antes de llegar al compromiso más ventajoso para ambas partes y firmar entonces el tratado. Pero la fe de los cristianos no se basa en sopesar nuestras ventajas y desventajas. Una fe auto-construida no tiene valor. La fe no es algo que excogitamos o concordamos. Es el fundamento sobre el cual vivimos. La unidad no crece mediante el sopesar ventajas y desventajas, sino profundizando cada vez más en la fe mediante el pensamiento y la vida.”.

“Así, en los últimos 50 años, y en particular también gracias a la visita de Juan Pablo II hace 30 años se ha acrecentado entre nosotros el entendimiento (...) Expreso mi vivo agradecimiento a todos aquellos que han trabajado para lograrlo(...) Juntos podemos dar gracias al Señor por el camino de la unidad por el que nos ha conducido, y unirnos con confianza y humildad a su oración: “Haz, que todos seamos uno, como Tú eres uno con el Padre, para que el mundo crea que Él te ha enviado”.

Después del rezo común del Padre Nuestro, el pastor Nikolaus Schneider, presidente del Sínodo de la Iglesia Evangélica Alemana pronunció la bendición de Arón y el Papa bendijo según la forma trinitaria.

Fuente: VIS - Vatican Information Service

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