"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

10 de marzo de 2010

¿Renovación “cuaresmática”? – Editorial de marzo 2010 de Prensa Cristiana Digital


En la Sagrada Escritura dice: “Satura de bienes tu existencia, y tu juventud se renueva como la del águila” Salmo 103 (102), 5. En esta Cuaresma se proclamará este salmo entre el sábado 6 y el domingo 7 de marzo, no se leerá este versículo pero sí el contexto en el cual se encuentra.

Esta palabra es una promesa bíblica y una comparación por semejanza en lo que quiere expresar el salmista. Podría considerarse exagerada si se la lee exclusivamente con una mirada crítica. Pero es el Señor el que satura de bienes la existencia, podría decirse que se trata solamente de bienes espirituales pero estaríamos interpretando el significado desde una teología mezquina en su lógica que se aleja del sentido original, israelita, oriental, anterior al derramamiento del Espíritu Santo a todos los bautizados y confirmados en los tiempos de la Iglesia. La Biblia Hebrea de Stuttgart dice en su traducción interlineal: “El que sacia de bienes tus deseos” y ligada a esta promesa se encuentra la siguiente: “se renueva como el águila tu juventud”.

Acá podemos encontrar algunas claves de revelación hermenéutica: Dios sacia de bienes mis anhelos y Dios renueva mi juventud. ¿Cuáles son mis anhelos? Aquellos que verdaderamente tienen íntima relación con mi ser porque Dios me conoce mejor que yo mismo, es probable que mis deseos sean desordenados, impuros, estrafalarios, etc. Y Dios me quiere saciar de los bienes de Su Propia Naturaleza a mi vida: ordenados, puros y sabios, etc. Entonces, aquella interpretación teológica “mezquina” ya no aparece tan disparatada como en mi planteo inicial pero sin duda que mi amistad con Él es lo prioritario y toda bendición que pueda recibir de Él es tan inmerecida como también vinculada a mi vida y no a otra, no me bendecirá por mis envidias y codicias desordenadas sino para potenciar mi capacidad de bendecir a otros, en esa capacidad dada por Él Mismo saciará mi vida de bienes. Un buen testimonio de esto es la Madre Teresa de Calcuta, saciada de bienes espirituales y materiales para bendecir en el llamado que Dios le hizo y al cual ella fue fiel en momentos buenos y malos ¡Esa es una vida saciada de bienes de Dios! Aun cuando, por largos momentos, se sintió sola y en un desierto duro, fue la saciedad, la realización de su vida espiritual lo que le permitió continuar en su generosa tarea. Hace poco Benedicto XVI decía en una Lectio Divina: “el sacerdote es un hombre totalmente realizado” ver aquí . Un hombre totalmente realizado es un hombre a quien Dios sacia de bienes su vida. Entonces, vemos que lo “exagerado” de mi planteo y dudas iniciales deja de serlo para encontrarme con un requerimiento de fidelidad a Dios probado y consistente. Nada menos que un acceso cuaresmal al Camino de Cristo.

Luego, me queda la renovación de mi juventud. Hay jóvenes que son viejos y hay viejos que son jóvenes. En esta palabra no se me promete que renovaré mi vejez sino mi juventud y esto será similar a la renovación del águila ¿cómo se renueva el águila? Sin caer en exageraciones en cuanto al rigor científico y la aplicación espiritual, como tantos mensajes que pululan sobre águilas bíblicas: En su plumaje, ahí reside casi toda la renovación de las águilas, en aquello que les da la precisión en el vuelo y las protege. El águila se desprende de su antiguo plumaje para esperar el nuevo. Siendo así, en esta renovación no habrá “alas nuevas” sino “plumaje nuevo”. Entonces, descubro que no es exagerado lo que dice el salmista. No es pasar de una naturaleza a la otra, eso sería el nuevo nacimiento, el “nuevo hombre” y eso ya lo experimenté en mi vida sacramental. Dios no me dará nuevos sacramentos ni nuevas “unciones” en esta renovación, me renovaré “cuaresmáticamente” desprendiéndome desde mi realización sacerdotal como bautizado, lo tomo del Papa aunque él lo dice de los sacerdotes presbíteros, desde mis alas, mis luchas, mis entregas. Descubro otra cosa, que esto no es aplicable a una conversión inicial a Jesucristo sino a un convertido que necesita seguir su proceso de transformación. Me renovaré en esta Cuaresma despojándome de viejas actitudes de hombre carnal que hasta hoy me han seguido, me renovaré de caídas crónicas que no cambian mi esencia como cristiano valioso para el Reino pero que le quitan el brillo y la excelencia, la majestad como rey y la precisión como profeta. Me renovaré desde la realidad espiritual que Dios ha puesto en mi vida: Cristo en mi y me extenderé hacia Él. Me renovaré junto a mis hermanos en el espíritu comunitario y nos renovará el Señor en la vida de la Liturgia.

Es sabia la Iglesia al omitir este versículo en la Santa Misa en esta Cuaresma, su omisión es una elipsis litúrgica que le da realce al descubrirlo como gema escondida para una aplicación exigente: ¡Renovación “cuaresmática”! (PCD).

Editorial de Prensa Cristiana Digital No. 24 marzo del 2010
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