"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

25 de junio de 2011

"Yo Soy el Pan vivo bajado del cielo"



51 Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo». 52 Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?». 53 Jesús les respondió: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. 54 El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. 55 Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. 56 El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. 57 Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. 58 Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente». (Juan 6, 51-58)
 

Esta perícopa litúrgica de Corpus Christi está compuesta de dos estructuras juánicas (6, 42-52 y 6, 53-58) que tienen como centro sendas frases de los versículos 51 y 55, respectivamente. Es decir, “Yo soy el pan vivo bajado del cielo” yPorque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida”. De estas frases trataremos de ocuparnos para ayudarnos a contemplar el Evangelio.
 
“Yo soy el pan vivo bajado del cielo”. La declaración de Jesús como pan vivo no es innovadora en cuanto a todo el discurso contenido en el gran capítulo 6 del evangelio juánico pero es la representación más explícita del Mesías como pan, mucho más que “el pan de la vida” o “pan de vida” de 6, 35.48 que nos presenta el efecto vital que produce el pan eucarístico. En cambio, ahora Jesús se nos revela como “el pan vivo”, Aquel que inhiere al pan con su presencia, el que vive y está unido al pan: “Yo soy el pan vivo”. Luego, nos dice que ha bajado del cielo, aunque una traducción más literal sería “el que bajó del cielo” por el participio aoristo “katabás” en griego, aludiendo a la Encarnación como el hecho que se realizó en la historia. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida”. La segunda declaración central de la perícopa litúrgica atribuye a la carne y la sangre de Jesús un sentido propio, verdadero y auténtico. Es decir, que la carne y la sangre de Jesús es algo que realmente de come y se bebe, comunicando la Vida a quienes se alimentan de este modo.       
 
Pero estas dos grandes declaraciones quedarían sólo en una especulación de nuestro teólogo Juan, que de manera brillante presenta la teología eucarística del cap. 6 bajo la inspiración del Espíritu Santo. Es necesario contemplarnos a nosotros en esta Palabra de Dios: 51b El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo»; «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. 54 El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.; 56 El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Ahora, la teología se vuelve Comunidad, se hace Iglesia que rememora el pasado, actualiza la Eucaristía y se proyecta a la vida eterna. Se realiza en función de la relación vital entre el Padre, Jesús y la Iglesia en el Espíritu Santo: 57 Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. Así como Jesús vive por el Padre, los que comemos la carne y bebemos la sangre de Jesús nos unimos con Cristo en el Espíritu Santo y vivimos por Jesús, gracias a Él, en comunión con Dios y con nuestros hermanos.
 
La celebración de Corpus Christi o Corpus Domini se introdujo en occidente en el siglo XIII en relación a las reformas introducidas por el movimiento litúrgico que se desarrolló desde el año 1000 y que nos ha heredado bellísimas costumbres de visualizar, contemplar, admirar y adorar al Santísimo Sacramento en las procesiones. Es una gran oportunidad para la “comunión contemplativa” animada por la Palabra de Dios, especialmente entre los divorciados vueltos a casar que siguen perteneciendo a la Iglesia y deben ser integrados a la comunidad cristiana. Nuestro teólogo Juan también nos presenta a Jesús hablando de creer en Él levantado, visualizado, contemplado: De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna. Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. (Juan 3, 14-16).
 
Editorial de Prensa Cristiana Digital 39 (2011) 2

3 comentarios:

  1. Anónimo26.6.11

    Hago mias las palabras del Cardenal: "No nos dis-
    greguemos" en este tiempo en que nos quieren dis-
    gregar, que somos perseguidos, atacados, en que se burlan de nosotros, vivamos unidos en Comunion
    comamos su Cuerpo y bebamos su Sangre, que se fun
    da en nosotros y cobijados bajo el manto de Nstra
    Madre Ssma, sigamos el caminar del que es Camino,
    Verdad y Vida...!!!
    Que es sea nuestro proposito en esta celebracion
    de Corpus Christi.!
    ETELVINA

    ResponderEliminar
  2. Anónimo26.6.11

    Una vez mas Mauricio, las imagenes con que ilus-
    tras las publicaciones de estas paginas, resul-
    tan poderosas para mi. Esta del Cuerpo y Sangre
    de Jesus, me llevo a pensar que cada vez que nos
    acercamos a la Mesa y lo recibimos, se enciende
    nuestro pecho en llamaras de su Amor y su Poder.!
    ETELVINA

    ResponderEliminar
  3. Anónimo27.6.11

    Perdon donde dice "llamaras" debe decir "Lamaradas".

    ETELVINA

    ResponderEliminar

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