"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

23 de diciembre de 2011

Silencio cómplice de la comunidad internacional ante el avasallamiento de los derechos humanos de los cristianos

Columna de opinión de monseñor Jorge Lozano, obispo de Gualeguaychú y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, publicada el 18 de noviembre de 2011
 
En esta tercera reflexión quiero mencionar dos grandes desafíos que enfrentamos hoy —a propósito digo “desafíos” y no “problemas”—. No por colocarlos en tercer lugar son los de menos importancia. Más bien me parece que están en la raíz: el secularismo y el relativismo.
 


Cuando el Papa beato Juan Pablo II visitó la Argentina en 1987 le preguntaron cuál era el problema de la humanidad que más le preocupaba. Y él respondió:
 
Ver una humanidad que se aleja del Señor, que quiere crecer al margen de Dios o incluso negando su existencia. Una humanidad sin Padre y por consiguiente, sin amor, huérfana y desorientada, capaz de seguir matando a los hombres, que ya no considera como hermanos, y así preparar su propia autodestrucción y aniquilamiento”.
 
A este fenómeno lo llamamos “secularismo”.
 
El Papa beato unió la pérdida del lugar de Dios en la sociedad con la falta del respeto a la vida de los hermanos. En 1990 los obispos de la Argentina llamaron a asumir como destacados dos desafíos: “el secularismo y la urgente necesidad de una justicia demasiado largamente esperada” (LPNE). Y en el 2003, en otro documento llamado “Navega mar adentro” se expresa que “el desafío radical y englobante que queremos asumir en la Argentina es la profunda crisis de valores de la cultura y la civilización en que estamos inmersos” (Nma 23).
 
Benedicto XVI ha insistido también en esta preocupación y señala como “uno de los rasgos de nuestro tiempo el ‘alejamiento de la fe’, la ‘pérdida preocupante del sentido de lo sagrado’ que llevan a mirar sin fe (sin religiosidad) las experiencias fundamentales del hombre como nacer, morir, vivir en una familia, y la referencia a una ley moral natural”. Afirma que esto ha provocado un “desierto interior” en el ser humano.
 
El mismo Santo Padre, cuando convocó a los Jóvenes a participar de la Jornada Mundial de la Juventud, les escribió lo siguiente:
 
“Se constata una especie de ‘eclipse de Dios’, una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riego de perder aquello que más profundamente nos caracteriza”.
 
Es importante considerar estas palabras que describen con tanta claridad lo que es el secularismo. Ante un eclipse nadie dice “el sol no está”, pero sí se afirma “sé que está, pero no lo puedo ver”. Eclipse de Dios nos refiere entonces a la dificultad para experimentar su presencia, sin poner en duda su existencia. La palabra “amnesia”, en cambio, nos muestra la imposibilidad de recordar; es la situación del olvido de la presencia de Dios en la propia historia de vida. Y el paso siguiente que da el Papa es mencionar el “rechazo del cristianismo”.
 
Cómo nos duelen algunas manifestaciones de odio a la fe, al cristianismo, a la Iglesia. A veces apoyados en posturas intelectuales o ideológicas, otras con ocasión de haber tenido alguna experiencia negativa en alguna parroquia o con sacerdotes. Pareciera que se puede insultar o tomar en burla a la Iglesia sin ningún tipo de cuestionamiento social.
 
Otras veces, invocando una supuesta “neutralidad religiosa”, se promueve quitar imágenes religiosas de lugares públicos, casi rayando con el irrespeto a las raíces del pueblo y a la libertad religiosa.
 
Es preocupante que sigan apareciendo persecuciones religiosas en varios países, llegando incluso a condenar a muerte o asesinar a los cristianos. Lamentablemente no se escuchan voces de reproche en la comunidad internacional ante esos avasallamientos a los derechos humanos.

Estas situaciones se perciben en algunos estilos de vida, sobre todo en grandes centros urbanos, en los que la fe pareciera estar ausente en la vida cotidiana. Gracias a Dios se mantiene una rica presencia de piedad popular que fortalece la fe. Sin embargo, esta religiosidad está amenazada de debilitarse en un clima que le es adverso.
 
La semana que viene celebramos que Dios se hace hombre, nace en la ternura y la fragilidad de un niño. Su Amor por vos y por mí es absoluto y para siempre. Tenelo por seguro.
 
Mons. Jorge Lozano, obispo de Gualeguaychú
 
Fuente: AICA

1 comentario:

  1. Anónimo23.12.11

    Me quedo con las Palabras del Beato Juan Pablo II
    Hemos apartado a Cristo de todos lados, es mas a muchos les da verguenza decir que son Cristianos
    y asi nos va...! Ya nadie hace la Senial de la Cruz al pasar frente a una Iglesia.!!!

    ETELVINA

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