"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

25 de noviembre de 2011

Regresar a la centralidad de Dios

El Pontificio Consejo para los Laicos celebra estos días su XXV Asamblea Plenaria, dedicada al tema “La cuestión de Dios hoy”. El Santo Padre, recibiendo esta mañana a los participantes, recordó dos iniciativas claves de ese dicasterio en los últimos tiempos: el congreso para los fieles laicos de Asia y la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid (España). “El gran continente asiático -dijo refiriéndose a la primera- es la cuna de pueblos, culturas y religiones diversas de antiguo origen, pero el anuncio cristiano ha llegado hasta ahora solo a una pequeña minoría que, a menudo, vive la fe en un contexto difícil, y también a veces de verdadera persecución. El congreso ha brindado la ocasión (...) de reforzar el compromiso y el valor de la misión. Estos hermanos nuestros atestiguan admirablemente su adhesión a Cristo, dejando entrever que en Asia, gracias a su fe, se abren para la Iglesia del tercer milenio vastos horizontes de evangelización”.



  Después, anticipando que el Pontificio Consejo prepara un congreso similar para los laicos de África que tendrá lugar en Camerún el año próximo, observó que esos encuentros continentales “son inapreciables para impulsar la obra de evangelización, reforzar la unidad y consolidar cada vez más los lazos entre Iglesias particulares e Iglesia universal”.

Hablando de la JMJ afirmó: “Una cascada de luz, alegría y esperanza iluminó Madrid, pero también la vieja Europa y todo el mundo, replanteando la actualidad de la búsqueda de Dios. Nadie pudo permanecer indiferente, nadie pudo pensar que la cuestión de Dios fuera irrelevante para el ser humano de nuestra época”.

Regresar a la centralidad de Dios

“No tendríamos que cansarnos nunca de replantear esa pregunta, de recomenzar desde Dios para devolver al ser humano la totalidad de sus dimensiones, su dignidad plena”, dijo el Santo Padre, abordando el tema de la asamblea. “De hecho, la mentalidad difusa en nuestro tiempo que renuncia a cualquier referencia a la trascendencia, se ha demostrado incapaz de comprender y preservar lo humano. La difusión de esta mentalidad ha engendrado la crisis que vivimos hoy, que es crisis de significado de valores, antes que económica y social (...) En este marco, la cuestión de Dios es, de alguna manera, ‘la cuestión de las cuestiones’. Nos lleva a los interrogantes de fondo del ser humano, a los anhelos de verdad, de felicidad y libertad grabados en su corazón y que quieren cumplirse”.

“Si es verdad que no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, la cuestión de Dios se despierta a través del encuentro con quienes tienen el don de la fe, una relación vital con el Señor (...) Aquí vuestro papel de fieles laicos es muy importante (...) Estáis llamados a ofrecer un testimonio transparente de la relevancia de la cuestión de Dios en todos los ámbitos del pensamiento y la acción. En la familia, en el trabajo, como en la política y en la economía, el ser humano contemporáneo necesita ver y sentir cómo con Dios o sin Dios cambia todo”.

“Pero el reto de una mentalidad cerrada a la trascendencia obliga a los mismos cristianos a regresar a la centralidad de Dios. A veces se insiste para que la presencia de los cristianos en la sociedad, la política o la economía sea más incisiva sin preocuparse igualmente de la solidez de su fe, como si fuera un dato adquirido para siempre. En realidad los cristianos no viven en un planeta lejano, inmune de las ‘enfermedades del mundo’, sino que comparten la turbación, la desorientación y la dificultad de su época. Por eso también urge replantear la cuestión de Dios en el tejido eclesial. (...) La primera respuesta al gran desafío de nuestro tiempo estriba, entonces, en la conversión profunda de nuestro corazón, para que el Bautismo que nos hizo luz del mundo y sal de la tierra nos transforme realmente”, concluyó el Santo Padre.


Fuente: VIS - Vatican Information Service

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