"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

6 de febrero de 2012

Benedicto XVI: "Jesucristo vino a destruir el Mal desde la raíz, y las curaciones son un preludio de la victoria que obtendrá con su muerte y resurrección”

Como es habitual, Benedicto XVI se asomó esta mañana a la ventana de su estudio para rezar el Ángelus con los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro. El Papa comentó el evangelio del domingo que narra la curación de la suegra de san Pedro y de algunos enfermos de Cafarnaum por parte de Jesús. “Los cuatro evangelistas –dijo- concuerdan en atestiguar que la liberación de enfermedades de todo tipo constituyó, junto con la predicación, la actividad principal de Jesús en su vida pública (...) Jesucristo vino a destruir el Mal desde la raíz, y las curaciones son un preludio de la victoria que obtendrá con su muerte y resurrección”.



  “Jesús afirmó en una ocasión: ‘No son los sanos los que necesitan al médico, sino los enfermos’. En esa circunstancia se refería a los pecadores que vino a llamar y a salvar. No obstante –puntualizó el pontífice- es cierto, que la enfermedad es una condición típicamente humana, en la que nos damos cuenta de que no somos autosuficientes, sino de que necesitamos a los demás. En ese sentido, podríamos decir, paradójicamente, que la enfermedad puede ser una circunstancia saludable durante la cual sentimos la atención de los demás y les prestamos la nuestra. Sin embargo, es siempre una prueba, que puede ser larga y difícil. Cuando la curación no llega y los sufrimientos se prolongan, podemos sentirnos aplastados y aislados; entonces nuestra existencia se deprime y deshumaniza. ¿Cómo tenemos que reaccionar a este ataque del Mal? Ciertamente con las curas apropiadas –la medicina ha dado en estos años pasos de gigante y hay que agradecerlo-, pero la Palabra de Dios nos enseña que hay una actitud de fondo con la que hacer frente a la enfermedad: la fe en Dios y en su bondad”.

“Incluso ante la muerte la fe puede hacer posible lo que es humanamente imposible. ¿Pero fe en qué? En el amor de Dios. Esta es la verdadera respuesta que aniquila al Mal. (...) Todos conocemos personas que han soportado terribles sufrimientos porque Dios les daba una serenidad profunda. Pienso en el ejemplo reciente de la beata Chiara Badano, muerta en su juventud a causa de una enfermedad terrible: a todos los que iban a visitarla les transmitía luz y confianza. No obstante, en la enfermedad, todos necesitamos calor humano; para confortar a una persona enferma, más que las palabras, lo que cuenta es la cercanía serena y sincera”.

El Santo Padre concluyó recordando que el 11 de febrero, festividad de la Virgen de Lourdes, es la Jornada Mundial del Enfermo. “Hagamos nosotros también lo que hacía la gente en los tiempos de Jesús: presentémosle espiritualmente a todos los enfermos, confiados en que Él quiere y puede curarlos. E invoquemos la intercesión de la Virgen, especialmente en las situaciones de mayor sufrimiento y abandono”.

Jornada en defensa de la vida

Después de rezar el Ángelus, Benedicto XVI recordó que hoy se celebra en Italia la Jornada para la Vida, “que fue iniciada para defender la vida naciente y se ha extendido a la defensa de todas las fases y condiciones de la existencia humana. Este año, el mensaje de los obispos propone el tema: ‘Jóvenes abiertos a la vida’. Me uno a los Pastores de la Iglesia en Italia para afirmar que la verdadera juventud se realiza en la acogida, en el amor y en el servicio a la vida”.

En su saludo a los peregrinos de habla francesa, el Papa reiteró que el próximo sábado se celebran la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes y la Jornada Mundial de los Enfermos. “Junto a todos aquellos que se enfrentan a la enfermedad –dijo-, pidamos a Dios que nos dé la gracia del abandono y de la paciencia confiada. Que con la ayuda de Nuestra Señora de Lourdes y de Santa Bernadette podamos descubrir que la verdadera felicidad existe solo en Dios”. Hablando en polaco, añadió: “Pido a Dios que los enfermos estén acompañados por los atentos cuidados de los familiares, de los operadores sanitarios y de todos los hombres de buena voluntad. ¡Que el sufrimiento humano esté siempre rodeado de amor!”.


Fuente: VIS - Vatican Information Service

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