"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

16 de agosto de 2011

Madrid está invadida por la juvenil alegría de los católicos que esperan encontrarse con el hombre de Dios Benedicto XVI y renovar su encuentro con Jesucristo


Decenas de miles, centenares de miles de jóvenes se dirigen en estos momentos a Madrid desde los cuatro puntos cardinales de España. Desde Galicia, Asturias, el País Vasco, Navarra, Cataluña, en el norte; desde Cádiz, Sevilla y Málaga en sur; desde Valencia y Alicante en el este; desde Salamanca y León, en el oeste. ¿Qué los mueve a ir bajo un sol africano por las autopistas y carreteras que convergen en la céntrica capital de España? ¿Acaso la orquesta o la mejor estrella de rock o el encuentro deportivo del siglo? ¿Acaso un nuevo lider político que va a salvarnos de tanta corrupción y de la crisis económica? No. Esos centenares de miles de jóvenes europeos, americanos, asiáticos y africanos van a escuchar a un anciano alemán, un octogenario de voz débil y un corazón aun más debilitado, que les va a hablar de Jesús, el Hijo de Dios y los va a invitar a buscarlo, a encontrarlo, amarlo y seguirlo.


¿Qué mueve a estos jóvenes? AICA los interrogó en Madrid
“He venido para encontrarme con chicos católicos de otros países, para reforzarnos en nuestra fe”, dice Jeròme de Gramont, francés de 18 años.


“Estos encuentros nos permiten mostrar a la gente que en el mundo hay muchos jóvenes que creemos en Dios”, sostiene la polaca Kamila Pawlak, de 24 años.

“Vengo a profundizar en mi fe, con la que me reencontré en Colonia hace seis años”, dice el alemán Tobías Exner, de 24 años.

“Una amiga católica me ha invitado“, dice el canadiense Jimmy Boitard, protestante.

“El hecho de ser católica no es fácil de asumir actualmente en España. En mi curso solo dos nos declaramos católicos y todos –más de trescientos– se burlan de nosotros”, dice María del Carmen, madrileña, de 21 años.

“Hace tres años perdí la fe, en la que me habían educado mis padres y durante ellos he vivido pensando que era una pérdida de tiempo. Estoy aquí esperando volver a recuperarla” (Andrea, milanés, de 24 años).

“En las Jornadas de la Juventud en Sydney en 2008 tuve una experiencia muy fuerte. Por primera vez en mi vida sentí que Dios está cerca de nosotros. Desde entonces he leído mucho, pero quiero saber más y por eso estoy aquí”, dice Luis, un chino, de Hong Kong, de 23 años.

“Me estoy encontrando con jóvenes de culturas muy distintas, la convivencia y el ambiente de fiesta de estos días son formidables, pero creo que lo importante es que todos buscamos beber de la misma fuente, que es Cristo” (Kathy, de Arkansas, Estados Unidos, 21 años).

“Estuve unos meses en un convento de carmelitas, porque creí que tenía vocación. Lo dejé y ahora doy clases de desarrollo personal, de resolución de conflictos, de pensamiento crítico. Creo que así ayudo a los demás, pero eso no me ayuda a mí. Vengo a buscar una respuesta” (Alexis Pillay, de Port Elizabeth, Sudáfrica, 32 años).

Jóvenes que vienen con su historia a cuestas

Los que así hablan son unos cuantos de esos centenares de miles de jóvenes que comenzaron a llegar a España hace menos de una semana. Como se ve no todos ellos, ni mucho menos, son de misa diaria, ni siquiera dominical. Vienen “cada uno con su historia a cuestas”, como dice la colombiana Cristina; han probado las drogas, algunos han sido durante tiempo esclavos de ellas, han abortado, han perdido la fe, o nunca la han tenido –hay casos-. Todos vienen en busca de una respuesta existencial.

Por amigos, conocidos o familiares que estaban en condiciones similares a ellos y la encontraron en las Jornadas Mundiales de la Juventud en París, en Cracovia, en Denver, en Colonia o en Sidney, esperan hallar esa respuesta, afirmarse en la fe, reencontrarse con ella como hijos pródigos, conocer a Jesucristo, decidir su vocación y quizás ser sacerdotes o religiosas de clausura. Las JMJ de las ciudades citadas han sido un vivero de miles de vocaciones religiosas.

Olas juveniles que cantan, comen, rezan hacen retiros

Cubiertos con sombreros de paja, defendiéndose del calor con abanicos, sin separarse de botellitas de agua, con sus guitarras, flautas y tambores, cantan por las calles de Salamanca, de Ávila, de Toledo, juegan al fútbol (España contra el Resto del Mundo), agitan sus banderas, italianas, francesas, alemanas, brasileñas, polacas, nigerianas y hasta de Bharein y Japón, consumen grandes platos de paella y litros de gazpacho, visitan museos, asisten a conciertos.

Unos tres mil se encontraron en el verde valle de Loyola, donde nació San Ignacio, y tras dos días de retiro y de oración se pusieron en camino con el mismo espíritu de aquel vasco que revolucionó el mundo a mediados del siglo XVI.

Otros seis mil se reunieron y asistieron a una misa al pie del castillo de Xavier, el lugar donde nació uno de sus primeros discípulos, el navarro San Francisco Javier.

Ocho mil lo hicieron en la basílica Santiago de Compostela, tras hacer a pie cien o doscientos kilómetros de cualquiera de los Caminos de Santiago.

Cuarenta mil se dieron cita el sábado en el Forum de Barcelona participando en una misa multitudinaria presidida por el arzobispo de Barcelona, cardenal Luis Martínez Sistach, y concelebrada por los diez obispos de las diócesis catalanas y otros treinta obispos de varios países y al día siguiente colmaron la basílica de la Sagrada Familia.

Esta noche están llegando a la meta. Mañana los madrileños se encontrarán con un millón de visitantes que invadieron su ciudad. ¿Se dan ustedes cuenta de lo que es encontrarse de pronto con un millón de personas más?

La Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011 está a punto de comenzar.+ (Armando Rubén Puente, corresponsal en Madrid).

Fuente: AICA

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