"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

25 de enero de 2012

¡Menos existencialismo y a predicar el Evangelio de Jesucristo!

Hoy se ha hecho público el Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Jornada Mundial Misionera 2012, que este año se celebrará el 21 de octubre bajo el lema: “Llamados a hacer que la Palabra de verdad resplandezca”. Publicamos a continuación amplios extractos de este mensaje: “La celebración de la Jornada Mundial Misionera tiene este año un significado especial. En el aniversario del Decreto conciliar ‘Ad gentes’, la apertura del Año de la Fe y el Sínodo de los Obispos sobre el tema de la nueva evangelización coinciden en reafirmar la voluntad de la Iglesia de comprometerse con mayor valor y ardor en la ‘missio ad gentes’ para que el Evangelio llegue hasta los últimos confines de la tierra”.


“El Concilio Vaticano II, con la participación de obispos católicos de todo el mundo, fue un signo luminoso de la universalidad de la Iglesia (…). Obispos misioneros y obispos autóctonos, Pastores de comunidades esparcidas entre poblaciones no cristianas (…) contribuyeron de manera relevante a reafirmar la necesidad y la urgencia de la evangelización ‘ad gentes’ y, por tanto, a poner en el centro de la eclesiología la naturaleza misionera de la Iglesia”.

Eclesiología misionera
“Esta visión (…) se propone hoy con renovada urgencia porque ha aumentado el número de quienes aún no conocen a Cristo. (…) Tenemos necesidad, por tanto, de retomar el mismo impulso apostólico de las primeras comunidades cristianas, que, pequeñas e indefensas, fueron capaces, con el anuncio y el testimonio, de difundir el Evangelio en todo el mundo entonces conocido”.
“No sorprende que el Concilio Vaticano II y el sucesivo Magisterio de la Iglesia insistan de modo especial en el mandato misionero que Cristo ha confiado a sus discípulos, y que debe implicar a todo el pueblo de Dios, obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, laicos. El cuidado de anunciar el Evangelio en todos los lugares de la tierra corresponde primariamente a los obispos, directos responsables de la evangelización en el mundo”.
 

La prioridad de la evangelización
“El mandato de predicar el Evangelio (…) debe envolver toda la actividad de la Iglesia particular, todos sus sectores, todo su ser y su obrar. El Concilio Vaticano II lo ha indicado con claridad y el Magisterio sucesivo lo ha reafirmado con fuerza. Ello requiere adecuar constantemente estilos de vida, planes pastorales y organización diocesana a esta dimensión fundamental del ser Iglesia, especialmente en nuestro mundo en continuo cambio. (…) Todos los componentes del gran mosaico de la Iglesia han de sentirse fuertemente requeridos por el mandato del Señor de predicar el Evangelio, a fin de que Cristo sea anunciado en todas partes. Nosotros los Pastores, los religiosos, las religiosas y todos los fieles en Cristo debemos seguir las huellas del apóstol Pablo, quien (…) trabajó, sufrió y luchó por hacer llegar el Evangelio a los paganos, sin escatimar energías, tiempo y medios para dar a conocer el mensaje de Cristo”. (…)
“La cooperación misionera ha de tomar hoy formas nuevas, incluyendo no sólo la ayuda económica, sino también la participación directa en la evangelización. (…) Las celebraciones del Año de la Fe y del Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización serán ocasiones propicias para relanzar la cooperación misionera, sobre todo en esta segunda dimensión”.
 

Fe y anuncio
“Los inmensos horizontes de la misión eclesial y la complejidad de la presente situación requieren hoy modalidades nuevas para poder comunicar eficazmente la palabra de Dios. Ello exige, ante todo, una renovada adhesión de fe personal y comunitaria al Evangelio de Jesucristo, en el momento de profundos cambios que está viviendo la humanidad”. (…)

“Uno de los obstáculos para la evangelización es la crisis de fe, no solo del mundo occidental, sino también de gran parte de la humanidad que, sin embargo, tiene hambre y sed de Dios y debe ser invitada y conducida al pan de vida y al agua viva (…). Es preciso renovar el entusiasmo de comunicar la fe para promover una nueva evangelización de las comunidades y de los países de antigua tradición cristiana, que están perdiendo la referencia a Dios, de modo que redescubran la alegría de creer. La preocupación de evangelizar no debe permanecer nunca en los márgenes de la actividad eclesial y de la vida personal del cristiano, sino que debe caracterizarla fuertemente, con la conciencia de ser destinatarios y, al mismo tiempo, misioneros del Evangelio. El punto central del anuncio permanece siempre el mismo: el ‘Kerigma’ del amor de Dios absoluto y total por cada hombre y mujer, que culmina con el envío del Hijo eterno y unigénito, el Señor Jesús, el cual no desdeñó asumir la pobreza de nuestra naturaleza humana, amándola y rescatándola del pecado y de la muerte por medio del ofrecimiento de sí en la Cruz”.
(…) “La fe es un don que se nos ha dado para que lo compartamos. (…) Es el don más importante que nos ha sido entregado en nuestra vida, y no podemos guardarlo sólo para nosotros”.


El anuncio se hace caridad

“Numerosos sacerdotes, religiosos y religiosas, de todo el mundo, muchos laicos e incluso familias enteras abandonan sus propios países, sus propias comunidades locales, y se dirigen a otras Iglesias para dar testimonio y anunciar el Nombre de Cristo (…). Se trata de una expresión de profunda comunión, compartición y caridad entre las Iglesias”. (…)
“Junto a este alto signo de la fe que se transforma en caridad, recuerdo y agradezco el trabajo de las Obras Misioneras Pontificias, instrumento para la cooperación en la misión universal de la Iglesia en el mundo. A través de su acción, el anuncio del Evangelio se transforma también en intervenciones para ayudar al prójimo, justicia hacia los más pobres, posibilidad de instrucción en las aldeas más lejanas, asistencia médica en lugares remotos, emancipación de la miseria, rehabilitación de los marginados, ayuda al desarrollo de los pueblos, superación de las divisiones étnicas, respeto por la vida en todas sus fases”.

“Invoco sobre la obra de evangelización ‘ad gentes’, y especialmente sobre sus agentes, la efusión del Espíritu Santo, para que la gracia de Dios la haga avanzar decididamente en la historia del mundo”.
 
 
Fuente: VIS - Vatican Information Service

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