"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

17 de enero de 2013

Benedicto XVI bautizó a 20 niñas y niños

En la Capilla Sixtina, el Santo Padre ha bautizado a 20 niños y niñas, nacidos en los últimos meses e hijos de empleados del Estado de la Ciudad del Vaticano. En su homilía el Papa ha recordado que una vez adulto, Jesús da inicio a su ministerio público yendo al río Jordán para recibir de Juan un bautismo de penitencia y de conversión. “¿Jesús tiene necesidad de penitencia y conversión? - se ha preguntado el pontífice- Ciertamente no. Y sin embargo (...) quiere ponerse de la parte de los pecadores (...) expresando la cercanía de Dios. (...)Se muestra solidario con nosotros, con nuestra fatiga de convertirnos, de dejar nuestros egoísmos, de separarnos de nuestros pecados, para decirnos que si lo aceptamos en nuestra vida, Él es capaz de volver a levantarnos y conducirnos a la altura de Dios Padre. (...) Jesús se ha sumergido realmente en nuestra condición humana (...) y es capaz de comprender su debilidad y fragilidad. Por esta razón se compadece, elige padecer con los hombres, hacerse penitente junto a nosotros. Ésta es la obra de Dios que Jesús quiere cumplir: la misión divina de curar a quien está herido y medicar a quien está enfermo, de tomar sobre sí el pecado del mundo”.
 

Después, ha explicado que en el momento en que Jesús se hace bautizar por Juan “se abren los cielos y se manifiesta visiblemente el Espíritu Santo bajo forma de paloma, mientras una voz desde lo alto expresa la complacencia del Padre, que reconoce al Hijo Unigénito, al Amado (...) Se realiza así la profecía de Isaías (...) el Señor Dios viene con poder para destruir las obras del pecado y su brazo ejerce el dominio para desarmar al Maligno. Pero tengamos presente que este brazo es el brazo tendido en la cruz y que la potencia de Cristo es la potencia del que sufre por nosotros; este es el poder de Dios, distinto del poder del mundo; así viene Dios con su potencia para destruir el pecado”.
 
Mediante el sacramento los niños bautizados hoy “estarán unidos de modo profundo y para siempre con Jesús, inmersos en el misterio de su potencia (...) en el misterio de su muerte, que es fuente de vida, para participar en su resurrección, para renacer a una vida nueva (...) También sobre vuestros hijos se ha abierto el cielo y Dios dice: estos son mis hijos, en los que me complazco. Insertados en esta relación y liberados del pecado original, se convierten en miembros vivos del único cuerpo que es la Iglesia y son capaces de vivir en plenitud su vocación a la santidad, de modo que puedan heredar la vida eterna, obtenida gracias a la resurrección de Jesús”.
 
Dirigiéndose a los padres que han pedido el bautismo para sus hijos, el Santo Padre ha subrayado que manifestaban “la fe, la alegría de ser cristianos y de pertenecer a la Iglesia. Es la alegría que brota de la conciencia de haber recibido un gran don de Dios: la fe, un don que ninguno de nosotros ha podido merecer, pero que nos ha sido dado gratuitamente y al cual hemos respondido con nuestro “sí”. El camino de la fe que hoy comienza para estos niños se funda, por lo tanto, en una certeza, en la experiencia de que no hay nada más grande que conocer a Cristo y comunicar a los demás la amistad con Él; sólo en esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana y podemos experimentar lo que es bello y lo que libera”.
 
A los padrinos y madrinas ha recordado que les corresponde “el importante deber de sostener y ayudar a los padres en su tarea (...) Dad siempre buen ejemplo, mediante el ejercicio de las virtudes cristianas. No es fácil manifestar abiertamente y sin compromisos aquello en lo que se cree, especialmente en el contexto en el que vivimos, frente a una sociedad que, a menudo, considera pasados de moda y fuera del tiempo a quienes viven de la fe en Jesús. Siguiendo la ola de esta mentalidad, también los cristianos pueden correr el riesgo de entender la relación con Jesús como un límite, como algo que mortifica la realización personal (...) ¡Pero no es así! (...) Precisamente a medida en que se procede en el camino de la fe, se comprende que Jesús ejerce sobre nosotros la acción liberadora del amor de Dios, que nos hace salir de nuestro egoísmo (...) para conducirnos a una vida plena, en comunión con Dios y abierta a los demás. 'Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios'. Estas palabras de la Primera Carta de Juan expresan con singular claridad el centro de la fe cristiana: la imagen cristiana de Dios y también la consiguiente imagen del hombre y de su camino”.
 
“El agua con la cual estos niños serán bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, los sumergirá en esa 'fuente' de vida que es Dios mismo y los convertirá en sus hijos. Y la semilla de las virtudes teologales, infundidas por Dios, la fe, la esperanza y la caridad; semilla que hoy se planta en sus corazones por el poder del Espíritu Santo, deberá alimentarse siempre con la Palabra de Dios y los Sacramentos, para que estas virtudes del cristiano crezcan y lleguen a su plena maduración, hasta hacer de cada uno de ellos un verdadero testigo del Señor”, ha concluido.
 
Fuente: VIS - Vatican Information Service

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