"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

22 de abril de 2013

Papa Francisco: "Recordad también que la Palabra de Dios no es propiedad vuestra: es Palabra de Dios. Y la Iglesia es la que custodia la Palabra de Dios”

El Papa Francisco ha conferido esta mañana en la basílica de San Pedro el sacramento del orden sacerdotal a diez nuevos presbíteros de la diócesis de Roma procedentes del Seminario Mayor, del Seminario de los Oblatas, del santuario de la Virgen del Divino Amor y del colegio diocesano Redemptoris Mater. Han concelebrado con el Santo Padre el cardenal Agostino Vallini, vicario general del Papa para la diócesis de Roma, el arzobispo vice-regente monseñor Filippo Iannone, los obispos auxiliares y los superiores de los seminarios de procedencia de los presbíteros.
 
 
La homilía que ha pronunciado el Obispo de Roma durante la Santa Misa ha sido, substancialmente, la “Homilía ritual” del Pontifical Romano para la ordenación de los presbíteros, integrada por el Papa con algunas observaciones personales centradas, sobre todo, en la misericordia que debe caracterizar a los nuevos sacerdotes. Ofrecemos a continuación amplios extractos de la misma:
 
El Señor Jesús es el único Sumo Sacerdote del Nuevo Testamento, pero en Él también todo el pueblo santo de Dios ha sido constituido pueblo sacerdotal. Sin embargo, entre todos sus discípulos, el Señor Jesús quiere elegir algunos en particular para que, ejerciendo públicamente en la Iglesia en su nombre el oficio sacerdotal en favor de todos los hombres, continúen su personal misión de maestro, sacerdote y pastor”.
 
Así como para ello Él había sido enviado por el Padre, del mismo modo Él envió a su vez al mundo, primero a los apóstoles y luego a los obispos y sus sucesores, a los cuales, en fin, se dio como colaboradores a los presbíteros, que –unidos a ellos en el ministerio sacerdotal – están llamados al servicio del pueblo de Dios”.
 
En cuanto a vosotros que estáis por ser promovidos al orden del presbiterado, considerad que ejerciendo el ministerio de la Sagrada Doctrina seréis partícipes de la misión de Cristo, único Maestro. Dispensad a todos esa Palabra de Dios que vosotros mismos habéis recibido con alegría. Recordad a vuestras madres, a vuestras abuelas, a vuestros catequistas, que os dieron la Palabra de Dios, la fe…. este don de la fe. Leed y meditad con asiduidad la Palabra del Señor, para creer lo que habéis leído, para enseñar lo que habéis aprendido en la fe, vivir lo que habéis enseñado. Recordad también que la Palabra de Dios no es propiedad vuestra: es Palabra de Dios. Y la Iglesia es la que custodia la Palabra de Dios””
 
Vosotros continuaréis la obra santificadora de Cristo... Con el Bautismo agregaréis nuevos fieles al Pueblo de Dios. Con el Sacramento de la Penitencia remitiréis los pecados en nombre de Cristo y de la Iglesia: hoy os pido en nombre de Cristo y de la Iglesia, por favor, no os canséis de ser misericordiosos. Con los óleos santos aliviaréis a los enfermos y también a los ancianos: no os avergoncéis de ser tiernos con los ancianos.”
 
Conscientes de haber sido elegidos entre los hombres y constituidos en favor de ellos para cuidar las cosas de Dios, ejerced con alegría y caridad sincera la obra sacerdotal de Cristo, con el único anhelo de agradar a Dios y a no a vosotros mismos. Sed pastores, no funcionarios. Sed mediadores, no intermediarios”.
 
En fin, participando en la misión de Cristo, Cabeza y Pastor, en comunión filial con su obispo, comprometeros a unir a vuestros fieles en una única familia para conducirlos a Dios Padre por medio de Cristo en el Espíritu Santo. Tened siempre ante vosotros el ejemplo del Buen Pastor, que no ha venido para ser servido, sino para servir y para tratar de salvar lo que estaba perdido”.
 
 
Fuente: VIS - Vatican Information Service

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