"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

13 de agosto de 2011

"Cristo, los Apóstoles y sus sucesores" - Tradición y Escritura III. Seminario Bíblico por FM Parroquial 105.1


Seminario Bíblico por FM Parroquial 105.1
Subsidio 17: Tradición y Escritura III – “Cristo, los Apóstoles y sus sucesores”
 
I Introducción
 
Dispuso Dios benignamente que todo lo que había revelado para la salvación de los hombres permaneciera íntegro para siempre y se fuera transmitiendo a todas las generaciones. Por ello Cristo Señor, en quien se consuma la revelación total del Dios sumo, mandó a los Apóstoles que predicaran a todos los hombres el Evangelio, comunicándoles los dones divinos. Este Evangelio, prometido antes por los Profetas, lo completó El y lo promulgó con su propia boca, como fuente de toda la verdad salvadora y de la ordenación de las costumbres. Lo cual fue realizado fielmente, tanto por los Apóstoles, que en la predicación oral comunicaron con ejemplos e instituciones lo que habían recibido por la palabra, por la convivencia y por las obras de Cristo, o habían aprendido por la inspiración del Espíritu Santo, como por aquellos Apóstoles y varones apostólicos que, bajo la inspiración del mismo Espíritu, escribieron el mensaje de la salvación. Mas para que el Evangelio se conservara constantemente íntegro y vivo en la Iglesia, los Apóstoles dejaron como sucesores suyos a los Obispos, "entregándoles su propio cargo del magisterio". Por consiguiente, esta Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura de ambos Testamentos son como un espejo en que la Iglesia peregrina en la tierra contempla a Dios, de quien todo lo recibe, hasta que le sea concedido el verbo cara a cara, tal como es (cf. 1 Jn., 3,2). (Dei Verbum, 7).
 

Es interesante notar que el cap. II de la Dei Verbum (7-9), que seguiremos estudiando, no sigue el movimiento “Escritura – Tradición – Magisterio” sino que descubre para nosotros a la Tradición activa como englobante de todo lo anterior, por lo tanto no retrocede a un concepto ideológico como el de la “sola Scriptura” (que con fundamento, a partir de las realidades del siglos XIX y XX podemos catalogar así: “ideología de la sola Scriptura”) sino que vuelve a las fuentes, a la visión de san Ireneo de Lyon, más cercana a la Iglesia primitiva.
 
II Brevísimo análisis de Dei Verbum 7

Dispuso Dios benignamente que todo lo que había revelado para la salvación de los hombres. Se trata de todo lo revelado para la salvación. En la Biblia, p.e. nos encontramos también con realidades que responden a costumbres del pueblo judío que no hacen a la salvación, p.e. la esclavitud, leyes alimenticias, circuncisión, etc.

…Permaneciera íntegro para siempre y se fuera transmitiendo a todas las generaciones. Esto nos muestra la permanencia y transmisión de la Revelación. Otra vez, fijándonos en la Biblia afirmamos que ésta no contiene errores en cuanto a la salvación pero sí los contiene en otros aspectos que no hacen a la salvación de la humanidad. Por eso, el sabio Benedicto XVI en VD 17 afirmará: Aunque el Verbo de Dios precede y trasciende la Sagrada Escritura, en cuanto inspirada por Dios, contiene la palabra divina (cf. 2 Tm 3,16) «en modo muy singular». La Palabra de Dios precede y trasciende la Biblia y a la vez ésta contiene la Palabra de Dios en modo muy singular.  

Por ello Cristo Señor, en quien se consuma la revelación total del Dios sumo, mandó a los Apóstoles que predicaran a todos los hombres el Evangelio, comunicándoles los dones divinos. En Jesucristo se consuma de manera total la Revelación, Jesucristo no escribió ni envió a los Apóstoles a escribir sino a predicar el Evangelio, así la Revelación no parte de la Escritura ni de la Tradición sino de la Fuente misma que es el Señor Jesús. En esto el Concilio Vaticano II toma distancia del Concilio de Trento y del Concilio Vaticano I (1870, que utilizó la trilogía: “profetas – Jesucristo – Apóstoles”).  Este Evangelio, prometido antes por los Profetas, lo completó El y lo promulgó con su propia boca, como fuente de toda la verdad salvadora y de la ordenación de las costumbres.

Lo cual fue realizado fielmente, tanto por los Apóstoles, que en la predicación oral comunicaron con ejemplos e instituciones lo que habían recibido por la palabra, por la convivencia y por las obras de Cristo, o habían aprendido por la inspiración del Espíritu Santo, como por aquellos Apóstoles y varones apostólicos que, bajo la inspiración del mismo Espíritu, escribieron el mensaje de la salvación. La comunicación del Evangelio pasó primero por la Tradición oral, que no son sólo “palabras” sino también ejemplos e instituciones. En cuanto a las instituciones, éstas están en la vida del culto, los sacramentos y la moral de la Iglesia primitiva. El objeto de esta comunicación, de esta predicación es lo que los Apóstoles aprendieron de Cristo a lo largo de su convivencia con Jesús y lo que les fue dado por el Espíritu Santo (cf. Juan 15,26). Se trata de la acción visible de Jesús y la acción interior del Espíritu. Luego, la escritura del mensaje salvífico se hace bajo la inspiración del mismo Espíritu y queda englobada en la Tradición activa del Evangelio vivo.

Mas para que el Evangelio se conservara constantemente íntegro y vivo en la Iglesia, los Apóstoles dejaron como sucesores suyos a los Obispos, "entregándoles su propio cargo del magisterio". Por consiguiente, esta Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura de ambos Testamentos son como un espejo en que la Iglesia peregrina en la tierra contempla a Dios, de quien todo lo recibe, hasta que le sea concedido el verbo cara a cara, tal como es (cf. 1 Jn., 3,2).  Así, llega el turno de los Obispos, como sucesores de los Apóstoles, para que el Evangelio se conserve íntegro. Recién ahora llegan la Tradición y la Escritura (en este orden, siempre en este orden) presentadas en sentido estricto y que son como un “espejo” (como eran antiguamente sin la nitidez actual) en el cual contemplar a Dios, hasta que lleguemos al Verbo de Dios “cara a cara”. El cristianismo no es la “religión del Libro” y la Iglesia no marcha hacia encontrarse con un “Libro” sino con Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas. Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto. Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí. (I Corintios 13, 9-12).

Preparado por Mauricio Shara en base a la siguiente bibliografía:
Texto bíblico de la versión argentina “El Libro del Pueblo de Dios”
Armando J. Levoratti, “Cómo interpretar la Biblia”, Comentario Bíblico Internacional católico y ecuménico para el siglo XXI, Navarra, Verbo Divino, 2005, 30-32
Benedicto XVI, Exhortación Apostólica postsinodal “Verbum Domini”, 17
Apuntes de Teología Fundamental
Constitución Dogmática “Dei Verbum”, Concilio Ecuménico Vaticano II, 7

1 comentario:

  1. Anónimo14.8.11

    No es mas edificante y nos aprovecha mucho mas
    leer y escudriniar la Palabra, que el discurso
    de Figueroa, en Villa Giardino.??? Pregunto nada
    mas.!

    ETELVINA

    ResponderEliminar

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