"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

5 de marzo de 2012

Mons. José María Arancedo: cuando la vida religiosa sólo se apoya en el sentimiento, va perdiendo raíz y solidez. “Tú palabra, Señor, es la verdad,… …ella permanece para siempre… y es luz en mi camino…” (Sal. 118)


 Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (4 de marzo de 2012)
 

En este 2° domingo de Cuaresma leemos el evangelio de la Transfiguración del Señor, en el que escuchamos la palabra de Dios referida a Jesucristo pero dirigida a nosotros: “Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo” (Mc. 9, 7). La fe cristiana no es un sentimiento vacío, sino una escucha a la Palabra que Jesucristo nos dirige.
 
San Pablo afirma: “La fe, por lo tanto, nace de la predicación y la predicación se realiza en virtud de la Palabra de Cristo” (Rom. 10, 17). Como vemos no podemos desconectar nuestra fe de Jesucristo, ni tampoco estar a la espera de una nueva revelación. Esto que marca la centralidad de Jesucristo nos debe llevar a privilegiar su Palabra como fuente y alimento de nuestra fe.
 
¡Qué poco tiempo ocupa en nuestra vida una lectura pausada de la palabra de Jesucristo, que vaya penetrando en nuestro interior para formar una mentalidad y una conciencia cristiana! Cuando la vida religiosa sólo se apoya en el sentimiento, va perdiendo raíz y solidez. “Tú palabra, Señor, es la verdad,… …ella permanece para siempre… y es luz en mi camino…” (Sal. 118).
 
Hay muchas maneras de leer, una puede ser informativa o recreativa, otra de estudio o profesional, todas son válidas en su nivel y estamos acostumbrados a ello. La lectura religiosa y fecunda de la Biblia tiene, sin embargo, sus propias características. El autor de este libro es Dios, su destinatario cada uno de nosotros, su contenido es una revelación que nos habla de Dios, del mundo y del hombre, su finalidad dar sentido actual y trascendente a nuestra vida. Como Palabra de Dios, si bien fue dicha en un tiempo determinado, es siempre actual.
 
Esto significa que al leerla puedo entrar en un diálogo personal con Dios, porque es una Palabra que permanece y ha sido dicha para mí. Por ello, cuando leo el evangelio con una actitud de fe me descubro como contemporáneo de Jesús. Él me habla y yo, hoy, le respondo. En un sentido puedo “chatear” con Jesucristo a través de su Palabra. Mi respuesta es el comienzo de algo único y personal con Dios que es la oración.
 
Como vemos, además de darnos un contenido y hacernos partícipes del pensamiento o revelación de Dios, la lectura de su Palabra nos introduce en el diálogo de la oración. La fe, a través de la escucha de su palabra, es la que nos descubre en una relación filial de amor y amistad con Dios. El mismo Señor nos lo dice en el evangelio: “yo los llamo amigos porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre” (Jn. 15, 15).
 
Fe y amor son dos realidades que en el evangelio siempre van juntas porque expresan el encuentro con Dios que es fuente de vida nueva: “En esto reconocerán que ustedes son mis discípulos, nos dice: en el amor que se tengan los unos a los otros” (Jn. 13, 35). Cuaresma es un tiempo propicio para iniciar o retomar una lectura pausada y religiosa de la Biblia. En ella descubriremos el sentido y la grandeza de nuestras vidas, como también el camino que nos muestra y es Jesucristo. ¡Qué bueno que uno de los frutos de esta Cuaresma sea hacernos discípulos del Señor por la lectura de su Palabra!
 
Reciban de su Obispo junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor Jesús que nos habla y quiere hacer camino con nosotros.
 
Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz
 
Fuente: AICA

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