"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

16 de junio de 2011

Dios quiere compartir su Espíritu con todos los hombres del mundo



Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para el domingo de Pentecostés (12 de junio de 2011)
 
Jn 20,19-23
 

I. JESÚS, RESUCITADO POR EL ESPÍRITU DE DIOS PADRE, LO COMUNICA COMO CABEZA DE LA NUEVA HUMANIDAD
 
1. El evangelista Juan, al narrar la primera manifestación de Jesús resucitado, lo describe realizando su obra máxima preanunciada por él en la última cena: la comunicación del Espíritu del Padre. Gracias a él, el Hijo de Dios entró en la vieja humanidad, siendo concebido en el seno de María Virgen. Gracias a él, Jesús transitó entre los hombres, superando las tentaciones que pretendían distraerlo de su misión. Y cuando pareció derrotado por la muerte en cruz, gracias al Espíritu resucitó a una Vida infinitamente superior a la que Dios concedió al primer Adán, inaugurando una Humanidad Nueva. Por ello el apóstol Pablo lo llama “el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús” (Rom 8,11).
 
2. Pletórico del Espíritu, Jesús no podía retenerlo para sí. Por ello, remedando el gesto bíblico con que Dios infundió su aliento en un muñeco de barro, lo primero que hace es comunicarlo a sus discípulos: “Sopló sobre ellos y añadió: ‘Reciban al Espíritu Santo” (Jn 20,22; cf Gen 2,7). Para que estos, a su vez, lo comuniquen a los demás, regenerándolos y perdonándoles los pecados: “Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan” (v. 23).
 
II. “VENIDOS DE TODAS LAS NACIONES DEL MUNDO”
 
3. El libro de los Hechos de los Apóstoles, por su parte, ubica el acontecimiento en Pentecostés, cuando los judíos celebraban la fiesta de las Chozas, muy vinculada a la Pascua, la misma en que Jesús había anunciado la efusión del Espíritu: “Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse. Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo” (Hch 2,1-5).
 
4. La escena muestra el dinamismo del Espíritu de Dios que quiere penetrar en todos lo hombres, sin distinción alguna. Primero comienza derribando el muro de las diversas lenguas: “Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua” (v. 6). Pronto hubo un nuevo Pentecostés, que derriba los muros de razas y naciones, como Pedro entiende y por ello otorga a los paganos el bautismo en el Espíritu Santo: “Mientras Pedro estaba hablando, el Espíritu Santo descendió sobre todos los que escuchaban la Palabra. Los fieles de origen judío que habían venido con Pedro quedaron maravillados al ver que el Espíritu Santo era derramado también sobre los paganos. En efecto, los oían hablar diversas lenguas y proclamar la grandeza de Dios. Pedro dijo: ‘¿Acaso se puede negar el agua del bautismo a los que recibieron el Espíritu Santo como nosotros?’. Y ordenó que fueran bautizados en el nombre del Señor Jesucristo” (Hch 10,44-48; cf 11,15-18).
 
III. POR EL ESPÍRITU, LA IGLESIA ES EL PUEBLO DE DIOS, CONGREGADO DE ENTRE TODOS LOS PUEBLOS DE LA TIERRA
 
5. Mientras el Espíritu de Cristo no complete su obra, habrá en nosotros un resto de egoísmo que pretenda apropiarse de él y negarlo a los demás. Como vimos, les sucedió a los primeros cristianos de origen judío, a quienes les costó aceptar que Dios quiere compartir su Espíritu con todos los pueblos del mundo. Todas las divisiones en la Iglesia, lo mismo que los errores en la evangelización, sucedieron por ignorar la naturaleza del Espíritu Santo, e identificar su obra, que es el pueblo de Dios congregado de entre todos los pueblos de la tierra, con una visión parcial de la realidad: un sector eclesiástico, una nación, un partido.
 
6. Para acometer una nueva evangelización, necesitamos tener la mirada de Dios sobre la humanidad. A ello nos ayuda contemplar la Iglesia como obra del Espíritu Santo tal cual la describe el Concilio. En uno de sus pasajes eximios, se refiere al Espíritu Santo que “habita en la Iglesia y en el corazón de los fieles como en un templo… Guía la Iglesia a toda la verdad… Con la fuerza del Evangelio rejuvenece a la Iglesia, la renueva incesantemente y la conduce a la unión consumada con su Esposo… Y así toda la Iglesia aparece como un pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Lumen Gentium 4). A la Iglesia-Pueblo de Dios, la constitución conciliar Lumen Gentium le dedica el capítulo II. Invito a leer completo al menos el párrafo 9: “Este pueblo mesiánico tiene por cabeza a Cristo… La condición de este pueblo es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios… Tiene por ley el nuevo mandato de amar como el mismo Cristo nos amó… Y tiene como fin, el dilatar más y más el reino de Dios, incoado por el mismo Dios en la tierra... Este pueblo mesiánico, aunque no incluya a todos los hombres actualmente y con frecuencia parezca una grey pequeña, es, sin embargo, para todo el género humano, un germen segurísimo de unidad, de esperanza y de salvación…”.

Mons. Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia
 
Fuente: AICA

1 comentario:

  1. JUANCHO17.6.11

    DIOS QUIERE COMPARTIR SU ESPIRITU CON TODOS LOS HOMBRES, A PESAR DE LOS QUE SE CREEN DUEÑOS DEL ESPIRITU SANTO.......

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